Pedro
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OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ
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La soberbia del presidente del gobierno, Pedro Sánchez, unida a sus pocas letras, a sus cualidades de innata simplicidad y a su escasa pericia política le impiden mantener una conversación en términos de igualdad con el líder del PP, Pablo Casado, dueño de sus sentidos y más hábil y sensato en lo que se refiere a minimizar el impacto de la crisis económica en España. No porque lo diga yo, que lo digo, sino porque el panorama es cada vez más dantesco, a Sánchez le pintan bastos, no se quita la pasta de las manos y es incapaz de sacar al país del lado oscuro en el que se halla inmerso. El encuentro Sánchez-Casado caracterizado por mucho ruido y poco contenido se ha convertido en desencuentro, uno más; estuvo bien para la foto, pero difícil hacer cestos con los mimbres disponibles de un gobierno que continúa blandiendo su idea de unos presupuestos con tintes comunistas made in Venezuela.

Cuando la inteligencia no está dispuesta a dejarse convencer, siempre encuentra algo donde apoyar la duda, y así es. Sánchez opta por mantener en el ala oeste a la izquierda radical, Unidas Podemos, y a su vicepresidente Iglesias que lejos de proceder según los principios del honor y la honestidad, trata de embaucar a la masa – conoce diestramente el arte de gobernar sus palabras- con su habitual desdén por las fórmulas monárquicas y sus taimados ataques a las instituciones democráticas y al Estado de Derecho. Por si fuera poco, todas las condiciones inimaginables de pretendida dignidad y aparentes buenas maneras con que Iglesias posturea se diluyen como azucarillo en el agua ante la petición del tribunal de que se investigue al partido que dirige ante una presunta financiación irregular.

La investigación parece no haberle robado a Sánchez la serenidad necesaria y su actitud elusiva le hace cómplice de las presuntas irregularidades y despropósitos de su socio de gobierno; lejos de avergonzarse, le protege impidiendo que dirima sus responsabilidades en el santuario político. Es en el Congreso donde se puede disipar cualquier recelo y asentar firmemente unos hechos que acrediten fidedignamente el mal proceder o no del personaje en cuestión. Esto es lo que ha defendido siempre la izquierda cuando ha exigido comisiones de investigación a diestro y siniestro.

El actual gobierno es incompatible con una política de pacto que se precie y con reformas estructurales que permitan encajar las ayudas europeas, y el PP no está dispuesto a caer en la trampa de damisela que le ha tendido Sánchez queriendo que le firme un cheque en blanco.

Respecto a la pandemia: segundas partes nunca fueron buenas y los rebrotes se multiplican por miles, ante la mirada indiferente de un presidente que se ha parapetado tras las Comunidades Autónomas convirtiendo la pretendida co-gobernanza en una des-gobernanza fuera del sentido común. Aquel coronavirus trajo esta coronacrisis y ni el gobierno supo atajar lo primero ni sabe atajar lo segundo.

Todo ello sin más plan que el que Sánchez ejerza durante los 40 meses que quedan de legislatura como presidente con el Pablo equivocado, tiempo más que suficiente para abandonar al país a su muerte.

A todas luces y con pocas sombras, el PP- observando el entorno y calculando los riesgos- se postula como el único partido para apuntalar a un país en ruinas. Mientras, Casado intenta acallar algarabías y mitigar facciones aristocráticas y de dignos portes, consciente de que no es momento de turbar el ánimo, de tener curiosidad impertinente, de refinamientos intelectuales ni de fomentar la brillantez insolente por más coraje y determinación que exprese. Ya veremos cuánto dura la ilusión de la propia vanidad en un escenario en que quien más quien menos ha renunciado alguna vez a su libertad individual en aras a la disciplina del partido y a la mayoría democrática interna y sin poner el grito en el cielo. No hay sartal de historias increíbles que valgan en un partido que tiene claro que todos son necesarios pero nadie imprescindible. Aún con todo prescindir de alguien implica agradecimiento, sensibilidad y sobre todo humanidad y en la dirección nacional actual haberla, la ha habido. Despojada del sentido de posesión curiosamente propio de personas de perfil bajo, una tiene que saber que un cargo, ni público ni orgánico, es eterno. Especialmente en un partido que apuesta por renovar su estructura sin confrontación ni guerra de guerrillas y al buen hacer del secretario de Organización, Alberto Casero, y del Secretario General, Teo García, me remito.

El PP sabe que tiene que situarse en la mitad del medio huyendo de extremos que no conducen al centro sin renunciar a cuestiones comunes, que las hay, para aglutinar el centro derecha. Sencillo parece, pero fácil no es y ésta es una de las asignaturas pendientes de un partido que se vislumbra como el único capaz de sacar a España del caos de incertidumbre y desesperanza económica.

Así las cosas, el gobierno intenta invertir la carga de la prueba y que recaiga en el líder popular toda responsabilidad acusándolo de frentista, desleal y no se cuántas cosas más; pero lo cierto es que la irresponsabilidad y la deslealtad con el país, Casado la tendría precisamente en caso de apoyar unos presupuestos que no harán sino seguir enrunando a España.

España lleva camino de convertirse en el país del hielo eterno.

Entretanto, parte de la ciudadanía espera irremediablemente en la posición del loto –piernas cruzadas y manos sobre las rodillas-, a que caiga el maná del cielo con el peligro de convertirnos en una sociedad subsidiada y con pocas posibilidades de prosperar. Una economía anestesiada y en estado de hibernación no soluciona los problemas estructurales que tiene España y para muestra: el elevado gasto público.

Lejos ya de aquellas épocas en las que los hombres no escuchaban y las mujeres no entendían de mapas estoy segura que, hoy, la ciudadanía no es impermeable a tanto desatino y huirá como diablo huye de la cruz de este insano gobierno.

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