Residencias
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A veces es excesivo decir que, los sexagenarios de hoy nada tienen que ver con los de hace unas décadas, la esperanza de vida en 1960 era de 69 años; hoy es de 83 y los criterios hasta ahora utilizados para considerar a una persona mayor, es verdad, ya no se corresponden con la imagen real con la época actual. Hay ancianos, muchos ancianos, el cual me meto en este contexto, puesto que me gusta más que la palabra mayor, ca uno es ca uno. ¿Verdad, querido Gabriel?  tenemos tantas ganas de vivir y amamos nuestro tiempo, claro, siempre hay excepciones que no se reflejan con la realidad. He querido dejar en este escrito la palabra anciano, para comentar sobre las residencias de mayores y ancianos y como dicen algunos de esa llamada, tercera edad.

Yo he sido testigo de un centro, llamado Residencia de Ancianos Jesús Nazareno en la ciudad de Córdoba, como lo ven, cifra la palabra anciano en su nomenclatura, en ella he estado día a día durante cinco años visitando este centro para cuidar y atender y para hacerle compañía a un excelente querido amigo que, desde niños hemos estado siempre juntos. Con esto de la pandemia del Covid-19 se les está juzgando a estas residencias con demasiada frivolidad, no todas son iguales, sin embargo, en la mayoría, me atrevo en decir, son admirables en todos los sentidos, bien es verdad que cada una de estos centros de ancianos pudieran diferir unos de otros según sus prestaciones, tanto en asistencias como en servicios. Se está hablando mucho y posiblemente dejando en entredicho a muchas de estas residencias. En muchas de estas, tienen médicos durante todo el día, profesionales sanitarios, psicológicos con fisioterapeutas y como he dicho con toda clase de servicios y valores para estos ancianos que, en su mayoría, son enfermos de múltiples etiologías. Y, sin despreciar al personal auxiliar merecen el reconocimiento de una persona que lo ha vivido durante estos años mencionados.  Bien es verdad, lo hemos visto este martes, una, al parecer enfermera o auxiliar en una residencia maltratando a una anciana, metiese con ella de manera frívola e inquieta a una señora, impropia de una empleada, bien sea auxiliar como personal de enfermería, dejando por ello, a las demás residencias en mal lugar. No es justo el proceder de tantas retahílas baratas, dejando en entredicho al resto de honorables residencias, las cuales las hay en cualesquiera de las residencias en toda España. Me sabe mal que se acorralen y menoscaben ahora a estos centros-residencias de ancianos, también llamadas de mayores que, a consecuencia de esta pandemia, podría ser que se haya dejado en celo a estos residentes con algunas fallas, e incluso dejadas de la mano de Dios, por organismos competentes que, en esta publicación, no viene al caso.

A raíz de todo este tinglado han salido formaciones en defensa de los enfermos, donde a rio revuelto, ganancias de pescadores, donde al parecer podrían hincar el diente que, como siempre los hay muy avispados. No quisiera dejar de comunicar lo que dice respecto al vocablo de anciano la catedrática de Lengua Española de la universidad de Salamanca, María Jesús Mancho “la palabra viejo no llega a ser un insulto, pero tiene unas connotaciones «tremendamente negativas”. En su opinión, el anciano es una persona con más edad que el viejo, pero es un término “más noble”. Se entiende que puede tener un desgaste, pero no se pone el foco en ese matiz. Dejemos fluir el tiempo que, como dice mi amigo Gabriel, lo cual asienta este pregonero, con la palabra anciano, genera virtud, sabiduría entre otras muchas definiciones. El Papa Francisco dice: Donde no se honra a los ancianos, no hay futuro para los jóvenes.