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Apenas seis horas después del asesinato de Carmen Tagle en Madrid, la banda terrorista ETA asesinaba en Bilbao al pescadero LUIS REINA MESONERO mediante un paquete-bomba remitido a su nombre. Faltaban pocos minutos para las nueve de la noche cuando Luis entró en el portal de su domicilio, en la calle Fica, y recogió un paquete del buzón. Debido a que había sufrido una embolia meses antes, que le había dejado secuelas en la vista y el oído, Luis se acercó el paquete a la cara para poder verlo mejor, momento en el que la bomba explotó. La deflagración le provocó graves heridas en el cráneo y el tórax. El artefacto contenía entre 150 y 200 gramos de explosivo y la explosión provocó también algunos destrozos en el portal.

El asesinato de Luis Reina se debió a un error de la banda asesina ETA. Su situación familiar, su estado de salud y la falta de motivaciones claras hicieron que la Policía barajase desde el primer momento la hipótesis de que se tratara de un error. En medio de la confusión, y como había hecho en otras ocasiones, el entorno proetarra intentó desviar la atención culpando a grupos de extrema derecha del atentado. De esta forma, pocas horas después del asesinato, el dirigente de Herri Batasuna, Jon Idígoras, señaló que Luis Reina era simpatizante de la coalición proetarra y que HB colaboraría en la organización del funeral. La familia desmintió inmediatamente que existiese ninguna vinculación de Luis con los proetarras, por lo que HB tuvo que aclarar que la víctima no tenía ninguna relación con ellos.

El 23 de septiembre, ETA se atribuyó el asesinato de Luis en un comunicado publicado por el diario Egin, en el que calificaba de “equivocación y error irreparables” el atentado, por lo que hacían “la más seria y sincera autocrítica”. La causa de la confusión se debía, según ese comunicado, a que un policía nacional tenía el mismo nombre que el pescadero, extremo que desmintió de forma tajante la Jefatura Superior de Policía de Bilbao. Chapuza tras chapuza de una banda chapucera y asesina.

El motivo real del error, según cuenta José María Calleja en su libro La diáspora vasca (Aguilar, 1999), es que la banda asesina habría confundido a Luis Reina, el pescadero, con el propietario de un concesionario de coches y motos de Bilbao, también apellidado Reina, que sí había recibido amenazas del entorno proetarra por vender coches a policías y responsables del Gobierno civil de Vizcaya. Tras las amenazas, Reina habría hablado con dirigentes batasunos para pedir explicaciones y para que le garantizasen que ETA no atentaría contra él. Habló, entre otros, con Txomin Ziluaga, que le prometió “tratar su caso para que no le pasara nada, consciente de que este hombre no merecía un atentado”. Acudió, además, a Txema Montero, abogado de HB, que le garantizó que no le pasaría nada, y a Jone Goirizelaia, también abogada de la coalición proetarra, que le contestó que si “la organización” le había amenazado, era porque algo habría hecho. Cuenta Calleja que, pocos meses después de estos contactos, se produjo el asesinato de Luis Reina Mesonero, y que el propietario del concesionario se marchó del País Vasco.

Luis Reina Mesonero tenía 61 años y era propietario de una pescadería en el mercado de Abastos de Bilbao, ciudad en la que había nacido. Estaba casado y su mujer llevaba veintisiete años impedida en una silla de ruedas. El matrimonio tenía un hijo de 25 años que, desde que Luis sufrió la embolia, había pasado a hacerse cargo del negocio de la pescadería.

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