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OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ

Como todo hijo de vecino, en el pecado encontrará su penitencia. Sánchez fue presidente más por la obstinación que lleva en su ADN que por su brillantez política; más por su voluntad e insistencia titánicas que por su más que discutible traza. Dos años después de la fatídica investidura, aquella que le entrelazó cual eslabón en cadena al independentismo catalán y a quienes siguen a día de hoy sin condenar actos terroristas,  con  más torpeza de la que su ego es capaz de soportar… ahí está, con numerosas heridas y otras tantas cicatrices que lamerse.

Su escasa agudeza política en la gestión del COVID 19, la necesidad de preservar la cadena de custodia de todos los errores cometidos por su gobierno y la pandemia económica que se avecina le han supuesto un desgaste que podría desembocar en un más que posible adelanto electoral, máxime con la imperiosa necesidad de sacar adelante unos Presupuestos Generales del Estado que dictaminen los designios económicos del país en esta travesía del desierto y bastante  más allá. Salvo honrosa excepción, sus ministros tampoco se lo han puesto fácil y es que han actuado las más de las veces como una especie de cefalópodos sin cerebro y otras con la máxima del dame pan y dime tonto; ese tonto útil al que todo le da lo mismo que igual porque a final de mes sigue haciendo caja, sin responsabilidad alguna sobre lo dicho o hecho.

Con el corazón partido entre los que apuestan que habrá elecciones anticipadas y los que no, a estas alturas de lo que parece una película de ficción a nadie se le escapa que el tsunami económico que se cierne sobre una España entumecida podría obligar a Europa a imponer condiciones inasumibles para el compañero de viaje, de nombre Pablo, al que la izquierda más ortodoxa nunca le perdonaría la trágala. La brecha política e ideológica entre rojos y morados dista  mucho de aquellas ocasiones en que socialistas y comunistas compartían trinchera y ahora su relación política se reduce a amores de barra que  presagian un futuro tan incierto como cierto es el final de su idilio en régimen de alquiler.

Un Iglesias con gesto de conquistador barato y virtuoso en la técnica del engaño –qué tentación creerle¡-, un Iglesias que no ha entendido que Alicia hace muchos años que dejó de estar en el país de las maravillas, que hay que aportar soluciones reales a problemas reales de los ciudadanos, dejarse de demagogias indescifrables y preocuparse un poco por este país no afectado por dominancias cruzadas pero con dudas sobre en qué lado del tablero juega el susodicho. Visto lo visto y oído lo oído, ni Sánchez ni Iglesias juegan del lado de los españoles ¡y así nos va!

Por si fuera poco con el PNV y ERC insistentemente preguntando por lo suyo como un dogal apretando en la garganta; con la espinosa financiación autonómica sobre la mesa, con unos datos de déficit por encima del 10% y una deuda del 120% sobre el PIB y con la conveniencia de aprobar unos Presupuestos Generales que devienen cruciales… Sánchez lo tiene harto complicado.  Sin demasiados cabos a los que asirse para salir a flote, el presidente tendrá que sacar músculo dialéctico y pactista y un buen número de recetas económicas con mejores resultados que los obtenidos hasta el momento.

Está claro que si, como dice la canción, los hombres han llegado hasta la luna, desde Sevilla se puede hablar con alguien que está en Nueva York y la medicina cura  lo que antes era una muerte segura… quizá no sea imposible que Sánchez agote la legislatura con la que está cayendo, o quizá por eso.

Al otro lado, la versión más perversa gana enteros y aboga por que Sánchez pecará de palabra, obra y omisión si es necesario para seguir los dos años que le quedan, a pesar de su soledad parlamentaria, sin darse por vencido en una mal disimulada preocupación por los españoles, guiado por placeres ilícitos e innombrables -en prosa despojada de lo políticamente correcto: asirse al sillón- y practicando su estrategia de mantis religiosa con una paciencia propia de los inmortales.

Mientras, los españoles aguardan con el alma en vilo y cierto cansancio moral, con una incertidumbre devastadora sobre su futuro más inmediato y empezando ya a ver la cruda realidad tal cual se vislumbra tras el intencionado efecto narcótico producido por el más drástico confinamiento y más largo Estado de Alarma aplicado en Europa. Los españoles saben, sabemos, que el desempleo es un vasodilatador mortífero y que se agrava cuando el gobierno se muestra incapaz de promover acciones que generen empleo. Habitamos un país en el que el gobierno social comunista se vanagloria de la aprobación de la renta vital básica o como le hayan dado en llamar y demás ayudas que no son más que pan para hoy y hambre para mañana a personas que lo que quieren es ganarse el pan de cada día con trabajo. Mientras tanto, el sector empresarial compone su mejor cara de póker viendo que no se escuchan sus plegarias ni sus sensatas propuestas operativas fruto de la experiencia de épocas pasadas de las que han aprendido a las malas pero que ahora se reducen a una especie de sexo de élite en un viejo portal. Y es que dicen que no deis margaritas a los puercos.

Éste va a ser uno de esos gobiernos que hacen historia con minúscula, con un presidente que se siente cada vez más sabio y menos Sánchez, pero incapaz a todas luces y con muchas sombras de poder reconducir a un gobierno con un posicionamiento político que padece arritmia, que actúa a golpe de incompetencia, camino de convertir a España en un ejemplo de ruina moral y económica tratando de engañar a un país que si nada ni nadie lo remedia acabará con el corazón podrido de miserias. ¡Qué pena!