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Puesto que voy a escribir sobre el cateto, embustero y plagiador de La Moncloa, no me ha importado plagiar, en más de un 70%, a mi tocayo Gabriel García Márquez, para formar el título de este escrito. Y lo hago con gran satisfacción, basado en el título de una de sus novelas más importantes. Porque la verdad es que no pasa un día en que, en los pocos periódicos decentes, de papel o digitales, que hay en España, no aparezcan artículos refiriéndose al tal Sánchez. Y nunca para bien.

Lo mismo ocurre en los canales de televisión o radio, no vendidos al poder, que son cada día menos. No puedo hablar de las redes porque no las uso. Hay que ver, la poca vergüenza que tiene este tío, siempre mintiendo y hablando de un modo retorcido buscando siempre subvertir el lenguaje. Deliberadamente habla del jefe del Estado para no decir S.M. el Rey. Habla de la ultraderecha, sabiendo que esa calificación hoy no se puede aplicar en España a ningún partido político.

Al mismo tiempo se abstiene de señalar con los calificativos que sí merecen los comunistas de Podemos, ERC, los separatistas y proetarras y demás gentuza con la que se encuentra “como un marrano en un charco”. Cuando habla de “conflicto vasco” él sabe muy bien el calificativo que en justicia le corresponde. Es capaz de lamentarse del suicidio de un preso de Eta y no ha expresado condolencia alguna a los familiares de las víctimas de la pandemia a las que ignoró durante mucho tiempo.

Y, ahora, este rastrero, para rizar el rizo, al referirse al recién fallecido Mesquida, que fue director de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, ha dicho que trabajó sin descanso para acabar con ETA y lograr el fin de “su lucha armada”.

Pues yo les voy a decir, lo que a mí me parece que es este desalmado y ruin personaje. Lo haré con tan solo una palabra. Que tiene seis letras y es con la que García Márquez termina la novela titulada “El Coronel no tiene quien le escriba”.

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