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OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ
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Sin que haga falta el uso del DeLorean, la sociedad española va asumiendo los postulados que la izquierda intenta inyectar a través del victimismo habitual del populismo y de la batería de embustes acerca de todo aquello que repudian y que saben que es necesario apartar para perpetuarse de manera solitaria en el poder. Así empezó el marxismo en sus inicios, como una nueva manera de concebir la vida política y económica que se erigía a través de un proceso revolucionario que, en todos los casos, acabó con vidas humanas. Si bien en algunos países no lograron tal cambio mediante la revolución, pues se priorizó que éste llegaría por cauces democráticos, es decir, al ganar unos comicios electorales y les permitiese llegar al poder.

No obstante, esto les permitía seguir con la lucha de clases; una lucha que hoy es inexistente y que mantienen el relato vivo por tal de sobrevivir en el marco político y social -porque algunos sabemos que se perpetúan en la vida pública para vivir del cuento-. Con esto quiero llegar a que es inadmisible que aún se permita y se vea con buenos ojos por una parte de la sociedad la apología del comunismo.

En nuestro Gobierno tenemos ministros que se jactan de ello y no les corroe un ápice de vergüenza cuando en estos días hemos visto como éstos y sus palmeros han atacado a la institución de la Corona y a la figura de nuestro monarca, que simboliza y es garante de nuestro estado democrático. La última ha sido cuando S.M. Felipe VI llamó al presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, para agradecer las palabras de éste durante la entrega de despachos a los nuevos jueces en la Escuela Judicial (Barcelona), después de que el Gobierno no autorizase al monarca a viajar y oficiar el evento. Y es que a muchos españoles no les queda claro que nuestro Jefe de Estado es Felipe VI y viven en la confrontación continuada de implantar una República como la de 1931, es decir, volver a aquel sistema fraudulento, que fue de todo menos democrático.

Se está agravando la imagen de nuestra jefatura del estado, porque hay quienes tienen el objetivo de derrocarla, y jugarán con todas las bazas que les permita la ley de manera sucia. Les carcome por dentro ese odio típico en socialistas y comunistas en que no soportan que alguien esté por encima de ellos; quieren aplicar sus leyes y decidir qué tenemos que hacer, comer, hablar, etc. Digamos claro que la implementación de un estado socialista o comunista, es lo mismo que decir una dictadura. La libertad se esfuma con el socialismo, donde no hay mentes que piensen libremente, sino que sólo hay mentes, y si las hay. Urge que la oposición al Gobierno despierte y dé la batalla cultural sin complejos. Hoy Alain Finkielkraut era entrevistado en ABC con motivo de la publicación de su libro, donde ha declarado que la izquierda se ha instalado en el multiculturalismo que está destruyendo las raíces de Francia y de muchos países de Europa. En España es claro: el apoyo a las causas secesionistas indican la perdida de identidad de la izquierda. Por tanto, estaríamos presentes ante la autodestrucción de la izquierda en un marco geopolítico liberal. No obstante, en España, la gente que se autodenomina de “izquierdas” cree votar a quienes les representa sólo por llamarse a sí mismos o autoproclamarse “somos la izquierda”.

La sociedad española debe despertar y abrir los ojos ante las falsas consignas que propugnan los partidos totalitarios que han perdido la credibilidad de muchos por sus continuos coqueteos con el más rancio nacionalismo y populismo de nuestro país. Aún hay quien cree, que por mucha ideología que le tape los ojos, la jefatura del estado estará dirigida por S.M. el rey y la reina en un futuro. Que nadie se autoengañe ni se deje engañar. Urge dar la batalla cultural para frenar sus dogmas totalitarios; que la libertad se haga camino entre la maleza espinosa y penetre en todas las mentes.

*Un artículo de Iker Sevilla Martin-Albo

RELOJES CON LA BANDERA DE ESPAÑA