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Merece la pena ponerse comiendo unas palomitas frente al televisor cuando interviene la diputada del PP, Ana Vázquez Blanco. Reparte estopa de tal forma tanto a los partidos del gobierno, como a sus traidores socios, que en cada una de sus últimas intervenciones no deja títere con cabeza.

Y merece la pena sobre todo hoy, puesto que a quien le ha repartido soplamocos es a ese juez, antes admirado y ahora venido a menos que se llama Fernando Grande-Marlaska. Y no solo merece la pena por los soplamocos que le suelta a Marlaska, merece la pena, también, porque el discurso que hace en poco más de 4 minutos nos sirve a todos para recordar todas las “hazañas” perpetradas por Marlaska en los últimos meses, que son muchas.

Pocas veces nos encontramos con personas en la vida que decepcionen tanto como el antes admirado ministro del Interior. Un sujeto que se ha convertido en una caricatura de sí mismo y que nos ha demostrado lo equivocados que estábamos con él cuando antes era aplaudido pensando de él que era una persona honesta y no el miserable títere sin escrúpulos en el que se ha convertido ahora.

No dejamos de preguntarnos a qué viene un cambio tan radical de un personaje como Marlaska, aunque tenemos alguna noticia de cuáles podrían haber sido los motivos pero es una pena la facilidad con la que se ha convertido en alguien tan sumamente despreciable.

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