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De todos es sabido que los antiguos egipcios preparaban con mucho tiempo y con esmero su viaje al más allá. Todo ello para lograr su objetivo final: alcanzar sin problemas el reino de Osiris, asesinado en una conspi-ración de su hermano menor Seth, por lo que terminará resucitando, habiendo conquistado el mundo del más allá y convirtiéndose en juez soberano y supremo de las leyes del Maat.

Algo parecido a esta conspiración de Seth contra Osiris parece asemejarse a los nuevos avances que van apareciendo acerca de la muerte del escritor Terenci Moix. En un principio pensé que se trataba de una “eutanasia voluntaria” o suicidio asistido, cosa que era difícil de sostener según se desprende de las notas manuscritas halladas en el Expediente nº 369, pues en ellas se observa cómo la trama del que fue fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, José María Mena, frenó la colaboración de la Policía Científica con el Laboratorio Forense para esclarecer las causas del fallecimiento de Terenci Moix. También intervino el director del Instituto de Medicina Legal de Cataluña, Josep Arimany i Manso, a la vez que el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, Guillem Vidal Andreu. De las notas manuscritas que obran en el expediente se desprende una transacción económica de 2.000 euros (se entiende que del entorno de Terenci Moix) al sargento de la Guardia Civil y jefe de la Unidad de la Policía Judicial adscrita a la Fiscalía del TSJ de Cataluña, Rafael García Ruiz, por sus gestiones para evitar la investigación del Laboratorio Forense, a la vez que un control del funeral civil que se celebró en el Ayuntamiento de Barcelona en homenaje al escritor. De otro lado, aparece la siniestra figura del abogado Marc Palmés i Giró, implicado en 43 presuntos asesinatos en la futura querella que voy a interponer, como mediador en un acuerdo entre el entorno de Terenci Moix y la red del fiscal Mena. Marc Palmés fue conocido por defender a personajes como “el Txiki” o Puig Antich.

Tras volcar la noticia en las redes acerca del posible suicidio asistido de Terenci Moix, no tardó en ponerse en contacto conmigo quien fue su último compañero sentimental, Pablo Parellada Redondo, quien fue pareja con Terenci Moix durante siete años y quien tiene un libro publicado en Amazon sobre sus memorias y titulado Prohibido ser ciudadano, en el que está muy presente la figura de Terenci. Tras largas conversaciones con
Pablo Parellada referentes al entorno de Terenci Moix y a sus últimos días, la conclusión de Pablo, quien ha tenido acceso al contenido del fichero del fiscal Mena, es concluyente: “una guerra abierta de tres lesbianas contra dos gais”.

Como en el caso de Osiris, la hermana de Terenci, Ana María Moix Meseguer, pudo estar implicada en el asesinato de su hermano. Quizá Terenci también muriera ahogado, como Osiris, pues era su punto débil debido al enfisema pulmonar que padecía por su adicción al tabaco.

Según se desprende de las declaraciones de Pablo Parellada, a quien invité a mi canal de YouTube el pasado 28 de septiembre, no tiene sentido que Terenci decidiera irse de este mundo sin despedirse de Pablo y sin resolver una herencia de dos pisos y sus derechos de autor. También había dos gatos persas, Omar y Ulises, que vivían con Terenci en Barcelona y que eran de Pablo; Terenci jamás se hubiera ido de este mundo sin dejarlos bien apañados pues, según las palabras de Pablo, “fueron los dos gatos más queridos del mundo, tanto por Terenci como por él, y tenían una peluquera que iba tres días a la semana a casa de Terenci a peinarlos”. Precisamente, la semana de su muerte, Pablo Parellada, quien vivía y vive en Madrid, había quedado con Terenci para ir a visitarlo. Pablo y Terenci nunca pudieron despedirse, pues un posible crimen lo impidió.

Pero, para tenerlo más claro, Pablo me contó que Terenci era partidario de despenalizar el suicidio asistido o lo que se puede entender como eutanasia legal, el derecho de una persona a poner voluntariamente fin a su vida; de tal modo que, siendo tan exhibicionista como era, si hubiera elegido libremente esa opción, según me contó Pablo, lo hubiera hecho a lo grande y haciendo una causa pública de ello. Y, sin ir más lejos, Pablo me comentó que las eutanasias legales se practican a diario en todos los hospitales sin coste alguno, con el consentimiento expreso del enfermo o, en su defecto, sus familiares, y los médicos, casos de pacientes terminales en los que se les deja de mantener con vida artificialmente si han hecho un testamento vital o acaban muriendo a causa de la morfina suministrada para paliar el dolor.

Por otro lado, Pablo nos cuenta los grandes proyectos en los que Terenci se hallaba inmerso, y que tenía un contrato firmado con la Editorial Planeta por el que cobraba 30.000 euros al mes, además de un libro que estaba escribiendo cuando falleció y que no pudo terminar, titulado Mis inmortales del cine, Años 60, y un montón de proyectos futuros que llenaban y colmaban su destino artístico.

¿Qué pudo suceder para que el entorno inmediato de Terenci contactara con la red mafiosa del fiscal Mena?

Parece claro que no contactaron con esa red para materializar el posible crimen, pero sí para encubrirlo, como se desprende de las notas manuscritas que obran en el Expediente nº 369. Muy probablemente fuera el abogado Marc Palmés quien le proporcionara al entorno inmediato de Terenci el contacto para tapar el posible crimen. ¿Y quién pertenecía a ese entorno inmediato? Pues, según nos contó Pablo Parellada en el canal, la secretaria de Terenci, Inés González Lázaro, y la hermana de Terenci, Ana María Moix Meseguer.

Pablo Parellada contó que sufrió los ataques continuos de la secretaria, Inés González Lázaro, quien llegaba a entrometerse en los asuntos sentimentales de la pareja y quería controlar a toda persona que se acercaba al escritor; era como una obsesión enfermiza por controlar su vida y no dejar que otros se le acercaran, menos aún en su círculo íntimo. La secretaria, Inés González Lázaro, odiaba a muerte a Pablo Parellada, según nos contó en el canal y a mí personalmente. Las anécdotas son múltiples y dispares, como una relación lésbica de la secretaria que Terenci, Ana María y Pablo descubrieron. De otro lado, Pablo nos confiesa que Terenci mantenía a su secretaria por su gran eficiencia profesional, y que siempre manifestó su deseo de dejarle en herencia a ella su imponente archivo de fotografías de artistas de cine, sobre todo de la época dorada de Hollywood de los años 40 y 50, de un valor incalculable.

Pero en ese entorno falta otra figura, la de la psiquiatra Rosa María Sender Romeo, compañera sentimental de Ana María Moix, quien también era homosexual. Resulta curioso dentro de esta historia, ahora que sabemos el contenido del archivo del fiscal Mena relativo a un posible crimen, y con la información aportada por Pablo, que Ana María Moix le dijo a Pablo que ella estuvo delante cuando Terenci se murió, y que Terenci le manifestó verbalmente que uno de los dos pisos de la calle Muntaner, 4 de Barcelona se lo dejaba a su secretaria, Inés González Lázaro. Algo no cuadra, no pudo haber una última voluntad del escritor si fue asesinado o si murió accidentalmente, porque la versión oficial de que el enfisema pulmonar que padecía fue el causante de su muerte ya ha quedado totalmente desmontada tras analizar el contenido del expediente del fiscal Mena. En este caso, las declaraciones de la hermana hacia Pablo sobre la voluntad de Terenci de dejarle uno de los dos pisos a la secretaria sería una burda escusa que puso la hermana ante un pacto entre ellas, frente a un posible crimen en las que las dos estuvieran involucradas.

Si Terenci no dejó voluntad alguna, pues la secretaria y la hermana montaron todo un show para que no se investigaran las causas del fallecimiento, e incluso pagaron dinero a la red mafiosa del fiscal Mena, ¿por qué uno de los pisos fue a parar a la secretaria? ¿Por qué no se lo quedó la hermana sin más, que era la única heredera legal? ¿Por qué la hermana le dijo a Pablo que la última voluntad de Terenci fue la de dejarle un piso a Inés González Lázaro? Algo no cuadra en esta historia que deberá resolverse en los tribunales. De esta triste historia, solo Pablo Parellada Redondo, la secretaria de Terenci, Inés González Lázaro, y la compañera sentimental de la hermana de Terenci, Rosa María Sender Romeo, siguen con vida, ya que la hermana de Terenci, Ana María Moix Meseguer, falleció en el año 2014. Al parecer, la beneficiaria de los derechos de autor de todas las obras de Terenci Moix fue su hermana. Lo que sí confesó Pablo en la entrevista es que piensa querellarse contra las personas presuntamente implicadas en este posible crimen, siempre al margen del resto de supuestos asesinados por el fiscal Mena, pues él sólo quiere hacer justicia por la memoria de Terenci Moix, quien, según sus propias palabras, fue la persona a la que más ha querido en su vida y la que más le quiso a él.

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