A las dos menos cuarto de la tarde del día 16 de noviembre de 1984 la banda terrorista ETA asesinaba en Irún al empresario vasco-francés JOSEPH COUCHOT, que había sido señalado dos meses antes en varias revistas españolas de información general como relacionado con la ultraderecha francesa y los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), además de como colaborador de los servicios policales españoles. El empresario se encontraba en un restaurante del barrio de Behovia, en el límite de la frontera con Francia, cuando dos hombres y una mujer encapuchados y armados irrumpieron en el comedor y dispararon a corta distancia contra el ciudadano francés. Couchot cayó desplomado al suelo y allí fue rematado con un disparo en la cabeza.

A continuación los terroristas emprendieron la huida en un vehículo robado en Rentería, con su propietario encerrado en el maletero. El coche fue abandonado con su dueño dentro en la plaza de San Juan de Irún. En el momento del atentado, en el restaurante comían media docena de clientes, además de Couchot.

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El nombre de Couchot apareció en los medios de comunicación asociado a los GAL por primera vez el 3 de septiembre, concretamente en el semanario Tiempo. En el mismo se indicaba que Couchot había refugiado en su casa al industrial Víctor Manuel Navascués, a quien la Policía buscaba en aquellas fechas por su presunta participación en el asesinato del trabajador de Hendaya Jean Pierre Leiva el 1 de marzo de 1984. Se recogían también declaraciones de Daniel Fernández Aceña, presunto miembro del GAL en prisión cuando Couchot fue asesinado, en las que atribuía a Navascués la dirección del comando que asesinó a Leiva. Además, se insinuaba que Couchot estaba relacionado con Jean Philippe Labade, detenido también como presunto miembro de los GAL, y que había escondido en su domicilio de Anglet a los que habían atentado contra los etarras Tomás Pérez Revilla y Ramón Orbe Etxeberría el 15 de junio de 1984. El primero de ellos -un histórico de ETA que se llevó a la tumba parte del secreto de lo que pasó con tres jóvenes gallegos que cruzaron al sur de Francia, fueron secuestrados y torturados hasta la muerte, y nunca más se supo de ellos-, fallecería semanas después a consecuencia de las heridas sufridas. Meses después de la publicación de este reportaje, Víctor Manuel Navascués se personó en un juzgado y fue puesto en libertad bajo fianza.

El semanario vasco-francés Enbata y la revista Punto y Hora de Euskalherria se hicieron eco de estas y otras situaciones relacionadas, presuntamente, con Joseph Couchot. El mismo día de su asesinato, esta última revista publicaba una carta de la víctima en la que responsabilizaba al director de la misma de lo que pudiera ocurrirle. Couchot responsabilizaba al director de la publicación de “cuanto pueda ocurrir a mis cercanos, mis negocios y a mi persona como consecuencia del artículo antes citado”. Por otra parte, una voz anónima en nombre de los GAL negó, en llamada telefónica a los medios de comunicación vascos, la pertenencia de Couchot a dicha organización.

No era la primera vez que la aparición de informaciones en la prensa era el preludio de un asesinato de ETA. Jesús García García y Alfredo Ramos fueron asesinados en enero de 1980 por la banda después de que en la revista Interviú Xavier Vinader Sánchez publicase una entrevista a Francisco Ros, un policía destinado en el País Vasco, en la que daba los nombres de personas vinculadas presuntamente a la ultraderecha. Meses después del asesinato de Couchot, el 16 de agosto de 1985, la banda terrorista ETA asesinaba en Castellón a Clément Perret, cuyo nombre también había aparecido en medios de comunicación españoles relacionándolo con los GAL.

En 1986 la Audiencia Nacional condenó a José Ángel Aguirre y Ramón Zapirain Tellechea, integrantes del grupo Oker de ETA, a 29 años de reclusión mayor por el asesinato de Joseph Couchot. Años después, en 2002, fue condenada a la misma pena y por el mismo asesinato Idoia López Riaño, alias La Tigresa. El de Couchot fue el primer asesinato cometido por la sanguinaria terrorista, que suma 2.111 años de cárcel por su participación en 23 asesinatos, entre ellos la masacre de guardias civiles en la Plaza de la República Dominicana de Madrid, el 14 de julio de 1986. Detenida en Marsella en 1994, La Tigresa fue extraditada a España en 2001 tras cumplir una pena de cinco años en Francia, acusada de asociación de malhechores. Pese a que en los procesos que se han seguido contra ella en España, la asesina no ha dado nunca muestras de arrepentimiento, ni ha tenido intención alguna de colaborar con la justicia, además de haber provocado diversos incidentes en la Audiencia Nacional, en junio de 2011 se ha visto beneficiada por las medidas de acercamiento a la prisión alavesa de Nanclares de Oca, después de que la etarra firmara la carta de arrepentimiento que el Ministerio de Interior, con Alfredo Pérez Rubalcaba a la cabeza, exige a los miembros de ETA que quieran ser acercados al País Vasco.

En el asesinato de Joseph Couchot participó también el etarra Arturo Cubillas Fontán, que vive desde hace años protegido por la Venezuela de Hugo Chávez, trabajando en el Instituto Nacional de Tierras (INTI), organismo encargado de las polémicas expropiaciones de tierras emprendidas por el régimen bolivariano. La causa ha sido finalmente considerada prescrita, por lo que el etarra no podrá ser juzgado por este asesinato.

Joseph Couchot, de 49 años, había nacido en la localidad francesa de Anglet. Estaba casado y tenía empresas tanto en Francia como en España, por lo que además de su residencia en Biarritz, tenía otra vivienda en Fuenterrabía. En los meses anteriores a su asesinato había fijado su residencia en Fuenterrabía, ya que tenía algunos problemas con el Tribunal de Pau por asuntos de contrabando (ABC, 17/08/1985).

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