Ana Pastor
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A la sectaria Ana Pastor alguien le debió decir algún día lo guapa, maravillosa, buena periodista y estupenda ministra de la verdad que es para obtener algo a cambio y le generó un verdadero problema, porque se lo creyó. El caso es que esta gente, Ana Pastor no es la única, se cree en posesión de la verdad absoluta y en una especie de apóstol que cada palabra que suelta a la plebe es un dogma y va por la vida yendo un par de metros por encima del suelo.

De ahí que cuando escriben o dicen algo, en sus cabezas, seguramente, aparezca una bombilla con la que se digan a sí mismos: “voy a dogmatizar”. Pero de lo que no se da cuenta la “newtrolera” es de que hace mucho tiempo que ya no engaña a nadie y que todos sabemos que no es más que un producto adornado con el que los que la pagan nos pretenden convencer de algo que no existe o que, simplemente, es mentira.

Y debido a sus extraordinarios contactos, que se lo cuenten a la enchufada de su hermana, se posicionó con las grandes redes sociales para forrarse haciendo en ellas de ministerio de la verdad, o más bien, de censora del pensamiento único. Pero su problema es que ella se lo cree. Ella sigue mirándonos a todos desde su atalaya como si fuera más que nadie o como si todos esperáramos alguna de sus frases, como sucedía en “La Vida de Brian”.

Entonces nos encontramos con mensajes como el que colocó en su cuenta de Twitter para dar las “buenas noches” a sus seguidores, acompañándolo de una viñeta de ‘Mafalda’: “Vivir sin leer es peligroso, te obliga a creer en lo que te digan”. Claro querida, sobre todo en lo que digas tú.

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