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En estos tiempos de distopía, succionados por el egrégor del miedo y la desesperanza, nunca se sabe cómo amanecerá el nuevo día. El disfraz de la pandemia se ha convertido ya en el uniforme de una sociedad que sueña ya con bozales y cadenas. Todo gira en torno a los números de la manipulación: los muertos, los rastreadores, las pruebas PCR, los positivos, los contagiados, los ingresados, los intubados y los confinados, todos ellos víctimas de este sistema corrupto que nos vigila y controla desde ese ojo que tantas veces hemos visto dibujado. Es un ataque flagrante a la humanidad, el mayor de la historia. No sé qué tiene que ocurrir para que los médicos, las enfermeras, los fiscales, los jueces, los políticos y demás colectivos y gente de bien den un paso al frente y digan “basta ya”. Con contundencia. Parece que vivimos en un mundo de ciegos, sordos y mudos, completamente atontados, víctimas del virus de la inoperancia y el inmovilismo. Basta ya de tortura y basta ya de mentira, basta ya de presentarnos como problema sanitario lo que es solo un tema político de altos vuelos. Somos las víctimas del juego de otros, de una partida de tahúres en la que somos el envite. ¡Y sin saberlo!

Desde esta tribuna de libertad invito a los políticos decentes –me consta que los hay, aunque pocos— a no tener miedo y a salir del armario. Si realmente quieren cumplir con su misión de servicio, tienen que ponerse las pilas y empezar a hacer política de verdad, es decir, a practicar “una ciencia que se sustancia en un arte”, que decía Platón. Ahora no basta con seguirle la corriente al partido como en época de paz. Esta epidemia de diseño ha minimizado cualquier tema importante en otro tiempo. Se debe investigar qué intereses hay detrás de todo esto, se debe pedir la revisión y fumigación de la OMS y se debe declarar persona non grata a Bill Gates y demás adláteres ejecutores del guiñol. Los políticos honrados deben asimismo investigar sobre los virus quimera, como el Sars-Cov-2, en el que Europa ha invertido muchos millones de euros, convirtiéndonos en cómplices de bioterrorismo. ¿Comprenden el alcance? Deben revisar, a su vez, la información científica sobre las vacunas y el perverso modus operandi de la Bigpharma. Deben oponerse al genocidio silencioso que pretenden perpetrar en todo el mundo. Se trata de terrorismo global desde los Estados, para lo cual ha sido necesario vulnerar las leyes o enmendarlas con nocturnidad y engaño. Deben, en definitiva, despertar y crecer como seres humanos.

No podemos continuar callados, ni de cara a un futuro muy próximo, ni en este presente sórdido de tanto dolor y sufrimiento. Si continuamos en silencio, seremos cómplices de la gran injusticia que se está cometiendo con muchas personas, sobre todo los niños, a los que se está domesticando y vulnerando su derecho a crecer y a desarrollarse en amor y libertad, lejos de leyes marciales de disciplina y miedo, como está sucediendo. Muchos enfermos están falleciendo por falta de atención primaria, por haber interrumpido los tratamientos de cáncer, por infartos, diabetes y otras enfermedades. Solo quieren muertos por Covid y enfermos de Covid porque necesitan demostrar sobre el papel que estamos ante un virus letal y que entre un 80 y un 90 por ciento de la población se ha contagiado. Por eso nos persiguen los rastreadores y por eso han incluido la caza de niños. Eso justificará un programa de vacunación obligatoria en un país como España donde, hasta ahora, teníamos el derecho de elegir un tratamiento o rechazarlo. Estos días están empezando a vacunar contra la gripe. Siento una pena inmensa por los mayores que, posiblemente, vayan a morir a causa de ello, especialmente los de las residencias.

En España, no les basta con la escabechina de ancianos sedados durante las primeras semanas de psicosis colectiva, siguiendo el protocolo denominado “triaje de guerra”. Ahora no será necesario llevarlos al hospital. El Gobierno acaba de anunciar un cambio en la ley de eutanasia aprobada hace unos meses. La novedad radica en que el “poner fin a una vida” se pueda practicar en casa, sin necesidad de acudir a un centro, sin un periodo de reflexión, basta con el primer aviso, y es suficiente que lo solicite una persona allegada al enfermo. La Cultura de la muerte instaurada en nuestros estados laicistas ha conseguido en poco tiempo que algunas vidas no valgan nada. Los nazis las catalogaban como “vidas sin valor! La pendiente resbaladiza hace tiempo que empezó, pero ahora es de vértigo. Es tiempo de despertar al bien y a lo justo.

Las élites globalistas han intensificado su presión en Europa. Los españoles, principales cobayas del experimento social, somos su referencia de obediencia y sumisión y eso les hace reforzar la práctica de las consignas generales de la OMS, portavoz del NOM. Toque de queda en París, Berlín, Bélgica al completo y varias provincias españolas. Madrid continúa en estado de alarma por puro capricho político. Pero los ciudadanos, resguardados tras la mascarilla covidiana, con sus anteojeras y orejeras de costumbre, fundidas ya en su piel, siguen sin reaccionar. Ni siquiera dirán nada cuando nos prohíban celebrar la Navidad en familia, cosa que está a punto de suceder. La familia es muy peligrosa. Por eso llevan décadas queriendo destruirla.

A los disidentes también se nos rastrea para hacernos la PCR mental. Quieren saber qué pensamos, qué información tenemos y cómo nos movemos y comunicamos. De momento, solo se nos desprestigia mediáticamente o censurando artículos o vídeos. Pero pronto llegará la quema. No sé si será en la hoguera o se conformarán con enviarnos a psiquiátricos o campos de concentración para inadaptados. ¡Que nadie espere que alguien nos defienda! Estoy exagerando, claro está. Siempre habrá un rincón para ponerse a salvo. Pero lo cierto es que estamos en su punto de mira y somos los protagonistas del programa Elisa, del CNI, un bodrio pagado con nuestro dinero, repleto de falacias, mentiras y conceptos erróneos y malintencionados. Tiene algo positivo: nos llaman antiglobalistas y en eso tienen razón, mucho mejor que negacionistas que es un concepto nazi. Solo somos globalistas en el amor al ser humano y en la defensa del bien y lo justo. El CNI que parece hacer la vista gorda ante las maletas del Delcygate cargadas de billetes, brillantes y esmeraldas con olor a sangre, procedentes de la narcodictadura bolivariana, ante los terroristas del Boko Haram que entran en calidad de refugiados cargados de armas, ante el narcotráfico del estrecho, las menores prostituidas en los burdeles y el tráfico de niños, ahora se dedica a investigar a los periodistas y ciudadanos libres que se atreven a pensar y a expresarse en libertad. ¡De pena y de vergüenza! Del programa Elisa nos ocuparemos en un próximo artículo.

Artículo escrito por Magdalena del Amo y publicado en ‘Periodista Digital’

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1 Comentario

  1. Siento decir esto,pero me da la sensación de que Sánchez es un líder espiritual,que a través del Cainismo político,lidera a todos los primogénitos de España fanatizados con una pandemia inexistente,como te quites la mascarilla te matan a pedradas,como digas algo contrario a lo que dice la puta tv,.,te linchan,por qué lo dicen otros primogénitos,de este modo es absolutamente imposible convencer a una población,testaruda ,desinformada,intolerante y mandona,yo no soy primogénito,que se vayan todos al carajo o que se les meta el supuesto virus por todos los orificios y que se llenen de tapones a ver si explotan,y nos dejan a los demás vivir en paz.

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