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Hacia las once y media de la noche del 29 de octubre de 1978, la banda terrorista ETA asesinaba en la localidad guipuzcoana de Urnieta a IGNACIO OLAIZ MICHELENA, miembro destacado de la Gestora pro Amnistía de Andoain. Su cuerpo fue encontrado por la Guardia Civil a las cinco de la madrugada del 30 de octubre en el interior de su coche abandonado en la cantera San José, en el término municipal de Urnieta. El cadáver presentaba varios impactos de bala en la cabeza y el costado y los autores del asesinato habían colocado varios billetes de mil pesetas en una de las manos de la víctima.

Ignacio Olaiz había estado hasta las diez y media de la noche con unos amigos en San Sebastián, de los que se despidió para dirigirse a su domicilio en Andoain, al que nunca llegó. Hacia las 23:30 la Guardia Civil fue alertada por el guarda del almacén de maderas Lasa y Lecumberri próximo al lugar en el que apareció el cadáver. El guarda había escuchado dos series de disparos y llamó por teléfono al cuartel de Andoain. Varios agentes de la Guardia Civil se dirigieron al lugar, pero la intensa niebla impidió encontrar el cuerpo de Olaiz Michelena, por lo que se tuvo que reanudar la búsqueda a primera hora de la mañana.

En los primeros momentos nadie dudó de que el asesinato había sido obra de algún grupo de extrema derecha, dado que Ignacio era un miembro destacado de la Gestora pro Amnistía de su localidad. Sin embargo, poco después una llamada a Radio Popular de alguien que dijo hablar en nombre de ETA asumió la autoría del asesinato, acusando a Ignacio Olaiz de ser un infiltrado. La misma persona anunció la difusión en breves horas de un comunicado explicativo. En ese comunicado ampliatorio, ETA militar aseguraba que conocía la identidad de muchas personas que trataban de infiltrarse en la banda y que correrían la misma suerte que Olaiz Michelena si persistían en sus intentos de infiltración.

De hecho, el asesinato de Olaiz llevaba preparándose desde el verano, cuando la cúpula de ETA dio órdenes a un grupo de la banda de que investigasen sus hábitos y costumbres para atentar contra él. En dos ocasiones fallaron los intentos de asesinarlo. Sin embargo, el 29 de octubre dos terroristas de la banda se lo encontraron casualmente después de que se despidiera de sus amigos en una calle de San Sebastián. Decidieron seguirlo hasta las inmediaciones de su domicilio, situado enfrente del cuartel de la Guardia Civil, y, cuando se disponía a aparcar su vehículo, fue abordado por varias personas armadas que se introdujeron en el mismo y lo obligaron a dirigirse hasta la cantera de Urnieta, donde lo asesinaron. En el lugar de los hechos se recogieron diez casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca Geco. El automóvil propiedad de la víctima presentaba también dos impactos de bala, que se habían disparado desde dentro hacia fuera.

El escepticismo con el que se recibió la información dio paso al desconcierto más absoluto cuando se pudo confirmar la responsabilidad de ETA, y a una psicosis de temor en el entorno de la banda ya que, de ser cierta la acusación de los milis, la Policía podría contar en esos momentos con una información de primera mano de personas próximas a sectores radicalizados de la izquierda proetarra. La reacción espontánea de uno de los miembros de la Gestora pro Amnistía de Andoain, precisamente la última persona que vio con vida a Ignacio Olaiz, fue la de una dura crítica a ETA militar nada más conocer la reivindicación. “ETA militar tendrá que justificar bien esto, porque Iñaki Olaiz no podía ser un chivato. Era una de las personas que más trabajaban en la gestora. ETA se equivocó una vez y se le perdonó, pero como se haya equivocado otra vez ya veremos lo que pasa”. Miguel Castell, abogado adscrito a los sectores de la izquierda proetarra había comentado antes de conocer la reivindicación de ETA, que Ignacio Olaiz era una de las personas más activas de la Gestora pro Amnistía. “La última vez que le vi fue el domingo 22 en Vitoria, en la marcha hacia la cárcel de Burgos”.

Ignacio Olaiz había participado recientemente en un encierro pro amnistía en Andoain; fue el organizador de un mitin en el que intervinieron Telesforo Monzón, Iñaki Esnaola y el propio Miguel Castell; en el verano de 1977 participó en la marcha por la libertad de Euskadi y el domingo mismo, horas antes de ser asesinado, estuvo presente en una manifestación pro amnistía en Tolosa. Sin embargo, en otros ambientes de Andoain, fuera de las gestoras pro amnistía pero también próximos a la banda, no provocó tanta extrañeza la reivindicación de ETA, por considerar a Olaiz Michelena una persona oscura “que nunca se sabía bien ni lo que hacía ni a qué se dedicaba”.

En febrero de 1982 la Audiencia Nacional condenó a José Luis Martín Elustondo, miembro del grupo Gamboa de ETA, a 27 años de reclusión mayor por el asesinato de Ignacio Olaiz. Por la misma sentencia fue condenado a 6 años de prisión menor Joaquín Zubillaga Artola, como cooperador necesario por encubrimiento. El mismo año, en diciembre, fue condenado también a 6 años de prisión menor José Ignacio Goicoechea Arandia como cómplice. Su abogado era Miguel Castell. Los tres fueron detenidos el 30 de marzo de 1981 junto a María Pilar Lazkano Otegui.

Ignacio Olaiz Michelena tenía 42 años. Estaba casado y tenía tres hijos. Cuando fue asesinado se encontraba en paro. Anteriormente había trabajado como conductor de autobuses y, al quedarse sin empleo, montó un puesto de venta de verduras en el mercado de La Brecha de San Sebastián.

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