Alsasua
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OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ
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Lo que ocurre en la localidad navarra de Alsasua, perteneciente a la merindad de Pamplona, es de extrema gravedad. Esta población, de apenas 7.419 habitantes, se ha convertido en un pueblo sin ley y en un aquelarre (“Prado del macho cabrío”) de la izquierda radical abertzale. Vamos, en territorio de pro etarras amparados por la aquiescencia del gobierno regional y del gobierno socialista del Reino de España.

Desde 2010 se viene celebrando, con permiso de las autoridades gubernamentales, la fiesta del Ospa Eguna (“Día del adiós”), que no es sino la “Fiesta del Odio” hacia la Benemérita Guardia Civil y todo lo que represente al estado español. Este año se han superado en todo lo que el estado de derecho puede permitir, con el beneplácito de la Fiscalía de Navarra. El pasado 29 de agosto los actos de exaltación del terrorismo, la apología de la violencia y la incitación al odio se pusieron en escena, con gran derroche de medios, vulnerando el artículo 150 del código penal al no reconocerse la celebración como acto de odio. El delegado del gobierno en la Comunidad Foral, el socialista José Luis Arrasti Pérez, lo mismo que la presidenta regional, María Victoria Chivite Navascués, del PSN-PSOE, aupada al poder con el apoyo de los radicales, consintieron un espectáculo repugnante y deleznable. Bajo el eslogan “Vosotros sois el virus”, se profirieron todo tipo de soflamas y discursos que apelaban al enaltecimiento de la violencia. Las escenas de quemas y hogueras, con figuras alusivas a la Guardia Civil, se permitieron con la pasividad impuesta a las Fuerzas del Orden Público. La enseña nacional también fue objeto de la ira los energúmenos alsasuarras y otros terroristas llegados a la localidad.

Tres grandes motivaciones inspiraron la celebración: la expulsión de Navarra de la Guardia Civil y de sus familias; el homenaje a los terroristas de de la banda criminal y sus históricas reivindicaciones; y el apoyo a los tres jóvenes abertzales condenados “dulcemente” por las agresiones sufridas, en 2016, por un teniente y un cabo del Benemérito Instituto Armado, quienes en compañía de sus novias, fueron atacados cobardemente, como siempre, por unos salvajes. El ensañamiento, la brutalidad y la violencia protagonizada no fue sancionada por delito de odio, y sus condenas fueron sensiblemente reducidas a delitos de agresión y poco más. La impunidad que siente el mundo batasuno radical  es evidente y, en consecuencia, muchos más episodios como los vividos se sucederán en el tiempo. Los colectivos de víctimas del terrorismo ya han manifestado su desacuerdo y rechazo a la permisividad que manifiesta la indiferencia e indolencia gubernamental. Como ciudadano español siento asco y profunda animadversión.

¿Cómo entender tanta complicidad socialista? Pues está claro, el gobierno social-comunista de la Moncloa está inmerso en las negociaciones con la marca blanca de ETA, EH-Bildu, no solo para la aprobación de los Porsupuestos Generales del Estado, también para cualquier iniciativa parlamentaria que requiera de sus apoyos. Por otra parte, la señora Chivite se alzó a la presidencia regional con el apoyo de los 9 votos de Geroa Bai, Podemos (2), Izquierda-Ezkerra (1) y la abstención de cinco de los ocho diputados de EH-Bildu. Es decir, con todo el repertorio de las fuerzas anti españolas pese al triunfo de Navarra Suma, que obtuvo 19 parlamentarios. Por tanto, el escándalo es mayúsculo y la responsabilidad de Pedro Sánchez es clara en este dislate y burla al imperio de la ley, a la memoria de las víctimas de la banda criminal, y a la dignidad de la Guardia Civil y sus familias.

Los episodios de odio, violencia, amenazas e intimidaciones se vienen aceptando con toda normalidad para vergüenza nacional. Durante este fin de semana, las hordas de los cachorros de ETA, han sembrado de terror y caos Alsasua, convirtiéndolo en un auténtico campo de batalla. El acoso a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (Policía Foral, Policía Local y Guardia Civil, sobre todo) ha sido obsceno, execrable y merecedor, no ya de la habitual condena que queda en nada, sino en la persecución, detención, enjuiciamiento y sentencia de cárcel para sus protagonistas. No cabe otra respuesta.

Pero ¿Qué lugar es ése en el que los bárbaros campan a sus anchas? Los resultados electorales lo dicen todo. El alcalde, Javier Ollo, ha sido elegido bajo las siglas de Geroa Bai (“Sí al futuro”), que es una coalición integrada por el nacionalismo radical del PNV (Partido Nacionalista Vasco), Zabaltzen y Altarrabia Taldea. Una coalición que surge después del fracaso de reeditar la coalición Nafarroa Bai, integrada por Eusko Alkartasuna, Batzarre y Aralar, marcas muy sensibles al mundo pro etarra. En total, diez de los trece concejales electos, los otros tres son de EH-Bildu. Como ven un mundo abertzale que ahoga a los partidos nacionales.  Pero es que, en las últimas elecciones generales, celebradas el año pasado, la victoria fue para EH-Bildu con 1225 sufragios, a los que habría que añadir los 426 de Geroa y los 721 de los “comprensivos” podemitas. El PSOE cosechó 821 sufragios, Navarra Suma 417 y Vox 103. ¿Qué se puede esperar entonces? Odio por descontado, pero en ningún caso la claudicación y el abandono del territorio a su desgraciada fortuna. Allí viven españoles de bien que, con horror, padecen a diario a los acólitos de los asesinos. El estado de derecho, basado en el imperio de la ley –se supone-, debe actuar garantizando la libertad y la seguridad de los ciudadanos. Pero, por supuesto, igual que en cualquier otro territorio español, no puede consentir una auténtica limpieza ideológica a costa del miedo y la privación de elementales derechos. Entre ellos, el más importante, el derecho a vivir. Alsasua, “territorio sin ley”, debe ser recuperada.

TODAS LAS MASCARILLAS CON LA BANDERA DE ESPAÑA