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Existe un desprecio enfermizo en este país hacia muchos colectivos, hacia muchas personas, que no conseguimos entender. Además, en algunos casos, ese desprecio no nos parece ni medio normal como es el desprecio que existe, en general, hacia los empresarios. Y más en un país con unas cifras de paro como las que tiene España. Y más en un país en el que, desde pequeños, se educa a los niños en ser funcionarios y no en arriesgar e intentar prosperar en la vida por méritos propios.

El empresario en España no solo tiene la desgracia de ser despreciado por mucha gente, tiene la desgracia de ser despreciado por la mayoría de la clase política que, además, en cuanto tiene la más mínima oportunidad le saquea a impuestos. Dense cuenta, por ejemplo, del caso de los autónomos: a lo largo de toda esta crisis han tenido que seguir pagando la burrada que pagan todos los meses a la Seguridad Social.

Pero una cosa es el desprecio y otra la estupidez. Y hoy hemos podido asistir a un intercambio en Twitter entre dos personas que hablaban de este asunto y con una de ellas nos hemos quedado alucinados. Él dice ser enfermero en su tuit, pero a nosotros lo único que nos parece es uno de los tipos más tontos de España.

Dios nos libre de que alguna vez tengamos que caer en sus manos en el hospital o centro médico en el que trabaje. Con esa cabecita loca podemos acabar escayolados para curarnos un catarro.