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Alrededor de las nueve menos cuarto de la noche del día 7 de junio de 1983, dos terroristas miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas asesinaban en Azpeitia (Guipuzcoa) a FRANCISCO MACHÍO MARTOS, vecino de la localidad y trabajador en paro.

Los terroristas entraron a cara descubierta en el Bar Amaya, donde se encontraba Francisco con dos amigos, y le dispararon a bocajarro mientras tomaba un vino en la barra del bar. Los asesinos remataron a la víctima, ya en el suelo, con un segundo tiro. A continuación salieron del local andando a paso ligero pistola en mano en dirección a la plaza del pueblo, donde les esperaba un tercer terrorista a bordo de un vehículo en el que emprendieron la huida.

Francisco había recibido dos impactos de bala en la cabeza y falleció casi en el acto. En el momento del atentado se encontraban en el bar, además de los dos amigos de la víctima, los propietarios del establecimiento.

Su cuerpo fue trasladado por miembros del servicio de asistencia DYA a su domicilio, en la calle Juan XXIII, después de que el juez ordenara el levantamiento del cadáver una hora después del atentado.

Aunque al día siguiente un grupo de vecinos de Azpeitia se manifestó por las calles de la localidad para expresar su repulsa por el asesinato de Francisco, en su funeral apenas hubo diez personas en la iglesia, como narró José María Calleja en Contra la barbarie (Temas de Hoy, 2007) único periodista que asistió al mismo.

Francisco Machío Martos, de 31 años y soltero, era natural de Hornachos (Badajoz). Había emigrado con su familia al País Vasco cuando tenía 10 años. Hasta tres meses antes del asesinato había trabajado en la fábrica de muebles Fernando Olaizola, aunque en el momento del atentado se encontraba en paro.

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