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OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ

Durante los gobiernos de Mariano Rajoy solo dos ministros se vieron impelidos a dimitir por escándalos de algún tipo; otros lo hicieron para presentarse a otros puestos o ser designados para los mismos; casos de Arias Cañete y Wert. Ruiz Gallardón lo hizo por discrepancias ideológicas con su presidente.

Los dos que dimitieron fueron José Manuel Soria, ministro de Industria, Energía y Turismo, y Ana Mato, que lo fue de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Pedro Sánchez nombró a tres ministros para el que tenía esta última.

José Manuel Soria cesó por los llamados “Papeles de Panamá”. Participó en empresas offshore familiares radicadas en dicho país y en Jersey, considerados paraísos fiscales. Soria se lio en dar explicaciones contradictorias y a veces no veraces, que dieron lugar a su dimisión.

Dicho lo anterior, cabe señalar que las empresas a las que se hace referencia, fueron disueltas en el año 1.995, cuando Soria era alcalde de Las Palmas. Cuando fue ministro era el año 2.012; por tanto, transcurrieron 17 años desde la primera a la segunda fecha. Cabe preguntarse, ¿Si José Manuel Soria fuera ministro del actual gobierno, o del anterior, de Pedro Sánchez, dimitiría por ello? Entiéndase que se trata de una pregunta retórica, pues la respuesta es no.

Ana Mato cesó tras la sentencia del llamado “Caso Gürtel”; imputada por ser “partícipe a título lucrativo” en dicho caso, si bien el juez Pablo Ruz no la imputó de delito alguno ni le atribuyó responsabilidad penal alguna. Dígaseme, ¿No es más grave el hecho de haber recibido dinero de Venezuela los podemitas Iglesias y Monedero? Por lo visto no, ya que el primero es actualmente vicepresidente del gobierno y el segundo defraudó a Hacienda y solo regularizó su situación cuando le pillaron.

Uno de los ministros con que la oposición hizo ímprobos esfuerzos verbales para conseguir su dimisión, o cese por parte de Rajoy, y posiblemente lo consiguiera de no estar próximas las elecciones generales, fue el de Interior, Jorge Fernández Díaz.

Alguien, no se supo quién, colocó micrófonos en su despacho y gravaron una conversación que mantuvo con Daniel de Alfonso, director de la Oficina Antifraude de Cataluña, en la que se hablaba de filtrar a la prensa informaciones incriminatorias contra CDC y ERC.

A pesar de la insistencia y acoso de la oposición para que dimitiera, la Fiscalía del Tribunal Supremo consideró que no había indicios suficientes para iniciar una investigación penal. A pesar de haber sido gravadas dichas conversaciones hacía dos años, no se hicieron públicas hasta cerca de las elecciones.

A los escasos dos años de los gobiernos del mendaz, hubo dos casos de dimisión que, hoy con la que está cayendo en el gobierno socialcomunista no se producirían, atendiendo al “manuel de resistencia”, dado que serían minucias lo hecho por los dimitidos si lo comparamos con los bochornosos hechos acaecidos en este período. Hoy no habrían dimitido o no se lo habría permitido Pedro Sánchez, para que el gobierno no se viera desgastado nada más nacer.

Uno fue Máximo Huerta, ministro de Cultura y Deportes, al que no le gustaban los deportes, el cual creó una empresa para pagar menos impuestos a Hacienda. Fue sancionado por fraude fiscal con 200.000 euros. Hoy dirían el PS y Podemos que tenía la deuda saldada, como en su día Monedero.

El otro caso de dimisión prematura, Huerta, Máximo El Breve, dimitió a los siete días de ser elegido y no le dio tiempo de abrir la cartera ministerial, pero fue enchufado en TVE, fue el de Carmen Monzón, ministra de Sanidad, que presentó su dimisión por irregularidades en su máster universitario. Dicha dimisión se produjo tras la presión mediática y política, no por la judicial, dado que dimitió antes de que la fiscalía se pusiese a actuar. Duró en el puesto escasos cien días y al marcharse solicitó la pensión indemnizatoria que le correspondía, que se estimó en 4.700 euros al mes por algo más de un trimestre de titánico trabajo en el ministerio.

Con anterioridad a ser ministra, fue consejera de Sanidad de la Comunidad valenciana, dejando un agujero de 245 millones de euros y pagos acumulados durante meses, del Hospital de La Ribera. Una joya, vamos.

Hasta aquí, Las dimisiones producidas en dos gobiernos sanchista en apenas dos años de andadura; luego se paró automáticamente la “máquina de picar carne” y se puso en ejecución el manual de resistencia.

El primero que ya hace tiempo que no debiera estar de presidente es Pedro Sánchez; tendrían que haberlo forzado a dimitir algunos de sus propios ministros; algunos, pues otros también tendrían que haber hecho las maletas, o el mismo Partido Socialista, como había ocurrido en la otra ocasión.

Pedro Sánchez mintió cuando presentó la moción de censura a Mariano Rajoy y dijo que convocaría elecciones cuanto antes; mintió cuando quiso hacer pasar como un viaje oficial en Falcon, con su señora, lo que era la asistencia a un festival internacional de música. En su momento pidió la dimisión de Cristina Cifuentes por mentir en su curriculum vitae, pero no hizo lo propio por el plagio de su máster; mintió cuando publicó un libro al que no le puso ni una coma, enchufando como directora general de deportes a la periodista que se lo escribió; mintió cuando dijo que nunca gobernaría con Podemos y acabó haciéndolo; mintió cuando dijo que nunca pactaría con Bildu y terminó pactando; mintió cuando dijo que el PP fue condenado por organización criminal, cuando no fue cierto.

Ningún presidente o jefe de gobierno ha mentido tanto y sigue haciéndolo. En el mundo democrático dimitirían al ser hallados en una sola mentira. En este rosario de mentiras ha colaborado en gran medida los medios de comunicación afines que están en la mente de todos.

Todas estas mentiras son solo un ejemplo del rosario que ha enzarzado a lo largo de su corta, por el momento, vida de presidente de gobierno y a las que los ciudadanos, por estar ya acostumbrados, no nos escandalizan ni asombran. Como dijo el poeta inglés Alexandre Pope “El que dice una mentira no sabe que tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera”.

En fin, junto con sus acólitos, este mentiroso por antonomasia nos viene mintiendo sobre la gran pandemia de la COBI-19, que tantos muertos ha causado y desastre económico ha producido y dejará a España desbastada y que está poniendo en práctica aquel dicho de Alfonso Guerra: “Montesquieu ha muerto”, en referencia a que el único Poder del Estado es el ejecutivo. En este momento su pretensión y la de Pablo Iglesias, es anular o mangonear al legislativo y al judicial, remitiéndome a las pruebas a las que estamos asistiendo.

Pedro Sánchez no sigue el consejo del escritor francés. Pierre-Jules Renard: “De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes”.

Otro ministro, teniendo en cuenta el caso de Soria y de Máximo Huerta, y que tendría que haber dejado de serlo hace tiempo, es Pedro Duque. Además de que no se sabe muy bien que es lo que hace, creo que ni él lo sabe; tenía sus viviendas a nombre de una sociedad instrumental que, habiendo sido “pillado”, tuvo que pagar una liquidación complementaria a la declaración que había realizado en su momento. Sánchez no le hizo dimitir, posiblemente para no reflejar la cadena de dimisiones ministeriales al escaso tiempo de  nombrarlos.

Otra que tal baila, es Nati Calviño, que al igual que el anterior, y Huerta, creó una empresa pantalla, el clásico diría fantasma, para pagar menos a Hacienda. Esto ya se estaba pasando de castaño oscuro, pero Sánchez aplicó su manual de resistencia a sus ministros defraudadores.

No queda la cosa ahí; para asombro de los demás contribuyentes, la ministra de Educación y antaño portavoz, portavoza dirían los podemitas, tiene una vivienda de lujo, cuyo precio se acerca a los dos millones de euros; aprovechando que no estaba inscrita en el Registro, debido a una modificación estructural, le dio un valor de cero euros.

Un caso más, y este no se esperaba dada su solvencia y trayectoria política, fue el de José Borrell, ministro de Exteriores del primer gobierno de Pedro Sánchez. Este señor cometió una acción que en un país con solvencia democrática y no de medio pelo como la española, habría dimitido “ipso facto”. Fue multado con 30.000 euros por Competencia, por beneficiarse de información privilegiada en la quiebra de Abengoa.