A las 21:40 de ese 27 de noviembre de 1980, la banda terrorista ETA hacía explotar un coche-bomba en la calle Ollerías de Logroño, provocando tres víctimas mortales. MIGUEL ÁNGEL SAN MARTÍN FERNÁNDEZ, comerciante, falleció en el acto. El inspector de Policía Carlos Fernández Valcárcel fallecería unos días después, el 2 de diciembre, mientras que el tercer amigo, Joaquín Martínez Simón, lo haría el 3 de enero de 1981. Sólo sobrevivió el cuarto amigo, José Luis Hernández Hurtado, que resultó herido en una pierna y en la cabeza. Otras cuatro personas resultaron también heridas por los cristales rotos por la explosión.

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Miembros del grupo España de ETA habían recibido información de que un bar en Logroño era frecuentado por miembros de las Fuerzas de Seguridad. Para cometer el atentado, alquilaron un vehículo en Zaragoza en el que introdujeron tres ollas metálicas cargadas de Goma 2 y metralla, con un telemando para ser explosionadas a distancia. El coche-bomba fue estacionado cerca del bar y, cuando vieron que se acercaban los tres amigos, detonaron el artefacto. El coche-bomba saltó por los aires a 25 metros de altura y algunos de sus restos se hallaron a 50 metros de distancia.

En 1982 la Audiencia Nacional condenó a Isidro Echave Urrestrilla a 66 años de reclusión mayor por el atentado. En 1996 fue condenado por el mismo atentado a tres penas de 17 años de reclusión menor el hoy arrepentido Juan Manuel Soares Gamboa.

Miguel Ángel San Martín Fernández, conocido comerciante textil, tenía 51 años. Era propietario de Tejidos San Martín, en la calle Vara de Rey, próxima al lugar del atentado. Estaba casado y tenía dos hijos.

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1 Comentario

  1. A estos de la JETA, les gustaba matar con tiros en la nuca o con bombas lapa, porque son unos cobardes y jamás miraban a sus victimas a la cara, no son más que unos cobardes como lo es el Chepas que va a todos los sitios escoltado ya que no es más que un cagado.

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