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El 5 de junio de 1991 la banda terrorista ETA asesinaba en Madrid al teniente del Ejército del Aire ENRIQUE AGUILAR PRIETO. El método utilizado fue una bomba-lapa adosada a los bajos de su coche. La explosión, que tuvo lugar frente al número 115 de la calle del General Romero Basart, en el barrio madrileño de Aluche, hirió también a cuatro adolescentes que esperaban en la parada del autobús. Dos de ellas, Elena Navarro e Isabel Calle Moreno, ambas de 15 años, sufrieron fracturas en las piernas producto del impacto de la metralla, y fueron ingresadas en el Hospital Doce de Octubre. Las otras dos fueron dadas de alta poco después del atentado.

Un agente de la Policía Municipal que presenció la explosión explicó que vio “un hongo, como si fuera una bomba atómica. El coche pegó un salto y se detuvo un poco más lejos entre el humo”. Como consecuencia de la explosión, el techo del Mercedes se abrió hacia arriba como si fuese una lata de sardinas, y el capó también saltó por los aires. El cuerpo del militar quedó destrozado.

La capilla ardiente con los restos mortales del militar asesinado se instaló en el Hospital del Aire pasadas las cinco de la tarde. Sobre las 19:30 horas, unas 4.000 personas se manifestaron por las calles del barrio de Aluche en repulsa por el atentado. La marcha concluyó en el lugar del atentado.

Enrique Aguilar Prieto, de 52 años, era cartógrafo y teniente del Ejército del Aire. Trabajaba en el Servicio Cartográfico de la Escuela de Transmisiones en la base militar aérea de Cuatro Vientos. Enrique era natural de Palencia. Estaba casado y tenía tres hijos: Enrique, de 19 años, que hacía la mili como voluntario en la Policía Militar del Aire, en la base de Torrejón de Ardoz; Arturo, de 17 años, que trabajaba en una zapatería en la calle Goya; y Susana, que había muerto enferma de leucemia un año antes del atentado. El teniente Aguilar, que acababa de ser ascendido, estuvo destinado anteriormente en Canarias, pero la familia regresó a la Península tres años antes para atender lo mejor posible la enfermedad de su hija. Desde entonces, vivían en la colonia de Aviación, en el barrio de Aluche, una zona de viviendas de suboficiales del Ejército del Aire que, en su mayoría, trabajan en Cuatro Vientos. Sus restos fueron incinerados en el crematorio de La Almudena en Madrid, y sus cenizas depositadas en el panteón de la familia en Palencia.

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