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Hacia las 16:30 horas del 2 de septiembre de 1992, la banda terrorista ETA asesinaba en Salamanca al coronel del Ejército de Tierra en la reserva ANTONIO HEREDERO GIL mediante una bomba lapa adosada a los bajos de su coche que se activó por el sistema conocido como “de péndulo” al moverse el vehículo.

Heredero Gil, que tenía previsto salir de vacaciones al día siguiente, había tomado minutos antes un café con hielo en la cafetería Vinaroz, ubicada a unos metros del garaje. La bomba explotó justo en el momento en que salía del garaje del grupo de viviendas del paseo de la Estación, número 38, donde el militar tenía alquilada una plaza de aparcamiento. El vehículo del coronel, un Opel de color gris metalizado, quedó completamente destrozado y su cadáver irreconocible.

El presidente del Gobierno, Felipe González, que se encontraba en Estrasburgo, dijo a los periodistas tras el asesinato de Heredero Gil que “las condenas ya no sirven (…) seguiremos con nuestra estrategia de lucha antiterrorista hasta la erradicación completa de esta plaga”. Además, señaló que el atentado no afectará a ningún eventual proceso de negociación con los terroristas, “por la sencilla razón de que nunca nos hemos planteado una tal negociación”.

Nada más producirse el atentado se establecieron numerosos controles para evitar una posible huida de los terroristas, especialmente en las carreteras que conducen hacia Portugal.

La capilla ardiente quedó instalada por la noche en el cuartel General Arroquia. El 4 de septiembre más de tres mil salmantinos dieron el último adiós a Heredero Gil en un funeral que se celebró en la Iglesia de María Auxiliadora al que asistió Julián García Vargas, ministro de Defensa, y otras autoridades militares y civiles. El ministro le impuso a título póstumo la Medalla al Mérito Militar de primera clase con distintivo blanco. Los restos mortales del militar asesinado fueron inhumados en el cementerio de Salamanca. El 6 de septiembre, la Comisión Justicia y Paz convocó una concentración silenciosa en la plaza Mayor de Salamanca a la que asistieron la viuda y los tres hijos del coronel asesinado.

Antonio Heredero Gil, de 55 años, pertenecía al cuerpo de Caballería del Estado Mayor del Ejército de Tierra. Natural de Calatayud (Zaragoza) estaba casado y tenía tres hijos. Llevaba más de veinte años residiendo en Salamanca. Heredero Gil había sido ascendido hacía pocos meses, y en el momento de su asesinato se encontraba destinado en el Patronato de Huérfanos del Ejército en el cuartel de Caballería Julián Sánchez El Charro. Antonio Heredero Gil fue la primera víctima mortal que ETA provocaba con un atentado en Castilla y León. Casi veinte años después, no se sabe quién acabó con su vida.

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