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OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ
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Se dice que el verano es tiempo de poner a punto proyectos y sueños para “la vuelta de vacaciones, con las baterías cargadas” y se utiliza ese tiempo de descanso para recordar cosas pasadas y tratar de ver errores cometidos y “no recaer en ellos en el reinicio de la actividad”. Y no faltan entre los más jóvenes quienes piensan que recordar es “cosa de viejos”, para los que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero sólo el futuro -ese gran desconocido que depende en buena parte de cómo se desarrolló el pasado y se ponga en práctica el efímero presente- es lo importante. A partir de ahí, se me ocurrió escudriñar mi archivo, cargado de reflexiones y vivencias, intentando encontrar alguna explicación coherente sobre lo que sucede y ya se veía venir hace diez años y más -no publicaba en ningún medio pero compartía a veces en Facebook lo que escribía, única red social que yo conocía entonces-. Fue cuando empecé a tener más tiempo y a preocuparme más por la política debido a la crisis económica que en España se empezó a sufrir en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, un año después de que estallara la crisis de las hipotecas subprime -Agosto 2007-, que hundió nuestra economía y en concreto el sector en el que había desarrollado la mayor parte de mi vida profesional, el cemento. Hundimiento que se acrecentó en España por unas decisiones retrasadas y una pésima gestión ¿nos suena?

Escribía en 2010 “La perversión del Sistema”, que empezaba con este párrafo: “Decía Montesquieu que ‘EL PODER debe controlar al PODER para que no abuse del PODER’, es decir que el PODER -JUDICIAL-, debe controlar al PODER -EJECUTIVO (Gobierno)-, para que no abuse del PODER -LEGISLATIVO (Parlamento)”. ¿Qué podemos decir de esto diez años después? Hoy, el PODER EJECUTIVO -de nuevo socialista- con sus socios “listos” controla y abusa permanentemente del PODER LEGISLATIVO (Parlamento) -lo hemos visto especialmente con la sobreproducción de reales decretos leyes en el BOE durante el estado de alarma-, sin que el PODER JUDICIAL -en parte también controlado por el EJECUTIVO, parece- haga mucho por remediarlo ó, al menos, esa sensación da muchas veces, con sentencias “comerciales”, que no convencen a casi nadie (11-M, “Procés”…) o plazos eternos (la Justicia fuera de tiempo puede ser ya una injusticia) y las indebidas transferencias de ciertas competencias a las taifas autonómicas hacen el resto.

Decía también entonces que estábamos ante “un sistema pervertido y perverso”, que empezaba por “una malísima Ley electoral”, que sigue sin modificarse diez años después -ni se hizo antes, que se pudo y se debió hacer- porque parece que ninguno de los dos grandes partidos que han gobernado, con mayoría absoluta en algunas ocasiones, han tenido a bien plantearse la no dependencia de los nacionalismos minoritarios, no ya cambiando el sistema de recuento que la Ley D’hont contempla -muy malo cuando aparece el multipartidismo divisorio- ni pasando al sistema anglosajón de circunscripciones unipersonales, en mi opinión más justo, o a uno mixto, sino simplemente estableciendo un límite de voto a nivel nacional del 5% -o al menos del 3% – y evitar la desproporción que produce la concentración en muy pocas provincias del voto nacionalista -hoy separatista-.

Terminaba esa reflexión con un deseo que no sólo no se cumplió sino que derivó en mucho peor: “No queremos ‘profesionales DE la Política’ sino ‘buenos profesionales EN la Política (los mejores, a ser posible)’. ESPAÑA no se merece el Gobierno que tiene, aunque muchos españoles lo hayan votado en las últimas elecciones”. ¿Qué decir hoy cuando el tándem “Plagio cum Fraudillo-blindado de Galapagar”, supera con creces la mediocridad -y maldad- que padecíamos por aquella época con el de la “Champions League de la economía”, defensor de la Alianza de Civilizaciones de su amigo turco, “reconquistador” de la Basílica de Santa Sofía para el culto musulmán?

También por entonces, Joaquín Leguina lo decía alto y claro en su libro “El duelo y la revancha: los itinerarios del franquismo sobrevenido”, denunciando los intentos de esa “nueva” izquierda -lo de “nuevo/a” no es nuevo, valga la redundancia- que surgió con la llegada de José Luis Rodríguez al PSOE en el Congreso del 2000, cuando los clásicos lo apoyaron para evitar que llegara José Bono “bolsillos de cristal” y posteriormente a Moncloa desde Atocha: “Padecen un antifranquismo sobrevenido que busca deslegitimar la Transición… en elPSOE actual, el rigor intelectual brilla por su ausencia”. Parece que la reedición en forma de “clon Falcon”, no hizo sino empeorar la previsión.

También en Diciembre de 2010, The Wall Street Journal publicaba esto de José Mª Aznar: “Allá donde voy la gente me pregunta: ¿Cómo es posible que en sólo unos años España haya pasado de ser el <milagro económico de Europa> a ser el <problema de Europa>?”… y, continúa, “…la falta de confianza en España es el resultado de la carencia de credibilidad de su Gobierno”“El Gobierno ha roto la composición del Estado y provocado un crecimiento sin precedentes del gasto público”, “sólo un nuevo Gobierno puede recuperar la credibilidad, y eso requiere elecciones generales”. ¿De verdad pasaron diez años? Claro que surgían -entonces y ahora y entre otras muchas- las preguntas  de por qué no hizo las reformas que ya pedía y necesitaba España con su mayoría absoluta de 2000; por qué no aplazó las elecciones de 2004 con un pueblo en estado de shock por el brutal atentado del 11-M, que cada día parece más claro que se produjo para iniciar un cambio de régimen; o por qué eligió a quien eligió como sucesor, al que también le valdría la primera pregunta anterior cuando llegó en 2011, fruto del hastío de los españoles por el desastre económico, social y moral de la etapa ZParo. Y tomando prestada la última declaración de Aznar a TWSJ que citaba, es claro que se “requieren unas nuevas elecciones” y en el actual panorama político español solo hay una alternativa capaz de liderar una acción ganadora si las divisiones, ambiciones y deseos de venganza no lo impiden de nuevo. Lo que si se diera, me lleva a pedirle a Pablo Casado que, en esta ocasión -como le he pedido en mis reflexiones, comentarios y artículos desde hace muchos años al propio Aznar y a Mariano Rajoy, empiece por levantar alfombras y de inmediato inicie los trámites necesarios para abordar las reformas estructurales que España necesita: Ley Electoral, Ley de Partidos que ilegalice los enemigos de España -como ocurre, reforma del Poder Judicial que garantice una auténtica separación de poderes y, prioritariamente, una reforma en profundidad de la Ley de Educación, recuperando la competencia para el Estado y con el esfuerzo y el mérito como principios básicos y una única Historia porque como yo mismo comentaba hace unos días en Twitter, “la estupidez del nacionalismo retrógrado sólo es comparable con la permisividad que se ha tenido con ellos, cediéndole la capacidad adoctrinadora a través de una educación que nunca debió salir de las competencias del Estado y que les ha llevado a este nivel de estulticia”. Y añado algo que en otro de mis artículos de esas fechas, que titulaba “Crisis de Estado”, preguntaba ingenuamente ¿por qué si, como es evidente, se trata de una CRISIS DE ESTADO, con mayúsculas, no interviene directamente el JEFE DEL ESTADO, con los instrumentos que tenga en su mano, para forzar “como sea” la regeneración del Sistema? Porque si entonces la situación ya era grave, hoy se confirma mucho peor, ya en el poder un gobierno socialcomunista que, vuelvo a repetir, unos votaron, dejándose engañar por falsas promesas; otros -nacionalistas de uno y otro signo- apoyaron viendo factible lo que sus antecesores de otras épocas intentaron; y otros -a los que les pudo una añoranza extemporánea o la vísceralidad del descontento justificado que se impuso a la razón práctica que la  situación requería- propiciaron, junto a la división alimentada por el inconsistente gobierno socialista que diseñó muy bien la jugada que convenía a un tan ambicioso como vengativo personaje, de cuyo nombre no quiero acordarme. Y es que una viñeta que circula por las a veces ingeniosas redes sociales nos resume los tres principales “logros” de este desgobierno socialcomunista bolivariano: “Desenterrar a Franco”, “Desterrar al Rey Juan Carlos I” y “Enterrar -de momento intentarlo firmemente- a España (con miles de muertos, economía derrumbada y democracia destruida)”. Esto último está todavía en nuestras manos impedirlo, si nos unimos de verdad los que, aunque divididos y con legítimas diferencias ideológicas, seguimos queriendo una España fuerte y unida.

Y si en España con la “Nueva Normalidad” que nos quieren vender, la cosa pinta mal, en el mundo con el “Nuevo Orden Mundial”, su matriz, no andan mucho mejor y como vengo también repitiendo cada vez que viene al caso, sólo nos queda en Occidente que no haya cambio en los USA de Donald Trump, única y última esperanza para Occidente y sus principios inspiradores del Humanismo Cristiano. Una victoria demócrata complicaría mucho el panorama, aunque Joe Biden no parezca de tan alto riesgo como su exjefe, Barak Obama ni mucho menos como su intento de clon al otro lado del Atlántico, ZaPatero, la otra “pata” del “próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta”, que anunciara la sin par Leire Pajín allá por 2009 poco antes de que este último asumiera la Presidencia de turno de la Unión Europea.

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1 Comentario

  1. Algunos políticos españoles de varios partidos,ya pueden ir preparando las maletas para emigrar a una cárcel federal de los EEUU, alguno quizás termine con sus huesos en Guantánamo y se le va a borrar esa sonrisa que lucen.

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