virus
SI TIENES DUDAS LEGALES, NUESTRA ASESORÍA JURÍDICA LAS RESUELVE DE FORMA GRATUITA
#AyudaEntreCompatriotas
TODAS LAS REDES SOCIALES DONDE PUEDES ENCONTRARNOS, HAY QUE ESQUIVAR LA CENSURA

Preguntaba Antonio Machín cómo se puede querer dos mujeres a la vez y no estar loco. Pensaba yo cómo se puede entrevistar juntos a dos grandes políticos del constitucionalismo español y no estar loco. Machín desvela el misterio en la letra de la canción y estoy de acuerdo. He de decir que fue más fácil de lo que había imaginado antes del encuentro telemático, ese formato popularizado con el coronavirus, especialmente porque Carlos Iturgaiz y Alejandro Fernández, candidato al gobierno del País Vasco el primero y a la presidencia de la Generalitat de Cataluña con toda probabilidad el segundo, saben mucho y saben bien. Fue en el programa Diálogos en Libertad, dirigido por Eugenio Narbaiza, en el que quien os escribe aporta su granito de arena. Fue la primera vez que entrevistábamos a pares y la primera que ambos líderes políticos eran entrevistados juntos, aunque no revueltos. Porque vascos y catalanes, tienen similitudes pero también sus particularidades en esto de entender el nacionalismo.

El independentismo catalán aprendió de la violencia etarra en Euskadi para su insurrección separatista. Ahora, los abertzales vascos quieren imitar la organización secesionista catalana para acabar con el Estado español. Marcados por el dolor y/o por alteraciones en la convivencia es importante la perspectiva histórica y ser conscientes de que, en la actualidad, el nacionalismo es decisivo para la gobernabilidad de España con el peligro que esto conlleva. Gobierno y nacionalistas se arropan y desarropan según conviene, como libélulas persiguiéndose en rito de apareamiento en un peligroso juego de seducción que ojalá no llegue a romper la cuerda.

En ambas Comunidades, gobernadas con escasa lealtad institucional, se buscan aliados contra España en ese delirio utópico que ha llevado incluso a matar a traición y sangre fría, con ese adoctrinamiento que, cual heliotropo, extiende sus ramificaciones pero rociando el ácido de la bignonia y con ese sentir de rechazo excluyente sin atender la  mera posibilidad de que uno puede ser español y vasco; o español y catalán y no por ello ha de morir en el intento.

Iturgaiz ha sido tanto y todo en el País Vasco como referente de la democracia y de las libertades y, ahora, Pablo Casado lo recupera en una ágil maniobra táctica sin temblarle el pulso para evidenciar –¡aviso a navegantes!- que en este partido todos son necesarios pero nadie es imprescindible. Si Iturgaiz lo hubiese sabido, hubiese dicho aquello de me voy para quedarme, pero supongo que le sorprendió tanto o más que a otros compañeros de partido. Político de gran calado intelectual, no puede ni quiere olvidar a quienes marcaron a fuego la política en Euskadi a través de múltiples tentáculos en aquellos llamados años de plomo en los que se cometió el mayor atentado a la democracia española: el asesinato de decenas de Miguel Ángel Blanco por el simple y a la vez complicado hecho de representar unas siglas. Duro entre los duros, estuvo a un solo clic del mando a distancia que tenía que activar la bomba para matarle si no hubiese tenido la Providencia de su parte. Años después, tras su trayectoria como eurodiputado, vuelve a casa con la esperanza de arrebatar en las urnas al nacionalismo el gobierno de las instituciones.

El PP resiste a golpe de valentía. Alejandro Fernández hace frente al Govern con un discurso bien hilvanado y sin errar nunca en la diana; se lo dice al president Torra incluso cantando por Manolo Escobar, con fina ironía y mucho arte, sin restar un ápice de contundencia a su mensaje y harto de que no escuche sus plegarias; y aun así.

La sentencia del procés y el encarcelamiento de dirigentes nacionalistas ha aumentado la pulsión hispanófoba que ha seguido latente durante la pandemia sin que Torra se apee de su éxtasis y retroceda en su trastorno obsesivo compulsivo, a pesar del frustrado intento de desarrollar una consulta popular para decidir sobre el futuro de Cataluña, no prevista en el sistema  constitucional español y con la prohibición expresa del Tribunal Constitucional; y aun así tuvo lugar la consulta. No es cuestión de locura que no tenga cura, que no la tiene; se trata de un abandono del razonamiento con una actitud eterna al lado de la confrontación que responde a una hoja de ruta perfectamente diseñada, con inmutabilidad absoluta y con objetivos meridianamente claros: independencia y autodeterminación. El mundo de Torra y los suyos lo constituyen estas ideas absurdas mientras escucha, a una oposición valiente y reivindicativa liderada por Fernández, en pose contemplativa y salomónica propia de nuncio apostólico con cara de darle lo mismo que igual. Torra puede hablar de logística carnal o del sexo de los ángeles pero siempre acaba preguntando qué hay de lo suyo, dispuesto a conducir a Cataluña a una agonía perpetua.

Comparto con Iturgaiz y Fernández y con miles de españoles posicionados con la cordura, esa extraña náusea que a uno le vuelca el estómago ante cualquiera que no quiera a España, que eche a perder el esfuerzo histórico por conseguir un país en democracia y en libertades y que impulse con piel de cordero una versión postmoderna del totalitarismo.

Lo peligroso ahora es que la distancia entre el socialismo y el nacionalismo mutado a  independentismo ya no es tan sideral o, desprovista de  maldad la reflexión, que Pedro Sánchez ha equivocado a sus enemigos al otro lado del Telón de Acero, apostando por debilitar la fibra democrática del país y capaz, por mantenerse en el poder, de vender por mucho más de un plato de lentejas la esencia ideológica del PSOE de toda la vida, haciendo pensar en un Nerón feliz tocando su arpa mientras Roma se pudre a sus pies.

Todo es demasiado sórdido y cruel. No hay más alternativa que echar de las instituciones al nacionalismo sectario y xenófobo en las respectivas citas electorales. Que dios reparta suerte y que esa suerte, si puede ser, coincida con un avance en libertad, democracia y respeto.

2 Comentarios

  1. Fuera autonomías,ya está bien de gilipolleces del independentismo catalán y vasco,hay que acabar con esta mierda,fuera adoctrinamiento de las escuelas.fuera comunistas,muerte al Frente Popular,hay que echar del gobierno a estos desgraciados que están a las ordenes del mismo Satanás.

Comments are closed.