Veinte años después, el martes 21 de noviembre de 2000, la banda terrorista ETA asesinaba de dos tiros en la cabeza en el aparcamiento de su domicilio en Barcelona al exministro socialista ERNEST LLUCH MARTÍN. Su cadáver fue descubierto por un vecino del inmueble casi dos horas después, hacia las 23:30 horas, caído entre dos coches. Hacía poco, el 29 de julio, que la banda terrorista había asesinado a Juan María Jáuregui, íntimo amigo de Lluch.

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El atentado se produjo en la primera planta del aparcamiento del edificio situado en la avenida de Chile de la capital catalana, inmueble muy cercano al Camp Nou, donde Lluch residía desde hacía años. El dirigente socialista no llevaba escolta y, según la delegada de Gobierno, Julia García-Valdecasas, “no tuvo tiempo ni de quitarse la americana”.

Tras asesinarlo, los terroristas abandonaron el aparcamiento en un Ford Escort blanco con las matrículas dobladas que, poco después, hicieron explotar en un descampado situado a unos quinientos metros del domicilio de Lluch, método utilizado habitualmente por los terroristas para no dejar huellas. El consejero de Interior catalán, Xavier Pomés, confirmó que el asesinato de Ernest Lluch respondía al mismo modus operandi que el del concejal del Partido Popular en San Adrián del Besós, José Luis Ruiz Casado, asesinado dos meses antes, el 21 de septiembre. Pomés señaló que el método había sido “prácticamente el mismo” y detalló el modo en que los asesinos “buscan un objetivo, lo identifican, comprueban que sea adecuado” para cometer el crimen y “se escapan en un coche que es explosionado a poca distancia del lugar de los hechos”. Además, confirmó que ETA disponía de infraestructura en Cataluña y de miembros legales “con capacidad para recibir material y moverse”.

El juez de guardia autorizó el levantamiento del cadáver de Lluch pasada la una de la madrugada, cuando frente a su domicilio ya se habían concentrado amigos y compañeros. Muchos de ellos, como el alcalde de Barcelona, Joan Clos, el consejero de Interior, Xavier Pomés, y la delegada del Gobierno, Julia García-Valdecasas, habían conocido la noticia sobre las once de la noche, cuando intercambiaban opiniones con la Policía sobre el coche-bomba que había explotado en la carretera de Collblanc. Fue García-Valdecasas quien, tras recibir una llamada a su teléfono móvil, informó al alcalde Clos y al consejero Pomés. Al domicilio del político asesinado también se acercaron el presidente de la Generalidad, Jordi Pujol, y otros dirigentes políticos, como el presidente del PSC, Pasqual Maragall, y el del Partido Popular catalán, Alberto Fernández Díaz, además de vecinos de la víctima que mostraron su indignación por el nuevo atentado de la banda en Barcelona.

Son muchas las hipótesis y teorías que han intentado explicar por qué la banda asesinó a Lluch. En opinión de Florencio Domínguez, el asesinato del exministro socialista se enmarcaría “en el contexto de una brutal ofensiva terrorista con la que ETA pretendía forzar un cambio de política del PNV para restablecer el pacto entre nacionalistas (el Pacto de Estella)”. El objetivo explícito era “evitar que los partidos políticos vascos u otros agentes hagan acuerdos particulares con los Estados español y francés, puesto que eso sería reeditar el error de 1977”, según una circular interna de la banda terrorista recogida por el autor. Para ello era prioritario “impedir cualquier puente de entendimiento que pudiera levantarse entre el PNV y los partidos constitucionalistas, especialmente con el PSE”, algo que Lluch defendía a capa y espada (Florencio Domínguez, ETA en Cataluña. De Terra Lliure a Carod-Rovira, Temas de Hoy, 2005).

No obstante, e independientemente de que ese fuese el propósito de la banda, Ernest Lluch hacía tiempo que era objetivo de los terroristas. En un libro-entrevista publicado en 2001, pero realizado en 1996, el periodista Marçal Sintes le hacía esta pregunta: “A usted, ¿ETA le ha amenazado?”, a lo que Lluch contestó:

Me han estado siguiendo, me han hecho todo este tipo de cosas. No quiero entrar en detalles porque es una cuestión que los que por ahora hemos salido bien librados del asunto no debemos aprovechar para hacernos los mártires. Y ahora, desde luego, tengo miedo a veces (Marçal Sintes, Qué piensa Ernest Lluch, editorial Dèria, 2001).

Siguiendo con las reales o supuestas motivaciones por las que ETA asesinó a Lluch, los autores materiales del asesinato hicieron varias proclamas durante el juicio en la Audiencia Nacional en 2001. Entre otras cosas los asesinos del exministro dijeron: “Hoy hemos sido juzgados por la muerte de Lluch, el ministro de los GAL…, nosotros no olvidamos ni olvidaremos que Ernest Lluch fue un miembro del Estado de los GAL. Gora ETA y visca la terra”. Y añadieron: “Ernest Lluch era miembro del Gobierno español que financió a los GAL e instigó y apoyó la tortura y la dispersión. Si fue objetivo de ETA fue por eso”.

Por otra parte, era sabido que Lluch fue un acérrimo defensor del diálogo con la banda como forma de acabar con la violencia de ETA, y formaba parte del movimiento social por el diálogo y el acuerdo “Elkarri”. Pero Lluch había ido demasiado lejos y se había adentrado “en un territorio lleno de minas, como es la aproximación al entorno de la banda terrorista, con afán de encontrar una solución dialogada”, en opinión de su amigo José María Calleja (Arriba Euskadi! La vida diaria en el País Vasco, Espasa, 2001, citado en ABC, 12/01/2011). Por este motivo, su asesinato provocó una gran conmoción y una repulsa unánime en toda la sociedad española.

El 23 de noviembre cientos de miles de ciudadanos se manifestaron en Barcelona bajo el lema “Cataluña per la pau. ETA no”. En la cabecera estaban José María Aznar, presidente del Gobierno, y Jordi Pujol, presidente de la Generalidad, José Luis Rodríguez Zapatero, líder de la oposición y secretario general del PSOE, y el lehendakari Juan José Ibarretxe, entre otros políticos. La lectura del manifiesto corrió a cargo de Gemma Nierga, en cuya tertulia en la Cadena SER participaba Lluch. Saliéndose del texto unitario acordado, la periodista terminó su alocución dirigiéndose a los políticos para decirles:

Estoy convencida de que Ernest, hasta con la persona que lo mató, habría intentado dialogar; ustedes que pueden, dialoguen, por favor.

Esta frase de la periodista provocó muchas reacciones, entre ellas la de Edurne Uriarte que en su libro Cobardes y rebeldes. Por qué pervive el terrorismo (Temas de Hoy, 2003), se refirió a este incidente:

Los terroristas acababan de asesinar a Lluch y muchísimos ciudadanos catalanes y todas las fuerzas políticas se lanzaron a la calle para rebelarse contra ETA. Pero tras la lectura del comunicado suscrito por todos, Nierga tuvo un arrebato personal, un impulso irrefrenable de aportar su propia solución al terrorismo, el diálogo. “¡Diálogo! ¡Diálogo!”, gritó, y por si acaso no estaba todavía suficientemente claro que los que nos negábamos a negociar con ETA éramos unos intransigentes, añadió que Lluch hubiera negociado con sus propios asesinos. Es uno de los momentos más indignantes y humillantes para la movilización democrática por la libertad que recuerdo. Cuando muchísimos ciudadanos habían dejado hace tiempo de callar por miedo, y cuando estaban dispuestos a arriesgarse y a movilizarse contra los terroristas, una persona significativa, miembro de la élite periodística de nuestro país, les decía, nos decía, que no, que estábamos equivocados, que no debíamos enfrentarnos a los terroristas, que eso era una actitud intransigente, que debíamos aceptar el chantaje y que teníamos que resignarnos y rendirnos a sus exigencias” (citado por Alonso, R., Domínguez, F. y García Rey, M, en Vidas rotas, Espasa, 2010, pág. 1094).

En julio de 2002 la Audiencia Nacional condenó a José Ignacio Krutxaga Elezcano, Lierni Armendaritz y Fernando García Jodrá como autores del asesinato de Ernest Lluch a sendas penas de 33 años. Fueron los mismos que asesinaron a José Luis Ruiz Casado exactamente dos meses antes. Formaban parte del grupo Barcelona de ETA, desarticulado menos de dos meses después de asesinar a Lluch, en enero de 2001.

Ernest Lluch Martín tenía 63 años cuando fue asesinado. Natural de Vilasar de Mar (Barcelona), estaba separado de su primera esposa, con la que tuvo tres hijas. En la fecha de su asesinato convivía con una nueva pareja sentimental.

Demócrata, inteligente y culto tuvo una trayectoria profesional a caballo entre la política y la Universidad, que compaginó con su participación en diferentes medios de comunicación y su pasión por el fútbol y la música. Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Barcelona, amplió sus estudios en La Sorbona (París). Fue expedientado, detenido en varias ocasiones y expulsado de la Universidad por su actividad política antifranquista cuando era profesor ayudante en la Universidad de Barcelona. Fue catedrático de Economía en la Universidad de Valencia en 1974 y de Historia de Doctrinas Económicas de la Universidad Central de Barcelona. Su último cargo oficial fue el de Rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Santander), puesto que desempeñó desde 1989 a 1995.

En cuanto a su trayectoria política, en las elecciones generales de junio de 1977 fue elegido diputado por Gerona como candidato de la coalición Socialistas de Cataluña, y en abril de 1980 fue elegido portavoz de los socialistas catalanes en el Congreso. Felipe González contó con Ernest Lluch para ocupar la cartera ministerial de Sanidad y Consumo en su primer Ejecutivo (1982-1986). En mayo de 1986 se retiró del primer plano político para reincorporarse a la cátedra de Historia de Doctrinas Económicas de la Universidad Central de Barcelona.

Ensayista y articulista, en la época de su asesinato compaginaba su labor académica con sus colaboraciones en diversos diarios, como La Vanguardia, El Diario Vasco y El Correo, y en la emisora de radio Cadena SER. Dos meses antes de ser asesinado publicó un artículo en El Correo en el que exponía su tesis de que la primera víctima de la banda terrorista había sido la niña Begoña Urroz: “Indigno inicio en el pecado original de ETA” (Ernest Lluch, El Correo, 19/09/2000). Además escribió varios libros sobre historia económica, particularmente referidos a Cataluña.

Apasionado del Barça –concurrió en las elecciones a la presidencia del club del año 2000 como miembro de la candidatura de Lluis Bassat– tenía también simpatía hacia la Real Sociedad, club del que era socio, ya que Ernest Lluch estuvo muy vinculado a la ciudad de San Sebastián. El Ayuntamiento de Vilasar de Mar ha dedicado a su memoria la biblioteca municipal, inaugurada el 27 de noviembre de 2009, en la que se guarda la colección bibliográfica particular del autor. Dentro del edificio se encuentra la sede de la Fundación Ernest Lluch, que tiene por objetivo mantener viva la memoria de Ernest Lluch, su pensamiento y su obra, así como fomentar el diálogo entre los ciudadanos de Cataluña, España y Europa.

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1 Comentario

  1. Recuerdo a sus hijas, con el cadáver de su padre en la morgue, declarando aquello de “la lucha legítima del pueblo vasco”.
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