OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ

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Esta misma mañana, tal y como hacemos todos los días, hemos publicado una serie de artículos en recuerdo de las víctimas de ETA cuyos asesinatos se habían producido en la misma fecha. Entre todos ellos hubo uno en el que fueron asesinadas 4 personas y otras 32 resultaron heridas. Se trata del atentado perpetrado el 28 de junio de 1992 en la cárcel sevillana de la Ranilla, conocida como Sevilla 1.

En ese atentado fueron asesinados un funcionario de prisiones, Manuel Pérez Ortega, de 39 años, dos reclusos, Jesús Sánchez Lozano y Donato Calzado García, y el hermano de uno de los reclusos, Raimundo Pérez Crespo de 27 años, que regentaba una papelería en Santander y se había trasladado a Sevilla para ver a su hermano.

En una entrevista a Javier Romero Pastor, director de la cárcel cuando se produjo el atentado y a quien iba dirigido el paquete bomba, este explicaba cómo había sucedido todo: “En el escáner no se podía ver lo que había dentro y fue entonces cuando nos dimos cuenta de que alguien quería esconder lo que había. En ese momento fui a mi despacho para llamar a Madrid mientras el administrador llamaba a los Tedax (Técnico Especialista en Desactivación de Artefactos Explosivos) y antes de poder sentarme para coger el teléfono estalló…”

En la cárcel se encontraban presos seis terroristas de ETA, cuando la bomba explotó el resto de reclusos desconocían cuántas víctimas había provocada la bomba y quiénes eran las víctimas. Temían que alguno de sus familiares se encontraran entre ellas y todos ellos pedían que se les dejara salir para matar a los etarras que estaban en Sevilla 1.

Romero explicaba lo sucedido: “Tuvimos que llevar a los seis etarras que había a una zona especial del edificio porque los internos querían ir a por ellos. Una vez que pudimos, les trasladamos a la prisión de Sevilla 2, donde también se repitieron escenas contra ellos por lo que había sucedido. Cuando trasladamos a los etarras la cosa se calmó. Se normalizó todo rápidamente gracias a la actuación de los funcionarios que se encontraban allí”.

El subdirector de la cárcel Sevilla 2, Jorge Castejón Casado, se encontró con el mismo problema tras recibir a los etarras de Sevilla 1 ya que, además, el director de Sevilla 2, Rafael Fernández Cubero, tuvo que trasladarse a Sevilla 1 para ayudar en las labores de emergencia. Castejón se tuvo que ocupar de proteger a los 14 etarras que estaban presos ya que el resto de los reclusos también querían lincharlos: “Fueron días de mucha tensión después de la bomba. Los insultos y amenazas se gritaban desde las celdas, pero el buen trabajo de los funcionarios evitó que pasara una desgracia”.

Este atentado fue una prueba más de la vileza y la bajeza de los asesinos etarras ya que los presos que después estuvieron a punto de ser linchados, abandonaron el patio de la cárcel poco antes de producirse el atentado, o sea, lo sabían.

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