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El viernes 21 de septiembre de 1984 la banda terrorista ETA asesinaba de un tiro en la nuca al comerciante JOSÉ MARÍA MARTÍNEZ MARTÍNEZ-CUBERO en el término municipal de Larreineta, en el Valle de Trápaga, en Vizcaya. El cuerpo sin vida de José María estaba atado de pies y manos con cinta aislante cuando fue encontrado en un camino próximo a una mina abandonada, en la misma noche del viernes, por un pastor que residía en las inmediaciones del lugar.

El asesinato se produjo en la tarde del viernes, pero fue algunas horas más tarde cuando un ganadero localizó el cadáver y avisó inmediatamente tanto a la Policía Municipal como a la Guardia Civil. Próximo a la zona, los agentes pudieron encontrar el Citroën Dyane 6 del que era propietario el fallecido y que habría podido ser utilizado por los asesinos para transportar a José María hasta el lugar del crimen. Junto al cuerpo encontraron también un casquillo del calibre 9 milímetros parabellum, marca FN, munición habitualmente empleada por ETA. Un único disparo bastó para acabar, casi instantáneamente, con la vida del comerciante, ya que la bala penetró por la parte posterior de la cabeza y salió por la parte superior de la cara, abriendo una terrible herida. José María Martínez quedaba así tendido en el suelo, con las manos y las piernas vueltas hacia atrás y atadas con cinta aislante, en un paraje solitario de una pista forestal, entre San Salvador del Valle y Larreineta. Además del disparo, el cuerpo presentaba signos de violencia.

Sobre las once de la noche, ETA militar reivindicaba la autoría del atentado mediante una llamada telefónica al diario Egin, indicando el lugar en el que habían dejado abandonado el cuerpo de José María, ignorando que éste ya había sido descubierto horas antes. Al contrario que en otros atentados similares, en esta ocasión ETA no aprovechó el comunicado para difundir insidias contra su víctima, ni para tratar de justificar el asesinato.

Al día siguiente del atentado, la viuda de José María Martínez explicó que su esposo había salido de casa en torno a las once de la mañana del viernes. Según manifestó, ella comenzó a preocuparse ya a la hora de comer al no recibir ninguna noticia de él a lo largo de toda la mañana.

El asesinato de José María se produjo el mismo día en que la Justicia francesa daba el visto bueno, por primera vez, a la extradición de etarras a España, sentando así un importante precedente en la lucha antiterrorista conjunta entre los dos países. Tres meses después de ser detenidos en Francia, siete terroristas de ETA serían los primeros casos de miembros de la banda extraditados por Francia a nuestro país. En concreto, tres de ellos –Francisco Javier Lujambio Galdeano, José Manuel Martínez Beiztegui y José Carlos García Ramírez- lo fueron a España, mientras que otros cuatro –José Miguel Galdós Oronoz, Ángel Castrillos Allende, Francisco Javier Alberdi Beristain y Luciano Izaguirre- fueron deportados a Togo, junto al Golfo de Guinea, en África. El Tribunal de Casación de Pau consideró que las acusaciones imputadas por la Justicia española estaban suficientemente probadas, por lo que dictó sentencia favorable a la extradición. La decisión generó reacciones enfrentadas entre el Partido Nacionalista Vasco, PNV, y las fuerzas no nacionalistas. El portavoz del PNV en el Congreso, Marcos Vizcaya, manifestó que la extradición “no va a generar más que problemas”, mientras que el portavoz de los socialistas vascos, Txiki Benegas, indicó que la Justicia francesa había “hecho caso omiso de todas las presiones recibidas, incluyendo las del PNV”.

José María Martínez Martínez-Cubero, de 41 años, era natural de Arlanza del Valle, en León, aunque residía en Portugalete desde hacía años. Estaba casado y era padre de dos niños. Se dedicaba profesionalmente a la compraventa de oro y aparatos de vídeo.

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