final de mes
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OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ
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El alcance y la larga duración de las secuelas de ese bicho tan altamente infecto-contagioso llamado coronavirus auguran un otoño inestable y de gran incertidumbre. Especialmente en España donde la economía está en estado comatoso por causas estructurales y ante la ineficacia de las medidas aplicadas por el gobierno de Sánchez antes y durante la pandemia. Para muestra: un informe, el último de la OCDE, que advierte que nuestro país invierte la tendencia de la recuperación frente al fortalecimiento continuado del resto de países europeos.

España, liderada por un gobierno que ha llegado a su máximo nivel de competencia o de incompetencia en la gestión de la COVID, marca la diferencia y ya ni siquiera nos sirve aquello de Mal de todos, consuelo de tontos. Todos superaremos la crisis, España también, pero no al mismo precio. Ningún remedio milagroso ni tanaceto ni aceite de Séneca ni los siete elefantes de alabastro que suelen traer suerte nos salvará -y lo digo con  amarga certeza e instinto certero- de un ambiente hostil en lo político y en lo económico que empieza a minar el ánimo de los españoles.

La caída del PIB del 18,5% en el segundo trimestre, el comportamiento de los mercados, el aumento del desempleo, la torpeza diplomática del gobierno y su nefasta política comunicativa con el exterior unido a una alta carga vírica de estupidez y despropósitos, de incongruencias y disensiones en el seno del gobierno han favorecido la falta de confianza y debilitado la imagen de España. Y es que cómo pueden gobernar dos partidos a la vez ¡y no estar locos!

Lejos del ‘Yes, we can’ de Obama, el gobierno debe despojarse de políticas ideologizadas, alejarse del populismo y dejar de lado las medidas social-comunistas de tres al cuarto.

Somos una ciudadanía saturada de insensatez y de irrealidad, que no se ha caído de la luna y que está muy alejada de las políticas románticas de una clase obrera feliz, que no  sabe qué va a encontrarse cuando dejen de inyectarle la anestesia de los ERTE con un efecto sedante sobre buena parte de la sociedad. Porque mientras el gobierno no adopte en paralelo medidas que apoyen al sector empresarial y reactiven el empleo, nada volverá a ser como antes, de manera que buena parte de ERTE acabarán convirtiéndose en ERE y el empobrecimiento de la clase media seguirá su curso.

Obviando medidas que frenen el declive económico, el gobierno tiene perdida la partida contra el desempleo. Europa no pasará por alto tales agravios y España tendrá que reconducir el déficit y la deuda pública lo que se traducirá en que dos más dos sumarán tres y las familias no llegarán a fin de mes, aún con el mítico hay que apretarse el cinturón.

Con un presidente que libra su propia batalla de Waterloo, que se comporta de forma desafiante y obstinada, que ampara bajo su aura gubernamental presuntos casos de financiación ilegal no es de extrañar que en septiembre llegue la bacanal de la crisis a costa del sufrimiento de miles de personas que no tengan qué llevarse a la boca. Aunque esta crisis nada tiene que ver con la de 2008 -no es financiera ni afecta al endeudamiento- tienen en común la necesidad de que el gobierno genere confianza y credibilidad y ni lo uno ni lo otro está en el orden del día.

Mientras tanto, el gobierno social-comunista ¡haciendo de las suyas!, con su última ocurrencia de lo más pueril: confiscar el superávit que los ayuntamientos han conseguido a fuerza de buena gestión y ahorro para inversiones en beneficio de los ciudadanos. Sordo a toda aportación bienintencionada de alcaldes que arriman el ascua a sus vecinos, Sánchez dice que el préstamo es voluntario pero les somete a un chantaje indigno causando la rebelión del municipalismo frente a la aquiescencia de quienes practican el servilismo político.

Los líderes de Podemos, entre el lodo y las ratas. Investigado el partido por una presunta financiación ilegal y demás cuestiones de ésas que no se pueden decir en voz alta, se enfrenta a su propio lado oscuro y saca su doble vara de medir en lo moral porque, ya se sabe, como dice Giovanni Satori la izquierda sigue siendo moralmente genuina por lo que respecta a quienes creen en ella y sus activistas de base, pero en su mayoría moralmente hipócrita en sus vértices.

Pero como lo que cuenta son los hechos y lo demás son bagatelas de chicha y nabo, veremos en qué acaba el tema vaya a ser que el líder de los morados tenga que salir por la puerta de atrás del Paraíso y abandonar el reino de los sueños. Un Iglesias que acabará aludiendo a desgracias ajenas para apartar sus propios temores y es que uno jamás se libra de los espíritus que invoca. Se prevé un espectáculo dantesco, con el beneplácito de Sánchez, protagonizado por quienes no desprecian el don que el diablo les ha concedido de dar lecciones de moral desde la inmoralidad y andan inmersos en una vorágine destructiva de mitos y figuras históricas. Con toda probabilidad lo de María Estuardo, seguro, no fue nada comparado con lo que viene. La sociedad está harta de este abracadabra que tira de ideología y de moral no aplicada para convencer con métodos refinados a los desencantados con la clase política.

La oposición mayoritaria apela a la parte menos emocional de la política y se mueve en parámetros de razón y de eficacia, más acertados para salir de la crisis y a experiencias anteriores se remiten. Guardián del legado del PP en lo económico, Casado observa indignado como sus propuestas y sus planes permanecen en barbecho.

Cuando salgamos de ésta, los partidos deberían hacer una profunda reflexión y diagnosticar las causas estructurales por las que España es más vulnerable que el resto de países europeos y aplicar un tratamiento que dé al traste con este ficticio estado del bienestar.