moción de censura
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Creo que la mayoría de los españoles no advierte con suficiente agudeza lo que nos jugamos con la moción de censura presentada por VOX, ni percibe la diferencia entre vivir bajo un programa como el que propugna este partido o acatando el odio, la incompetencia administrativa y la ínfima categoría moral que supone la agenda socialcomunista.

Lo primero que hay que subrayar es que esta moción de censura se halla vinculada a todos los delitos sociopolíticos sucedidos durante la frustrada transición y, más aún, a los que sospechamos o intuimos. Como España está en peligro, pues el zorro socialcomunista tiene a los españoles agarrados por las orejas, y como no hay esperanza de socorro exterior, ni debemos contar con ella, estamos obligados a defendernos con nuestras propias fuerzas.

Es de suponer que esa sea una de las razones por las que VOX ha decidido su moción de censura, mediante la cual podrá mostrar su disconformidad a un Gobierno que, escudándose tras su capciosa propaganda, ha convertido a España en una ciénaga, en la que la extorsión oficial está generalizada y todo el que puede roba. Y en la que la única preocupación que mueve al desbarajuste administrativo es el enriquecimiento rápido, las prácticas cotidianas de corrupción, los mecanismos de depredación fiscal o las luchas partidistas por el Poder.

Entre tanto, la Monarquía y los Tribunales –esenciales en una democracia-, colaborando o viéndolas pasar (salvo algún «héroe», a título individual); y de ahí para abajo, las restantes instituciones u organismos públicos dando permanentes muestras de indecencia. Si a ello añadimos una sociedad indiferente u olvidadiza, inmersa en los más negativos aspectos del carpe diem, que de la noticia más espeluznante hace, ipso facto, material perecedero, habrá que convenir que una cosa es la necesidad y otra la esperanza, y que no cabe otra postura que mostrarse escépticos mientras los dados ruedan sobre la mesa.

Es muy duro constatar que, pese al cúmulo de desafueros acontecidos, protagonizados por la casta política, la mayoría de opiniones haya coincidido en negar toda esperanza a VOX para cambiar las cosas y, más terrible aún, que el PSOE, pese a su criminal historia, siga figurando como el partido más votado según los sondeos, algo que sólo se explica porque vivimos en un país antidemocrático, clientelar, subsidiado, corrupto y esclavo; es decir, en un país plebeyo, sociológicamente socialcomunista.

Que los responsables de la ruina y de la infamia, con todas las abominaciones que cargan a sus espaldas, tengan la osadía de burlarse de la iniciativa parlamentaria de VOX, demuestra en qué abismo moral nos hallamos. Las habituales rechiflas de Pedro Sánchez, de sus ministros, de sus aliados y de sus cómplices, entrañarían un suicida desafío al pueblo español si este se sintiera soberano. Sin embargo, para gusto de nuestros fraudulentos políticos, los españoles hoy conforman una mayoría de estómagos subsidiados y espíritus emasculados.

Sabemos que las proposiciones, peticiones o sugerencias de VOX en el parlamento van a caer en saco roto. Su propuesta de un nuevo modelo de sociedad y de Estado, lo mismo que su identificación de los delincuentes, serán ahogadas por la concatenación de intereses hispanófobos, parasitarios y trasnacionales. También sabemos que VOX no va a contar con un periodismo que, mediante libelos o artículos difamatorios, ejemplifica con nitidez la bajeza a que puede reducirse el empleo de la profesión periodística.

VOX sabe que España no puede confiar en esos periodistas o literatos que usan la palabra y la pluma fingiéndose fustigadores de los vicios, cuando sus únicos enemigos son quienes no se apresuran a comprar sus loas o su silencio. Ni puede confiar en el PP, porque es uno de los médicos del PSOE, y siempre que el enfermo, que no deja de maldecirlo, lo necesita y llama, acude como un bardaje. Y ello aun siendo notorio que tanto el médico como el enfermo están infectados de úlceras.

Como tampoco puede España esperar nada de los santurrones meapilas. En otros tiempos, a las conciencias angustiadas, a los perseguidos por la justicia, a los aherrojados por los poderes fácticos, ofrecía la Iglesia un refugio, cuya llave no tenían los poderosos. Ahora, hasta la propia Iglesia han llegado la corrupción y el crimen, y son los delincuentes quienes la gobiernan.

Eso quiere decir que el crimen de Estado, el saqueo de las arcas públicas, el chantaje y la extorsión de la partidocracia, al unísono, van a tratar de caricaturizar a VOX durante su cuestionamiento al Gobierno, guaseándose de paso del futuro de España. Veremos, pues, a VOX tratando de abrir horizontes ilusionantes y limpios, y veremos a la ilegitimidad y al abuso ocluyendo los caminos de la regeneración social.

Pero como es obvio y la situación lo exige, España necesita un plan. Aparte de la responsabilidad política, es la necesidad y la justicia lo que obliga a extender la jurisdicción de la probidad en nuestra patria. Los grandes caudillos han muerto ya. Son nuestras generaciones las que están siendo puestas a prueba. Hombres y mujeres como nosotros seremos los juzgados por la Historia. Y VOX, consciente de ello, ha salido a escena, oportuna y responsablemente, para demostrar que existe otra forma de entender nuestra convivencia. Confiemos en que esa haya sido su intención.

De ahí que esta moción de censura, además de esperanzadora, signifique la ocasión de definir prioridades y objetivos y, de paso, la oportunidad para conocer qué escala de valores prefiere la sociedad. Más claro aún: si la jocosidad de los miserables triunfa al finalizar la propuesta de VOX, si no se les congela la jactancia en la cara y acaba convirtiéndose su sonrisa en mueca, y si a pesar de todo ninguna vibración, ninguna inquietud se produce en el seno de la ciudadanía, entonces habrá que concluir que el problema de España no sólo radica en las miserias socialcomunistas, sino sobre todo en la propia sociedad.

Para salir de dudas, VOX no sólo debe enfocar su moción de censura en términos de restauración parlamentaria, sino como una amplia perspectiva en el manejo aristocrático del Estado y de sus símbolos y tradiciones. Es decir, denunciando que los valores e ideales jurídicos y educativos, humanistas y cristianos, en los que España se sustenta, son y vienen siendo traicionados por quienes debieran ser sus propios guardianes, con lo cual ha de darse por clausurada una época, la de la Transición, por haber resultado un gigantesco fracaso histórico, como está a la vista.

Nadie consciente de la situación puede esperar un cambio completo e inmediato después de la moción de censura, pero si no abordar modificaciones estructurales profundas, sí frenar en seco la actual tendencia y revertirla mediante una vuelta a la razón y una mudanza de formas y decisiones, una manera opuesta de actuar pensando en los intereses nacionales y en que estos beneficien a los ciudadanos. Nada que ver, por tanto, con conveniencias de partido o provechos particulares, como ha venido ocurriendo hasta ahora.

¿Está VOX preparado para responsabilizar al pueblo y a las instituciones por la parte que les corresponde de la ruina? ¿Y, a su vez, para recuperarlos en el futuro proyecto regenerador, haciéndoles ver que es con ellos de la mano con quien tiene que iniciar esa aspiración nacional en defensa de un código de valores ecuménico, dando fin a una etapa de oprobio?

Eso es lo que está por ver. No obstante, aunque sólo sea para conocer la reacción social, para determinar qué gobernantes son los que España -la España actual- se merece, su moción de censura es oportuna y necesaria.

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1 Comentario

  1. La inmensa mayoría de la sociedad española está constituida por una gran masa borreguil, fácil de adoctrinar, analfabeta de alma, e incapaz de pensar por sí misma. Esta masa borreguil no puede evitar dejarse llevar por la primera cantinela que oye, y la única cantinela que oye la ponen a diario en los medios propagandísticos del régimen.
    Así, España es víctima de una analfabetez inducida, cultivada día a día, con el único propósito de servirse del dinero público para perpetuarse en el poder. Impulsar el borreguismo es la base de su plan de poder, por eso la necesidad de controlar los medios de comunicación.
    Por eso la necesidad de censurar cualquier opinión que no encaje con la establecida, no soportan la disidencia…
    En esta lucha injusta, donde el disparate pretende imponerse al sentido común, se debate el futuro de España y el futuro de nuestros hijos.
    La finalidad de esta moción de censura de VOX no es ganarla, sino darle voz al mensaje silenciado del sentido común, ese mensaje que los dictadores necesitan ocultar a toda costa y que esta vez no podrán…
    ¡ADELANTE VOX!

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