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La temporada de Fórmula 1 se ha retomado tras el paréntesis sufrido por la pandemia del coronavirus. Y se ha celebrado el primer Gran Premio, el de Austria. Antes del inicio de la carrera se ha llevado a cabo un acto contra el racismo, en el que han participado los 20 pilotos de la parrilla.

Bajo el lema, “no al racismo”, algo con lo que, lógicamente, estamos de acuerdo, algunos pilotos liderados por Lewis Hamilton, se han arrodillado, siguiendo la imposición del progresismo globalista del ‘Black Lives Matter’.

Algo que no ha hecho el piloto español de McLaren Carlos Sainz, que ha permanecido de pie -junto a otros compañeros-, vistiendo una camiseta en la que se podía leer “No al racismo”. Aplaudimos la valentía y el coraje del piloto español que no se ha arrodillado ante el globalismo progre que todo lo corrompe.

Os dejamos con las imágenes del momento.

1 Comentario

  1. En antirracismo es en cierta forma un poco como el feminismo: muy necesario hace décadas y antaño defensor de argumentos con los que toda persona digna de tal apelativo no puede más que estar de acuerdo. Pero desde hace cosa de 4 o 5 décadas ha ido derivando hasta transformarse en un eufemismo para, en el caso del antirracismo, “racismo hacia el blanco y la cultura blanca”.

    Igual que el feminismo moderno no busca igualdad sino privilegios, discriminaciones “positivas”, cuotas no en función del talento sino de la entrepierna, reescritura de la realidad y la historia desde la ideología (“perspectiva” es el eufemismo que usan “ellxs”) de género, ventajas para la obtención de ayudas, indemnizaciones, custodias de hijos, reinvención del lenguaje, rebajas en la dificultad de pruebas de acceso que impliquen pruebas físicas (creen ustedes que un delincuente de 100 kilos cuando se resista a ser detenido va a tener más consideración con una “agenta” de policía que con un “agento”?) etc, etc, etc…

    Pues igual que el feminismo de hace 100 años derivó en esa aberración, el antirracismo que legítimamente se oponía a la esclavitud, la discriminación, la explotación de países del tercer mundo, etc, se ha convertido en un engendro revanchista y victimista según el cual todos los males de la tierra son culpa de los blancos, pero ojo, no solo de los blancos del siglo XIX y antes, sino de los blancos de ahora. Hace un año o dos en una manifestación de inmigrantes en Madrid, creo recordar, se leían pancartas portadas por amerindios y mestizos que rezaban “Blancos, paguen y reparen”. No solo los inmigrantes culpabilizaban a los blancos de que sus países tras 2 siglos de independencia lo único que hayan conseguido es ser unos “shitholes” como decía Trump, cuando mientras fueron parte de España fueron algunas de las tierras más prósperas del mundo, sino que encima quieren sacarnos los cuartos a los españoles actuales. Y si te opones a ese argumento, ya saben… ¡Racista!. Si tuiteas fotos o vídeos de policías angloamericanos disparando a blancos, para demostrar que todas las vidas importan y hacia todas se ejerce la violencia desproporcionada en EEUU, no solo hacia las vidas negras… ¡Racista!. Si defiendes que ha de haber un equilibrio entre inmigración y preservación de la cultura y la identidad de una nación… ¡Racista! Si piensas que ha de haber una proporcionalidad en las ayudas que reciben los inmigrantes y el porcentaje de población inmigrante, para que las ayudas al alquiler no vayan en casi un 60% a manos de inmigrantes o inmigrantes nacionalizados, sino que si hay un 15% de ellos, el 15% de las ayudas sea para ellos y el resto para los españoles… ¡Racista! Y si crees que la raza y la cultura blanca no solo no es culpable de los males del mundo sino que, con sombras, que las ha habido y muy negras, gracias a ella los males del mundo son mucho menores de los que serían si Europa, desde Grecia a España, y desde Inglaterra a Italia, no hubiera sido hegemónica durante 2500 años… ¡Racista! ¡Racista! ¡Racista y 100 veces racista!

    Pues de todo eso va el “antirracismo”, de ser racista con todo lo blanco, incluso aunque muchos de los mismos “antirras” sean blancos. Idiofobia, autofobia, propriofobia, odio a la propia identidad, a la propia cultura, al propio legado, a lo de uno mismo y su comunidad. Llámenlo como prefieran, pero es una locura que debería estar contemplada como trastorno psíquico como la anorexia o la ludopatía.
    Así que ¡bravo por Sainz! Digamos no al racismo pero también digamos no al “antirracismo” moderno que es una gran mentira.

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