A las 14:30 horas del viernes 16 de noviembre de 1979, dos miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas asesinaban a tiros en la localidad guipuzcoana de Mondragón a JUAN LUIS AGUIRREURRETA ARZAMENDI, administrativo en la empresa Pinturas Velasco. Los dos terroristas le esperaban ocultos detrás de una furgoneta y, cuando pasó Juan Luis, se colocaron detrás de él y abrieron fuego con sus pistolas. La víctima fue alcanzada por once disparos en distintas partes del cuerpo, cayendo al suelo herida de muerte. Juan Luis fue trasladado urgentemente en una furgoneta particular al centro asistencial de Mondragón, donde ingresó cadáver.

Tras cometer el atentado, los dos pistoleros de la banda se montaron en un Morris MG, en el que esperaba un tercer terrorista, y emprendieron la huida en dirección a Ondárroa. El vehículo había sido robado previamente y a su propietario lo habían dejado atado a un árbol.

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El Ayuntamiento de Mondragón suspendió el pleno ordinario previsto para el día en que se produjo el atentado y, en sesión urgente, condenó el crimen y mostró su indignación por el nuevo atentado de la banda. La moción contó con trece votos a favor y cuatro abstenciones. Además, los concejales guardaron un minuto de silencio en repulsa por el asesinato.

Los CAA reivindicaron el atentado mediante una llamada al diario Deia y, posteriormente, emitieron un comunicado en el que acusaban a la víctima de ser confidente de las Fuerzas de Seguridad, dirigir a los grupos de extrema derecha y haber pertenecido a la Policía político-social. Su familia salió al paso indicando que era apolítico y desmintió los rumores que relacionaban a Juan Luis con los Guerrilleros de Cristo Rey.

La capilla ardiente se instaló a última hora de la noche en el propio domicilio de la víctima, y el funeral se celebró al día siguiente, sábado 17 de noviembre, a las seis de la tarde, en la Iglesia del Convento de los Padres Franciscanos.

En 1982 la Audiencia Nacional condenó a Vicente Senar Huete a 22 años de reclusión mayor en concepto de cooperador necesario. En 1991 fue condenado a 28 años de reclusión mayor como autor material Juan Carlos Arruti Azpitarte, alias Paterra. Tras cometer varios atentados con los CAA, la marca B de ETA, Paterra siguió su “carrera” como terrorista dentro de su hermana mayor, ETA militar. Fue detenido en septiembre de 1989 cuando se disponía a huir a Francia con otros dos miembros del grupo Araba de ETA –Manuel Urionabarrenechea Betanzos, alias Manu, y Juan Oyarbide, alias Txiribita– que resultaron muertos al enfrentarse a tiros con los agentes. Paterra ha sido condenado a penas que suman 1.200 años de prisión por, entre otros, catorce asesinatos cometidos como miembro de los CAA, primero, y de ETA, después. La aplicación de la doctrina Parot impidió que el asesino saliese de la cárcel en febrero de 2010, en vez de en 2019, cuando se completarán treinta años de cumplimiento efectivo de la misma.

Juan Luis Aguirreurreta Arzamendi tenía 32 años y era natural de Mondragón. Estaba casado y tenía dos hijos de 5 y 3 años. Hasta 1971 había trabajado en una empresa de construcción y de ahí pasó a trabajar en el departamento de contabilidad de Pinturas Velasco. Su hijo, Mario Aguirreurreta Herrera, escribió una carta pública en febrero de 2009 en la que se quejaba de la utilización de las víctimas y de la división que se hace entre ellas:

“Cansado ya de sentirme como un títere en manos de todo aquel que quiere utilizar lo vivido por las víctimas del terrorismo para conseguir alcanzar una meta en su carrera como político, me decido a escribir estas líneas (…) Tengo 32 años y hace veintinueve que asesinaron a mi padre. En todo este tiempo he tenido que aguantar cómo han utilizado su muerte, unos para ganar votos en las urnas y justificar ciertas actitudes políticas, y otros para tener contra las cuerdas al Gobierno central, como ellos lo denominan. Por ello quiero que, a partir de ahora, cada vez que se acuerden de las víctimas para atacarse dejen al margen a uno de esos asesinados, a mi padre. Estoy cansado de las noticias sobre las ayudas que supuestamente nos llegan, tanto económicas como laborales o de apoyo emocional. Y quiero que se sepa que a mí nunca me han llegado. (…) Hasta la fecha, cada vez que en mi vida personal he prosperado he tenido que oír comentarios en mi entorno dando a entender que lo he hecho con la ayuda del Gobierno Vasco o del de España, o incluso de Europa. Y lo que nadie sabe es que para conseguir todo lo que he conseguido he tenido que luchar más que nadie porque a mí siempre me ha faltado la ayuda de un padre. En mi vida, a las zancadillas que todo el mundo se encuentra, ha de sumársele, además, el estigma de ser víctima del terrorismo de hace veintinueve años. En aquellos tiempos las víctimas éramos leprosos: todo el mundo huía de nosotros, nos daba la espalda. Y por si ese sufrimiento y ese aislamiento hubiera sido poco, ahora tengo que aguantar que mis queridos gobiernos, tanto el de Euskadi como el de España, consideren que hay dos tipos de víctimas: las de primera categoría y las de segunda. Bueno, de tres clases, me olvidaba de las supervíctimas mediáticas -todos sabemos quiénes son-: las de categoría especial. Por desgracia yo pertenezco a las de segunda categoría, ésas a las que llaman las víctimas olvidadas, las que son una carga para los dos gobiernos. Las que después de haber vivido el cobarde asesinato de un ser querido y de aguantar que se nos tratara como leprosos, debemos soportar ahora que nuestros gobiernos se rían de nosotros porque el crimen se cometió antes de 1984 (…) Me conformo con que quien me lea sepa que cuando a los políticos se les llena la boca hablando de las víctimas lo hacen de aquéllas que tuvieron la “suerte” de serlo a partir de 1984 o de las que todo el mundo sabe por ser mediáticamente un filón. Pero nunca de las anteriores a ese año (…) Sólo quiero decirles a los políticos de este país que no creo en uno solo de ellos, me da igual las siglas de su partido (…) Espero que, después de leer esto, los ciudadanos seáis conscientes de que cuando vuestros políticos hablan de las víctimas o de la forma de conseguir la paz lo hacen con el fin de ganarse vuestros votos (…) Estas líneas las escribo a título personal, manteniendo totalmente al margen a cualquier persona cercana, a pesar de que ellas posiblemente también firmarían esta carta (ABC, 11/02/2009).

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