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Explica la mitología griega que Pandora llevaba consigo una caja en la que los dioses habían escondido todos los males. Presa de la curiosidad, aquella mujer abrió la caja. Su fatal contenido se diseminó por todo nuestro planeta.

Lo mismo le pasó a Manuel Marchena justo al final de la decimosexta sesión del juicio al ‘Procés’, cuando ya había terminado la declaración de Trapero. Al presidente de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo también le pudo la curiosidad.

Trapero estaba explicando el riesgo apuntado por el informe de la Comisaría General de Información de los Mossos sobre las protestas el 1-O. “Habría dos millones de personas con intención de hacer algo y 15.000 policías con orden de hacer lo contrario, y eso podría provocar problemas de orden público”. Luego añadió que comentó esto en una reunión celebrada un día después.

-“¿A quién?”, preguntó el fiscal. –“A Carles Puigdemont y Oriol Junqueras”, respondió Trapero.

El fiscal Javier Zaragoza quiso preguntar por ella, pero el tribunal se lo impidió, una “marchenada” que la Sala había tomado en ocasiones similares y que ahora dejaba cojo el interrogatorio. Xavier Melero, abogado del ex conseller Forn, fue rápido en la reacción: “El fiscal se va por la puerta y entra por la ventana”.

Así quedó la cosa hasta que cerca del final de la sesión estalló la bomba, el “Marchenazo”. El presidente de la Sala del ‘Procés’ no podía aguantar más la curiosidad: “¿Qué mensaje quiso usted transmitir a los responsables políticos?” preguntó Marchena. La curiosidad mató al gato, afirma un antiguo refrán.

El exjefe de los Mossos relató el encuentro como si llevara cuatro horas esperando esa pregunta: “Le digo que [el 1-O] va a haber dos millones de personas en la calle y más de 12.000 policías y necesariamente iba a haber conflictos graves de orden público y de seguridad ciudadana” expuso el major, añadiendo que los Mossos “emplazaron” al Govern a acatar las órdenes judiciales y le aseguraron que ellos las cumplirían. “Que no se equivocasen con nosotros”, asegura que les dijo. “Les dijimos que el cuerpo de Mossos no iba a quebrar la legalidad y la Constitución. Que no acompañábamos su proyecto independentista”. “Creo que no me dejo nada”, culminó.

El resultado cierto es que el “Marchenazo” abrió la caja de Pandora en el juicio al ‘Procés’.

Al preguntarle Marchena expresamente a Trapero sobre su conversación con Puigdemont y Junqueras, la Sala del ‘Procés’ estaba obligada a citar como testigo al que fuera president de la Generalitat.

Lo dice el artículo 6 del Convenio Europeo de Derechos Humanos: “3. Todo acusado tiene, como mínimo, los siguientes derechos: d) A interrogar o hacer interrogar a los testigos que declaren contra él y a obtener la citación y el interrogatorio de los testigos que declaren en su favor en las mismas condiciones que los testigos que lo hagan en su contra”.

Sin embargo, la Sala de Marchena no citó a Puigdemont y así poder apuntalar su condena con base en el testimonio del Major, con lo que obligaba luego a la Audiencia Nacional a absolver a Trapero por el delito de sedición al haberse convertido en uno de los principales testigos de la acusación.

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