OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ

SÍGUENOS EN TELEGRAM

El 17 de enero de 1996, José Antonio Ortega Lara regresaba a su domicilio después de finalizar su jornada laboral en el Centro Penitenciario de Logroño. Nada más aparcar su coche en el garaje de su casa, era abordado por unos individuos que le retuvieron a la fuerza. Desde ese mismo momento comenzaba el secuestro más largo de la historia de ETA.

Días más tarde la banda terrorista se hacía responsable del secuestro y hacía públicas las exigencias que condicionaban la liberación de Ortega Lara: el traslado de todos los presos etarras a las cárceles de Vascongadas. José Antonio Ortega Lara fue escondido en un zulo de 3 metros de largo por 2,5 de ancho y 1,8 m de altura interior que la banda terrorista había habilitado en una nave industrial de Mondragón. El zulo era, además, muy húmedo (pues se encontraba a pocos metros del río Deva), sin ventanas y situado bajo el suelo de esa nave industrial.

En el zulo, Ortega podía tener algo de luz gracias a una pequeña bombilla y, como no podía salir del habitáculo, recibía dos marmitas; una para hacer sus necesidades y otra para asearse. Los secuestradores le entregaban una bandeja con un vaso de agua y un plato con frutas y vegetales tres veces al día. Recibía el periódico a diario y medicinas cuando las requería, también poseía un walkman y libros. Según el propio Ortega Lara, la relación con sus secuestradores fue variando, de compartir conversaciones políticas cordiales a carecer de trato.

Al cabo de 532 días de secuestro, la Guardia Civil localizaba el zulo y procedían a ejecutar una operación para rescatar al secuestrado. Cuando los agentes de la Guardia Civil accedieron al zulo, José Antonio Ortega Lara creyó que eran etarras que iban definitivamente a ejecutarle. Tras esos 532 días, Ortega Lara había perdido 23 kilos, masa muscular y densidad ósea. Sufría de trastornos del sueño, estrés postraumático, ansiedad y depresión.3​4​La reacción de la banda terrorista una semana más tarde, el 10 de julio, fue el secuestro y asesinato del concejal de Ermua (Vizcaya), Miguel Ángel Blanco.

A día de hoy, cuando no han pasado tantos años desde su secuestro, a José Antonio Ortega Lara le califica de fascista mucha chusma por ser uno de los fundadores del partido político Vox e incluso hacen chistes y se ríen de él. La mayoría de la gentuza que actúa de esta forma no habrían aguantado ese secuestro ni media hora.