¡¡ÚNETE A EL DIESTRO!! COLABORA DESDE PATREON
OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ
SÍGUENOS EN TELEGRAM

En fecha de 27 de diciembre de 2007, se publicaba en el BOE la infausta ley 52/2007 de 26 de diciembre por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, también llamada “Ley de Memoria Histórica”.

Esta ley que solo ha traído la desgracia a España desde que fuera promulgada, sino que además,  ha causado tristeza, dolor y sufrimiento moral a una gran parte de la población española y no olvidemos que dicha ley fue sancionada por Juan Carlos I, Rey de España, y en el preámbulo de esta norma se dice:

“… A todos los que la presente vieren y entendieren.

Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado y Yo vengo en sancionar la siguiente ley…”

Quien promulgó esta ley, se ha convertido en víctima de ella y todos los que votaron en el congreso de los diputados a favor de esta ley, son cómplices de las consecuencias de la misma. El PP votó, junto a comunistas y separatistas,  a favor de siete preceptos del dictamen, los mismos que apoyó en la Comisión Constitucional, entre ellos los referidos a la “despolitización” del Valle de los Caídos y a las ayudas a las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. En resumen, por medio de esta ley se sataniza a Francisco Franco y a toda su obra, incluida la monarquía nacida del régimen del 18 de julio y la Transición Española de la cual nace el régimen de 1978.

Juan Carlos I, fue sucesor a título de rey del Jefe del Estado, Excmo. Sr. Don Francisco Franco Francisco Franco Bahamonde. Fue elegido por el Generalísimo, entre otros candidatos de la dinastía borbónica con mayor legitimidad, como heredero en la jefatura del Estado y amamantado en las ubres del Caudillo. 

Juan Carlos I teniendo a Dios por testigo, juró ante el pueblo español, los Principios Generales del Movimiento nacidos de la Victoria en la Cruzada de Liberación conseguida tras el Glorioso Alzamiento Nacional del 18 de Julio de 1936, al que el padre de Juan Carlos I, Don Juan de Borbón, quiso sumarse como combatiente contra el comunismo y contra los enemigos de España, vestido con un mono azul y una boina roja carlista.

Juan Carlos I, al firmar la ley de memoria histórica, asumía como propias las intenciones de esta norma legal, entre las que se encuentran la destrucción de la legalidad nacida del régimen del 18 de julio, del cual él era el Rey, de los símbolos y de las instituciones nacidas del régimen de franco.

Juan Carlos I, cuando promulgó esta ley, no evalúo las consecuencias de su entrada en vigor, no tuvo la visión histórica necesaria para vislumbrar que estaba firmando su exilio y la abolición de la monarquía y tal vez, el fin de España. Para quién no conozca el preámbulo de la ley, obviando lo referente al Valle de los Caídos en su artículo 16, Juan Carlos I fue capaz de firmar sin pestañear una ley que le arrancaba su legitimidad para reinar tanto a él como a sus sucesores y a la larga, esa norma legal,  extirparía, tal vez para siempre, a la Corona de España de la historia venidera y la monarquía dejaría de regir los destinos de nuestra patria. 

Juan Carlos I cuando firmaba la ley, hacía suyo este preámbulo:

“… Es la hora, así, de que la democracia española y las generaciones vivas que hoy disfrutan de ella honren y recuperen para siempre a todos los que directamente padecieron las injusticias y agravios producidos, por unos u otros motivos políticos o ideológicos o de creencias religiosas, en aquellos dolorosos períodos de nuestra historia. Desde luego, a quienes perdieron la vida. Con ellos, a sus familias. También a quienes perdieron su libertad, al padecer prisión, deportación, confiscación de sus bienes, trabajos forzosos o internamientos en campos de concentración dentro o fuera de nuestras fronteras. También, en fin, a quienes perdieron la patria al ser empujados a un largo, desgarrador y, en tantos casos, irreversible exilio. Y, por último, a quienes en distintos momentos lucharon por la defensa de los valores democráticos, como los integrantes del Cuerpo de Carabineros, los brigadistas internacionales, los combatientes guerrilleros, cuya rehabilitación fue unánimemente solicitada por el Pleno del Congreso de los Diputados de 16 de mayo de 2001, o los miembros de la Unión Militar Democrática, que se autodisolvió con la celebración de las primeras elecciones democráticas.

En este sentido, la Ley sienta las bases para que los poderes públicos lleven a cabo políticas públicas dirigidas al conocimiento de nuestra historia y al fomento de la memoria democrática…”

Juan Carlos I, no fue capaz de leer entre líneas la “ley de memoria histórica” y sentó, con su firma, las bases para el fomento de la memoria “democrática”, de la memoria marxista que no olvidaba que la monarquía que Juan Carlos I representaba, era la última institución viva creada por Franco y por lo tanto, había que destruirla.

La actual monarquía parlamentaria, no calibró el riesgo que para la corona suponía desenterrar a Franco sin honores y esconder su cuerpo y su memoria para que estuviera fuera de los ojos y del corazón de los españoles y consintió, en silencio, que quién fuera el artífice de que Juan Carlos I fuera rey, fuera humillado, ya muerto, por los mismos enemigos a los que combatió para expulsarlos de España e instaurar de nuevo la monarquía.

Así medio siglo después de la muerte de Franco, las cuitas entre la Iglesia, el Gobierno y la oposición aparecieron también en la convalidación del Real Decreto Ley aprobado por las cortes donde se aprobaba exhumar a Franco. El PP y Ciudadanos se abstuvieron en esa votación. Ni Juan Carlos I, ni el PP ni Ciudadanos se percataron de que exhumando a Franco, se enterraba a la monarquía con su propia complicidad.

Juan Carlos I olvido, que con su silencio ante esta tropelía, se enterraba de nuevo a Franco, pero esta vez con deshonor, lo que significaba su propio deshonor. Olvidó, que quién le nombró su sucesor a título de Rey, había dado en su testamento político a los españoles, la última orden como Generalísimo: “Por el amor que siento por nuestra Patria, os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, Don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado  y le prestéis, en todo momento el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido…”. Y los españoles la cumplieron.

Juan Carlos I no quiso obedecer el mandato que el viejo general en su lecho de muerte le daba: “No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y deponed, frente a los supremos intereses de la Patria y del pueblo español, toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened al unidad de las tierras de España exaltando la rica multiplicidad de las regiones como fuente de fortaleza en la unidad de la Patria…”

Juan Carlos I, muerto Franco, pronto olvidó la afirmación que realizó en una entrevista grabada en el año 1969: «Para mí es un ejemplo vivo, día a día, por su desempeño patriótico al servicio de España, y además le tengo mucho afecto y admiración».

Juan Carlos I negocio con los enemigos de España, legalizó al Partido Comunista y se trajo de Rumanía a un fugado de la justicia española para que domesticara a un PCE clandestino a cambio de que sus conmilitones le reconociesen como rey. Juan Carlos I negoció la entrega de la ciudad de Melilla a Marruecos, intentando desmembrar nuestra patria y Juan Carlos I permitió que Zapatero negociara con la ETA, a cambio de que le permitieran seguir realizando sus negocios sin molestarle, pero olvidando que los enemigos de España y de la monarquía que él representa, le guardarían esa carta y con intrigas aprovecharían el momento, para atacar a su persona y conseguir su exilio.

Don Juan Carlos I ha olvidado que los mismos que ahora piden su cabeza, son los mismos que él sacó de la clandestinidad. Es el Partido Comunista de España, en coalición con Podemos, a través de Izquierda Unida, quién pide la abolición de la monarquía y la abdicación de su hijo, para instaurar una república totalitaria y bolchevique.

Juan Carlos I no ha tenido en cuenta que sus actos y conversaciones se grababan celosamente por unos servicios secretos que ahora están en manos de los mismos que piden su cabeza y que tienen en sus manos todos sus secretos a voces, sus aventuras filmadas y su prestigio debajo de sus botas.

Juan Carlos I creyó que poniéndose de perfil con los gobernantes, le permitiría seguir haciendo negocios sin consecuencias, abrir cuentas con testaferros sin que se auditaran sus ganancias y dar rienda suelta a su vida personal, sin que nadie le pasara factura. Todos sus amigos de la época de esplendor, están o han estado en la cárcel por corrupción y los que no lo han estado, es porque se han librado de la prisión,  a causa de tremendos escándalos judiciales. Juan Carlos I intuye ahora, que está sólo. Su hijo también.

Juan Carlos I creyó que cobrar comisiones por sus gestiones personales, sería tenido en cuenta como un acto de servicio a la nación y a la Corona, pero olvido que, como dijo el General, los enemigos de España siempre están alerta y ahora  se han lanzado cómo hienas, cuando España y la monarquía se encuentran más débiles y solas que nunca.

Juan Carlos I abandonó a sus hermanos de armas y les traicionó un lejano 23 F, para permitir que los enemigos de España y del Ejército Nacional, desmantelaran el ejército de la Victoria con la excusa de depurarlo de golpistas. Ahora no le quedan fieles y leales que estén dispuestos a dar ni una gota de su sangre por él y por la monarquía que languidece.

Juan Carlos I no ha pensado nada más que en su fortuna y en su Bribón y no se ha percatado de que cuando le atacan, no atacan a su persona, sino que él es la simple excusa de los enemigos de nuestra patria para derrocar la monarquía y hacer abdicar a su hijo, el Rey Felipe VI. El objetivo de sus enemigos, no es él mismo, es el Rey y es España.

Juan Carlos I ya ha vuelto al exilio, de donde vino. Como les ha sucedido a otros tantos de sus antepasados, el exilio es una maldición que les persigue a los sucesores de Carlos IV y de María Luisa de Parma. Juan Carlos I llegó desde Estoril con una mano delante y otra detrás, con un traje raído que hubo de cambiarse para presentarse dignamente vestido ante Franco y ahora se va con una fortuna de más de 2.000 millones de dólares según la revista Forbes. 

Si vuelve a Estoril, será coherente y retará al gobierno de Sánchez al equipararle con la odiosa dictadura. Si se va a las inmensas playas de la República Dominicana, significará que evita mantener un pulso con el gobierno comunista de Sánchez. Él sabrá lo que hace.

De nuevo la suerte de la monarquía está unida a la suerte de España. Nunca los enemigos de nuestra patria lo tuvieron tan cerca. Ahora sólo hay que ver si el pueblo español está dispuesto a defender a Felipe VI y el rey a luchar por la Corona y por nuestra patria.

Concluyó con el juramento que hice ante Dios, y cumpliré por mi honor, aquel ya lejano día en el que besé a mi bandera:

«¡Soldados! ¿Juráis por Dios o por vuestro honor y prometéis a España, besando con unción su Bandera, obedecer y respetar al Rey y a vuestros Jefes, no abandonarles nunca y derramar, si es preciso, en defensa de la soberanía e independencia de la Patria, de su unidad e integridad territorial y del ordenamiento constitucional, hasta la última gota de vuestra sangre?»

«¡Sí, lo juramos!»

«Si así lo hacéis, la Patria os lo agradecerá, y premiará, y si no, mereceréis su desprecio y su castigo, como indignos hijos de ella», 

«¡Soldados!, ¡Viva España! y ¡Viva el Rey!», 

«¡Viva!».

 

1 Comentario

  1. Quien a hierro mata, a hierro muere.
    Un títere en manos de la siniestra y sobre todo de sus amos, los creadores de la siniestra.
    Un golpista al que sólo a él han puesto en el paredón. Sus socios de golpe, Felipe y Carrilo disfrutando de lo robado el primero y la familia del segundo.
    Com dicen los orientales, el Karma.
    Desee que el Sr. Tejero no dejara esta vida sin que se hiciera justicia en la tierra y pudiera verla sobre el elefante blanco,Juan Carlos I a quién tan fielmente sirvió y que tan felonamente pagó sus servicios: con deshonor deshonra y prisión. Siendo – como fue- un buen vasallo que no “hubo” buen señor.
    Que no espere la generala, que es la que está tras todos esto según declaró PILAR URBANO “Todo gracias a Leticia que es la que aconseja a Felipe VI” que se ha acabado el ataque de la siniestra, a la que ella pertenece y debía conocer. La siniestra, cuando coge presa no la suelta.

    Siéntate en la puerta de tu tienda y verás pasar el cadáver de tu enemigo.

Comments are closed.