constitucionalismo vasco
SÍGUENOS EN FACEBOOK
SÍGUENOS EN TELEGRAM

Gracias Carlos Iturgaiz, Inés Arrimadas y Pablo Casado, por haber hecho uno de los actos centrales del Constitucionalismo Vasco en esa Casa de Juntas de Guernica, lugar sagrado sin duda, para todos los vascos, porque simboliza el lugar en donde desde tiempos inmemoriales, los representantes de las comarcas vizcaínas en este caso, se reunían junto al Viejo Roble, para tratar aquellos temas que afectaban a sus comarcas y así resolver los problemas de sus habitantes, desde la unidad, con un criterio común y cediendo entre unos y otros, sus preferencias en pro del bien común, del Territorio de Vizcaya y posteriormente del País Vasco.

Durante ese acto, me habéis hecho llorar, porque el simbolismo del mismo, me ha hecho recordar la larga lucha de miles de personas que, desde la creencia de lo vasco entroncado en su sentimiento de españolidad, han luchado a lo largo de la historia, y muy especialmente a lo largo de los últimos 40 años, por la libertad, la democracia y sobre todo por combatir esa dictadura que, desde una ideología llena de ensoñaciones falsarias, no ha traído más que desgracia y muerte a nuestra tierra vasca.

Hoy habéis demostrado ese principio de libertad, de democracia, de la necesidad de expresar nuestras ideas de paz en libertad y democracia, que tantas veces ha atacado una banda terrorista, haciendo daño y causando muerte a centenares de inocentes, unos que cumplían con su deber de servir a España, con su trabajo y otros que desde la defensa de sus ideas, han visto cercenada su vida y la de sus familias, por el mero hecho de pensar y expresar lo que muchos creemos y decimos con orgullo y que además, lo demuestra la historia. Que el País Vasco, es España y que, durante siglos, ha contribuido con gestas, hombres y hechos a la grandeza de nuestra gran nación, ese hermoso proyecto histórico, España.

Lo que, si me ha hecho llorar durante ese acto, es ver el enorme sacrificio que personas como tú, Carlos Iturgáiz, habéis pagado por la defensa de lo que miles de vascos creemos y defendemos, junto con personas tan grandes como Jaime Mayor Oreja, Gregorio Ordoñez o Miguel Angel Blanco, o centenares más que dejaron un legado y un trabajo, que unos quieren extinguir porque les molestamos y otros, quieren utilizar para sus fines partidistas, sin darse cuenta que con sus manipulaciones, en vez de defender a esa España que dicen defender, solo causan una mayor brecha, porque afortunadamente, ni el P .Vasco está en guerra, ni se viven momentos de tanta hostilidad como se quiere hacer ver con ciertas acciones, que en ocasiones, parecen buscadas o intencionadas, porque si, hay falta de libertad, pero desde algunos sectores, no se está contando la verdad de lo que se vive o van buscando “su realidad”, para justificar el mal uso del sentimiento de españolidad.

También me ha entristecido ver tan poca gente en ese acto tan importante para el constitucionalismo, porque yo sé y todos sabemos que somos más que los que parecemos, pero que hay decepciones, hay desconfianzas y sobre todo, hay enfado, porque desde hace tiempo, el constitucionalismo vasco, está dejado de la mano de Dios, desde las direcciones nacionales de ciertos partidos, dejándolo a su suerte,  sin atender a sus necesidades, tal y como venimos observando desde aquel aciago día en el que una líder carismática vasca, fuera cesada de su cargo, por cantarle las verdades del barquero a su líder nacional.

Se apartó a Jaime Mayor Oreja, se dejó de lado a Carlos Iturgaiz, se llegó al punto en que personas tan necesarias como María San Gil, fueron marginadas y eliminadas de un trabajo que habían hecho casi a la perfección, hasta el punto de estar a menos de 25 mil votos de la victoria. No se perdonaba a uno ser parte de la terna de sucesión, mientras que, a otra, tampoco se le perdonaba que dijera al presidente de su partido, la realidad de la situación a la cara.

Hoy las cosas han cambiado parece con Pablo Casado, quien, llevando dos años como presidente de un partido, aunque de manera insuficiente, ha empezado a girar el rumbo negativo que el constitucionalismo tenía, tomando decisiones, apartando a díscolos que pretendían casi meterse en la cama con el nacionalismo y dando las riendas de la candidatura, a un hombre de honor, a un hombre leal y a un hombre que es en sí mismo el constitucionalismo vasco.

Confío en que este joven líder, cada vez más asentado como el rector del centro derecha español, que en estas visitas que ha hecho durante la campaña electoral, se haya dado cuenta que es imprescindible que actúe, que ayude a su hombre en el P. Vasco, Carlos Iturgaiz, a afrontar esa situación de casi “muerto viviente” que ha tenido el constitucionalismo vasco, reforzando su autoridad, protagonizando junto con Iturgaiz los cambios de políticas y de personas que se precisan de manera inmediata y sobre todo, recuperando esa musculatura que el constitucionalismo vasco ha tenido durante cuatro décadas y que ahora, parece que necesita una silla de ruedas para andar.

No es de recibo lo que pasó antes de su llegada, durante el inicio de su mandato ni lo que está pasando hoy en día, porque lo que sucede y bien lo sabe Pablo Casado, ya que se le ha ido explicando cosas desde que llegara a la presidencia de su partido, parece que las va comprobando en persona, tanto él como parte de sus colaboradores, que en privado se echan las manos a la cabeza por no haber tomado decisiones antes que ahora.

Yo confío en que Carlos Iturgaiz, sabrá salir de esta, porque en las elecciones del domingo, no importan los números de escaños, aunque también. Lo que realmente importa, es que este sea el punto de partida necesario, para que vitaminado el discurso, fortaleciendo el ejercicio de autoridad que se precisa, sea el propio Pablo Casado, quien refuerce y allane el camino a Iturgaiz, para que el constitucionalismo vaco, coja vigor, recupere a personas válidas que se han quedado en el camino por sorayismos varios y haga que el constitucionalismo, sea ese elemento vigoroso de antaño, capaz de llenar pabellones como La Casilla, Frontones como el de San Sebastián, o se sea capaz de volver a ganar en Donosti, como sucediera poco después del asesinato de nuestro querido Goyo Ordóñez.

Aquí no vale la actuación de vicesecretarias/os que imponen candidaturas, como ha pasado en determinado territorio o dejar la decisión en personas que, con buena voluntad, pero por ser de otras regiones españolas, por muy de organización que sean, no conocen ni la realidad, ni las necesidades, ni saben dónde está Bakio o Segura, porque le suena a chino y lejano o no han estado nunca en lugares como Usurbil o Fica o Llodio.

Carlos Iturgaiz es nuestra esperanza, nuestra confianza, nuestra tranquilidad, por eso, confiando en él, confiamos en el proyecto constitucionalista y sobre todo en Pablo Casado, quien cada vez nos hace ver que su elección hace dos años, fue la adecuada y sus hechos lo demuestran, pero exigimos remedios y fortaleza para que el constitucionalismo este donde debe y no donde quiere el nacionalismo sabiniano y abertzale.

Se que, desde algunos sectores, se va a pretender culpar a Iturgaiz de los posibles resultados, si no se empata lo que hasta ahora se tiene, especialmente escuderos de los que más han dañado este proyecto y estas ideas y que nos han robado la esperanza y han puesto en jaque la ilusión, pero o espabilamos y lo mejoramos o sino, vendrán otros que “con cojones” o comiéndose bolsas de conguitos en una calle bilbaína, usaran el constitucionalismo para sus intereses, en vez de los intereses de los ciudadanos vascos y eso sería imperdonable y descorazonador, pero creo , confío y estoy seguro que Pablo Casado sabrá tomar cartas en el asunto, porque en sus manos está que el constitucionalismo vasco, sea lo que debe ser y lo que él quiere que sea.

Esto es lo que creo que, como yo, piensan, pensamos, muchos vascos constitucionalistas, vascos de dentro y de fuera, porque, aunque se olvida, somos unos trescientos mil vascos, los que tuvimos que irnos de nuestra tierra, pero nos importa, estamos pendientes de ella y nos preocupa lo que vemos. Yo soy uno de ellos.