Hispanoamericano
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Un hombre obligado a nacer fuera de su Patria, pero en contacto directo con sus raíces y con su pueblo. Un hombre que fue educado para reinar desde su tierna infancia, aunque dolorosa y sin exentas de dificultades. Un hombre que casó y que luego formó una familia con todo el amor y formación que se podía en esos momentos. Momentos arduos y de incertidumbres.

Un hombre que fue (y sigue siendo) clave en la historia reciente de nuestro país. Una España crispada y adolorida; su talante, disposición, ingenio, ejemplaridad y visión crítica permitió que durante la Transición fuera lo más sutil y duradera posible, al convertirse en Jefe de Estado en aquel otoño de 1975. No bastaría solo ello, también como procurador de la actual Constitución de 1978, nos concedió superar barreras y posicionarnos en lugares principales dentro de la posguerra europea. Finalmente, este hombre, nacido para ser recordado, pero sobre todo, nacido para estar al servicio de todos y cada uno de los españoles, evitó un golpe de Estado, la división de Comunidades y las crisis económicas.

Ese es Juan Carlos I de Borbón, el Rey de España: nuestro rey. Un hombre que supo no sólo enseñar las bondades que posee este país, sino también de fomentar lazos y amistades con aquellas naciones históricas-culturales. Del cual, tierra donde pisaba, tierra que se le respetaba. Un hombre que abdicó en favor de su hijo en 2014 y que será recordado como el Rey Hispanoamericano.

Si bien al finalizar el reinado de Su Majestad, ha habido comentarios negativos contra él, no deja de perpetuar en las páginas de los libros de Historia, así como también en la memoria de cada uno de nosotros, que su paso fue fundamental y trascendental para la creación y reconstrucción de una Nación. Un país, cuya forma de Estado es una Monarquía Parlamentaria, permitiendo tener las virtudes de un sistema perfectamente democrático bajo la figura de un hombre preparado e ilustrado. Como bien dice el artículo 1 y 56 de la Constitución: el Rey es símbolo de unidad y permanencia, que arbitra y modera el funcionamiento de las instituciones y asume la más alta representación del Estado en las relaciones internacionales, bajo una Nación social y democrático de Derecho.

Juan Carlos constituye el modelo de fortaleza y estabilidad en el presente, un hombre admirado por sus gestiones y acciones en el pasado (incluso para los republicanos y los más críticos), y una persona a inmortalizar para el futuro, cuyo hijo don Felipe VI ha sabido sacar lo mejor de él y continuar su legado bajo una perspectiva de tradición y modernismo adaptado a los tiempos actuales. Un individuo que ha estado desde su nacimiento al servicio de su Patria y el de los demás y que, ahora alejado de toda actividad institucional -debido entre otras, a su avanzada edad-, sigue trabajando por nosotros, por España y por Hispanoamérica. Ese ese el Borbón que admiro yo.

 

*Un artículo de Gonzalo Lafuente Díaz-Ripoll, Miembro de la Unión Monárquica de España (U.M.E.)