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La epidemia de COVID-19, que todavía no se puede dar por terminada, puesto que los conocimientos médicos sobre la enfermedad son muy limitados y no hay tratamientos eficaces ni vacuna, ha sometido las economías mundiales a una dura prueba. Consecuencias de esta situación han sido, la caída del PIB a nivel global, el aumento de las necesidades de financiación y, en algunas economías especialmente vulnerables, el incremento sustancial de la tasa de desempleo.

España es uno de los países que ha mostrado mayor debilidad ante la epidemia, con un índice de letalidad muy elevado, un confinamiento drástico y prolongado y un profundo declive económico. Esto se ha debido, en gran parte, a la falta de coordinación del gobierno con los empresarios, autónomos y asociaciones profesionales. Con todos ellos hubiera debido empezar a trazar una estrategia para hacer frente a la epidemia, desde que tuvo conocimiento de la previsible llegada del virus a España en el mes de febrero. Nada de esto se hizo, por lo que ahora debemos afrontar las consecuencias de la improvisación y la negligencia.

Hemos soportado tres meses de cierre de la actividad comercial, lo que ha costado la desaparición de muchas pymes que no contaban con recursos para subsistir y que no han recibido ayuda alguna. A pesar de esta sangría, la mayor parte del tejido productivo mantiene intacta su capacidad. El talento, la tecnología y el impulso emprendedor, están a la espera de que se recuperen las condiciones de libertad, previas al Estado de Alarma, para volver a operar.

El peligro no procede de falta de capacidad para reactivar la Economía, sino de los obstáculos que el poder político puede poner en el camino de esta recuperación. Es necesario tener presente que la única manera de hacer crecer el PIB, es incrementar la productividad, clave para aumentar el empleo e iniciar el círculo virtuoso hacia el equilibrio económico. Desviarse de esa senda segura, lleva al precipicio sin fondo del déficit y el endeudamiento, que termina inexorablemente en la pobreza.

En ese empeño por lograr la recuperación de la actividad económica, se ve el resurgir de un mito que intenta siempre renovarse. La sombra del nacionalismo excluyente, más o menos alargada, se proyecta insinuante sobre las atribuladas mentes de los ciudadanos en estas situaciones de confusión y se alzan insinuantes las voces que reclaman la protección de “lo nuestro”.

Antes de lanzarse a una encendida defensa de la autarquía como posible solución de todos los males que nos aquejan, es preciso conocer en qué consiste y cuales son sus verdaderos efectos sobre la Economía. Por eso, voy a proceder a detallarlos en la práctica.

Pongamos dos pueblos ya tradicionales en la imaginación colectiva. Tenemos a nuestros queridos habitantes de Villarriba y Villabajo, afectados por el declive económico y el paro provocados por el COVID 19. A consecuencia del confinamiento, la producción de vino de Villarriba se ha detenido, así como sus ventas. Dado que las bodegas eran el principal negocio del pueblo, la situación es muy precaria y se proponen tomar medidas para retomar su actividad y recuperar lo antes posible la facturación. Ha cundido la inquietud en Villarriba, pues los de Villabajo han abierto unos días antes y empiezan a comercializar sus vinos que, además, son de mejor calidad. Ante el desasosiego de los vecinos, algunos concejales proponen rápidamente la solución. Es necesario Impedir a los tenderos que vendan en sus comercios el vino de Villabajo. La idea parece acertada y mediante un bando municipal, se establece la imposición de multas a todos aquellos que pongan en sus estanterías, las botellas extranjeras (es decir, las del pueblo de al lado). Muy satisfechos, los concejales esperan que los bodegueros del pueblo aumenten su nivel de ventas y la economía de Villarriba vuelva a prosperar.

Mientras, los de Villabajo, cargan sus camiones con las botellas que habitualmente distribuyen, incluyendo los pedidos de los supermercados de Villarriba, pero cual no será su sorpresa, cuando ven que a su llegada les impiden descargar, bajo pena de multa. Indignados, regresan al pueblo y cuentan a sus patronos lo ocurrido. Los bodegueros de Viallabajo, presos de la ira, acuden a sus concejales que por supuesto, prohiben la venta de todo producto procedente de Viallarriba. Es más, establecen un gravamen municipal a todos los propietarios de bienes inmuebles en territorio de Villabajo, que estén empadronados en Villarriba.

Como la producción ha descendido en todas partes a causa de la epidemia de COVID – 19, pronto los bodegueros de Villarriba se quedan sin vino joven para los restaurantes de su pueblo y como no pueden comprarlo en Villabajo, tienen que contratar el transporte de pueblos más lejanos, adquiriendo vino más caro y de peor calidad. Los clientes no tardan en notarlo, por lo que prefieren ir a comer a Viallabajo, cuyo vino es de mejor calidad y más barato. La facturación en los restaurantes de Villarriba desciende y algunos se ven obligados a cerrar con lo cual, despiden a los camareros. Estos van en busca de empleo a Villabajo, pero allí no les contratan como represalia por la prohibición de venta de vino.

En Villarriba había además de las bodegas, una pequeña fábrica de quesos artesanos, que ya no puede vender en los pueblos vecinos porque han establecido prohibiciones similares, a ejemplo de Villarriba, para proteger su producción, con lo cual, se ve forzado a cerrar y despedir a sus trabajadores.

El resultado final es que ningún productor puede vender fuera de su pueblo, ya que todos ellos han prohibido la recepción de mercancías extranjeras y el consumo local no es suficiente para mantener abiertos los negocios. Sólo podrán continuar algunos, cerrando todos los demás.

Junto a esto y dado que todos los ayuntamientos han incrementado los impuestos sobre inmubles para poder subvencionar a sus muchos parados, los chalets de la zona del embalse han sido embargados y ocupados por familias sin hogar, de modo que la recaudación fiscal ha descendido en todos los municipios colindantes, hasta el punto de que, para financiar sus gastos, se ven forzados a emitir deuda a diez años, cuyo importe no hay forma de devolver.

Este escenario es el que provoca cualquier acción intervencionista del poder político sobre el mercado y la libre competencia. Siempre que se impide al mercado que realice su función de asignar recursos y precios, se provocará desabastecimiento, carestía y paro. El movimiento hacia el mercado integrado y la libre circulación de mercancías, que inspiró la Comunidad Económica Europea de los años 50 del pasado siglo, no se basa en una construcción ideológica, ni en el desprecio a la soberanía nacional. Se fundamenta en la búsqueda de mayor productividad y crecimiento económico. Por lógica, cuanto mayor sea el mercado en el que poder vender nuestros productos, cuanto mayor sea el número de potenciales clientes y menor el de las trabas arancelarias, más crecerá el volumen de ventas. Cerrar un mercado al libre intercambio y encerrar a un país entre las rejas del aislacionismo, es condenarlo a la miseria material y moral.

1 Comentario

  1. Vale! lo mejor, el libre mercado según el artículo, un poco salido del tiesto. No voy a quedarme en dos pueblos antagónicos, no representan a un país, de premisas falsas resultados falsos. Como ama de casa tengo mis pequeños conocimientos económicos-domésticos (de dónde no hay no se puede sacar, si gastas más de lo que tienes te endeudas, con lo que cada vez estás más pillada, luego hay que buscar formas de seguir adelante, en mi caso particular teniendo siempre en cuenta que no debo robar o denunciar a mi vecino (algo que la sociedad ha olvidado), y sobre todo los políticos.
    Si no se hubiese desmantelado en entramado económico español para poder entrar en Europa no tendríamos que estar aguantando el paro que venimos arrastrando desde entonces, si hubiesemos puesto las bases de una economía nacional, sin estar a expensas de agradar a 3os. países, a los que no exclavizamos, para eso ya están sus propios gobiernos, y que han mejorado su renta per cápita gracias a que nuestros gobiernos han hundido la nuestra (que no la suya particular con sueldos envidiables además de todas las prevendas pagadas con dinero “de nadie”), pues igual, en este momento, nuestras empresas estarían mejor preparadas. Si no hubiesen vendido España a trozitos como si fuese de su propiedad y no del pueblo español, para conseguir dinerito fácil, que no se ve reflejado más que en ellos y sus amiguetes pero no en el pueblo. Si no hubiesen metido la mano en la caja de la SSocial para pagar parados (con carnet del partido eso sí) y hubiesen sido lo que debían ser “Gestores”, “Administradores” que no “Amos”, tendríamos un país que podría autoabastecerse en momentos como el actual. La Autarquía puede ser necesaria, muy necesaria en momentos como el que vivimos, pero resulta que en España ni eso podemos hacer, ni los políticos hacen, pagando a precio de oro mascarillas o “tapabocas” en el exxtranjero pudiendolas hacer dentro del país mucho más baratas. Y que decir de las actuaciones que han tenido lugar en Europa con el robo y acopio de material sanitario y las mordidas de amiguetes cuando no había dinero para comprar y las subidas de sueldos de nuestros amados políticos (a las que no se ha negado ninguno), a las ayudas milmillonarias a grupos, asociaciones, corpúsculos afines, si no hay dinero para salvar a nuestros mayores como puede haber dinero para juergas y vividores?