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Hacia las nueve y cuarto de la noche del 23 de octubre de 1980 dos terroristas dispararon contra el profesor de Formación Profesional FELIPE ALEJANDRO EXTREMIANA UNANUE cuando acababa de aparcar su automóvil, un Chrysler de color amarillo, en un callejón de la calle General Mola, frente a la escuela de la localidad. Los etarras, que le estaban esperando, se dieron a la fuga en un vehículo conducido por un tercer individuo. El vehículo había sido previamente robado en Lemona, tras obligar a su propietario a introducirse en el maletero. Después lo dejaron atado en un monte cercano. En el lugar del atentado se recogieron diez casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca SF. La víctima había recibido ocho disparos en el pecho que le causaron la muerte en el acto.

El 24 de octubre por la tarde tuvo lugar el funeral por Felipe Extremiana en la parroquia de Santa María de Amorebieta, abarrotada de amigos y familiares de la víctima. Posteriormente, los restos mortales de la víctima fueron enterrados en el cementerio local.

En 1983 la Audiencia Nacional condenó a Juan José Larrinaga Echevarría, Juan Antonio Urrutia Aurteneche y Fernando Iraculis Albizu, miembros del grupo Kioto de ETA, a sendas penas de 26 años de reclusión mayor. En la misma sentencia se les condenó también por el asesinato meses antes, el 24 de marzo, de Dámaso Sánchez Soto. Juan Antonio Urrutia Aurteneche, más conocido como Jon, se acogió a medidas de reinserción, lo que le permitió ahorrarse 18 años de cárcel. Está en libertad desde 1992 y vive en Amorebieta, donde desarrolla una vida laboral y personal absolutamente normal.

Otro de los etarras imputados por el asesinato de Felipe Extremiana es Miguel Ángel Aldana Barrena, autor de dieciocho asesinatos y participante en más de treinta atentados. Forma parte de la numerosa colonia de etarras que vive en Venezuela protegida y amparada por Hugo Chávez.

Felipe Alejandro Extremiana Unanue estaba casado y tenía cinco hijos. Un hermano de la víctima había sido concejal en Amorebieta antes de que llegase la democracia, y uno de sus sobrinos había sufrido un atentado dos meses antes del asesinato de Extremiana. Felipe había trabajado hasta un año antes de su asesinato en las oficinas de la empresa Valet, SA. En el momento del atentado impartía clases en la Escuela de Formación Profesional de Amorebieta y era considerado como de ideología derechista. En el comunicado de reivindicación, ETA vertía diversas acusaciones contra la víctima para justificar su asesinato, acusaciones que fueron desmentidas públicamente por la familia, que envió una carta al diario Egin pidiendo que la banda terrorista ETA aportase pruebas sobre las acusaciones que hacían contra Felipe Extremiana, y retaba: “si ETA no remite las pruebas de culpabilidad públicamente, esa es la mayor prueba de la inocencia de Felipe Extremiana”.

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