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Son poco más de las seis de la tarde del día 11 de octubre de 2020 y acabo de ver a Rafael Nadal Parera (el mejor deportista español de todos los tiempos) ganando el trofeo de Grand Slam de tenis, Roland Garros de Paris, frente al actual número uno, el serbio Novak Djokovic, por un tanteo que pudiéramos llamar escandaloso, si tenemos en cuenta cómo estaban las apuestas antes del encuentro. Concretamente, el torpe, imprudente y poco deportivo entrenador de Djokovic se atrevió a decir públicamente que Nadal no tenía ninguna opción para ganar a su pupilo.

Se equivocó “de parte a parte” y quedó en ridículo porque Nadal, el gran Nadal, le derrotó por tres sets a cero con un impresionante tanteo de 6-0, 6-2 y 7-5; en suma: 19 juegos a siete. Con esta victoria, nuestro “Rafa” se puso a la cabeza, junto con Federer, de los tenistas que más Grand Slam han conseguido en la historia de este deporte (20 títulos cada uno). Y, además, consiguió una proeza que seguramente no será superada por nadie, pues ha ha sido la decimotercera vez que ha ganado el “Roland Garros” y hay muchísimos buenos tenistas que ni siquiera lo han logrado ni una sola vez.

Pero por encima de los números, que no dejan de ser impresionantes, Nadal es ante todo un personaje excepcional que se emociona escuchando el himno nacional al tiempo que –en su honor- se iza la enseña nacional, nuestra querida bandera roja y gualda, la que nos une a todos los españoles, incluso a quienes la desprecian. Un deportista que solo considera a sus contrincantes como sus ocasionales adversarios a los que siempre respeta dentro y fuera de la pista.

En definitiva, un hombre adornado con cualidades tan importantes como las del esfuerzo, el trabajo bien hecho, la disciplina, la paciencia y la solidaridad para los más débiles. Por ello lo considero un espejo en el que nos deberíamos mirar todos y especialmente a los que andan queriendo destrozar lo conseguido en España desde el año 1978. Y en su honor reproduzco a continuación el soneto, titulado NADAL, que le dediqué hace unos años con motivo de una de sus muchas gestas.

Temperamento, talento y corazón,

músculo y mente fijos en el juego,

cinco sentidos en arduo sosiego

puestos al servicio de su vocación.

Ninguna duda, ni claudicación,

ninguna prisa, ni desasosiego,

hacer buen tenis, su más firme apego

y para el contrario, consideración.

Tiene calidad, arte y poderío,

para España, afecto reverente,

en la pista, primor y escalofrío.

Sus dulces lágrimas son manso río,

de una plegaria plena y trascendente,

que realza su enorme señorío.

TODAS LAS MASCARILLAS CON LA BANDERA DE ESPAÑA