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OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ
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Qué sabias palabras las que dedicó ese legendario personaje, que sin duda alguna hizo Historia en nuestro país de la pluma de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha a su escudero Sancho Panza:

Querido Sancho: Compruebo con pesar, como los palacios son ocupados por gañanes y las chozas por sabios. Nunca fui defensor de los reyes, pero peores son los que engañan al pueblo con trucos y mentiras, prometiendo lo que saben que nunca les darán. País este, amado Sancho, que destrona reyes y corona piratas, pensando que el oro del rey será repartido entre el pueblo, sin saber que los piratas solo reparten entre piratas.

El mensaje se ha clonado retuit tras retuit en la red con la marcha de España del rey emérito D. Juan  Carlos, perseguido por la presión política y mediática de quienes tienden sus redes y no escatiman en críticas maliciosas e interesadas. Su salida no es voluntaria ni casual; supone un avance más en esa estrategia taimada de destruir la Corona y el régimen de monarquía parlamentaria que rescató de la dictadura franquista a aquella España que fue y que ya no es.

El monarca que se peleó con el destino en situaciones en las que hubo que sacar fuerza de flaqueza, es  tratado ahora con un desdén que no deja lugar a réplica. No admiten disculpa algunas cuestiones que inducen a la reflexión entre el poder y el deber, entre la moralidad y la legalidad; pero aún con todo y con eso mantengo mi fidelidad a la presunción de inocencia porque uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario y en ningún caso debe invertirse la carga de la prueba. Sin obviar que la monarquía ha sido siempre garante de estabilidad económica y social; de prosperidad y equilibrio entre derechos, deberes y libertades.

No podemos albergar la esperanza de salir indemnes de esta crisis y no me refiero a la del coronavirus. Porque ésta no es la España de siempre. Ésta es la España que aloja a asesinos en el Parlamento; la España en la que decide la tiranía de las minorías; en la que se sataniza a cristianos y se compadece a yihadistas; en la que prima la connivencia con dictadores corruptos; la España en la que se protege a cualquiera que insulte a Dios y a la patria; la que ataca a los toreros por crueles pero asiste al degollamiento público de corderos; la que pide medidas cautelares para el rey emérito mientras etarras que han asesinado vilmente están en sus casas disfrutando de una libertad que nunca tendrán aquellos a quienes les arrebataron la vida. Ésta es la España que cede al chantaje de los independentistas radicales y que se vende a los nacionalistas excluyentes por un plato de lentejas.

Mientras tanto, los españoles de a pie hemos de presenciar escenas indignas y lecciones de ética y moral de quienes subestiman el daño que hacen al país. Pablo Iglesias, impulsivo en sus defectos y con su talento especial para agriarle el día a cualquiera, es capaz de elevar su inconsciencia a la enésima potencia y manifestar que la decisión del rey es una huida en un acto de cobardía sin llegar a entender -su retorcido intelecto ideológico no se lo permite- que D. Juan Carlos ha optado, en su empeño -supongo- de ser justo, por soportar sus miserias en silencio en un intento cauteloso de apartarse de toda cuestión que enturbie a la Corona y, especialmente, de marcar distancias con su hijo el rey Felipe VI.

El socio de Sánchez, cada vez más Iglesias y menos socio al menos en cuestiones de Estado, presa de una excitación febril, se erige en guardián de la moral y se enroca en que el rey debe permanecer en España y dar la cara ante presuntas corruptelas, respirando su ideario antimonárquico por los cuatro costados en su apuesta por derogar el régimen del 78. Un individuo que entiende y mucho de cajas B, de sobresueldos, de financiación procedente de dictaduras y de falsas acusaciones se permite el lujo de juzgar sin respetar el quehacer de la Justicia y anteponiéndose a ella. Es lo que tiene esto de los juicios paralelos amplificados por algunos medios de comunicación que sirven como ariete, como en tantas ocasiones, para pretender poner y quitar rey. Con razón Sánchez dijo que si pactaba con Podemos no podría dormir tranquilo; ahora debe padecer un insomnio incurable porque tiene más frentes abiertos que  Caín y Abel en tiempos de paz. Otra cosa es que la sangre no llegue al río porque uno quiere seguir siendo presidente a toda costa y otro tiene que pagar la hipoteca de su casa de Galapagar con un sueldo que es poco para vivir y demasiado para morir.

Claro que la Historia se repite¡ cuando más de un Borbón tuvo que salir del país se instauró la República y con ella los períodos más convulsos, de mayor inestabilidad política y económica y de mayor índice de conflictividad social que siempre desembocó en hambruna y en la más mísera miseria.

Mientras tanto, el rey Felipe VI, aquejado de desagradables contratiempos, se muerde -supongo- los labios cada día para no decir ni hacer nada desatinado; la desgracia vino a su encuentro de la mano de un PSOE que optó por pactar con la izquierda más radical que aspira, sin lugar a dudas, a instaurar una República en España.

Si la razón se aviene a razón, en ningún modo podemos estar dispuestos a callar; debemos oponer una resistencia obstinada; no podemos andarnos con paños calientes; salta a la vista que hemos vivido tiempos mejores pero también que si nadie ni nada lo remedia podemos vivir otros mucho peores. Entre otras cosas, al final, el rey Felipe VI tendrá los días contados, no por la admisión de culpa mutua o porque haya de exiliarse forzosamente, sino porque ya no quedará rastro de aquella España que coronó a D. Juan Carlos y a él mismo.