A la una menos cuarto del mediodía del 12 de noviembre de 1979 la banda terrorista ETA asesinaba al guarda forestal FERNANDO RODRÍGUEZ ESPÍNOLA, que fue tiroteado cuando se encontraba en el interior de un bar de la localidad guipuzcoana de Oyarzun (Guipúzcoa). Además de guarda forestal de Icona, Fernando colaboraba como corresponsal en El Diario Vasco y, posteriormente, en La Voz de España.

Dos individuos se situaron en el umbral de la puerta del local, que en esos momentos estaba muy concurrido, y sin mediar palabra le apuntaron a la cabeza y dispararon contra él a muy poca distancia. Fernando fue alcanzado por un disparo en la cabeza y varios más en otras partes del cuerpo, falleciendo prácticamente en el acto. La Guardia Civil recogió posteriormente siete casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca FN.

A continuación, los dos pistoleros de la banda se montaron en un vehículo aparcado frente al bar, en el que esperaban otros dos terroristas, y emprendieron la huida. El vehículo utilizado, un Seat 124 de color blanco, fue encontrado a las dos de la tarde junto a la estación de ferrocarril de Rentería. Su dueño, un viajante de comercio, había sido asaltado hacia las once y media de la mañana en la explanada colindante con el hipermercado Mamut, próximo a Oyarzun. Tras robarle el vehículo, lo llevaron a un bosque cercano, donde fue atado con cadenas a un árbol.

Según vecinos del pueblo, Fernando era conocido por ser ideológicamente de derechas. La banda terrorista ETA militar justificó su asesinato acusándole de ser confidente de la Guardia Civil. Lo mismo hicieron con su amigo, el taxista Ignacio Arocena Arbeláiz, que sería asesinado poco después, el 15 de febrero de 1980. Al parecer, Fernando había recibido amenazas por ser de derechas, aunque no hizo caso a las mismas y siguió haciendo su vida con normalidad.

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La misma noche del asesinato de Fernando, la otra rama de la banda, ETA político-militar, reivindicó el secuestro del diputado de Unión de Centro Democrático (UCD) Javier Rupérez.

Fernando Rodríguez Espínola tenía 53 años y estaba soltero. Era natural de Constantina (Sevilla), donde fueron enterrados sus restos mortales. Llevaba veinticuatro años trabajando como guarda forestal, los últimos quince en la zona de Oyarzun. Un año antes, el 2 de octubre de 1978, ETA había asesinado en Lizarza (Guipúzcoa) al también guarda forestal Ramiro Quintero Ávila. Cuando se cumplieron treinta años del asesinato de Fernando, el Ayuntamiento de Constantina puso su nombre a una calle de la localidad. El acto, que tuvo lugar el 30 de julio de 2009, contó con la presencia de una hermana y dos sobrinas de Fernando, que recibieron un pergamino conmemorativo de manos del alcalde socialista, Mario Martínez. El acuerdo fue votado por toda la corporación municipal que quiso hacer un reconocimiento “a los valores de libertad y democracia por los que fue asesinado” Fernando Rodríguez.

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