OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ

A las diez de la noche del miércoles 21 de junio de 1978, la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en Tolosa (Guipúzcoa) al policía municipal ANTONIO GARCÍA CABALLERO cuando se dirigía a su domicilio, situado en el barrio de Bidebieta de esta localidad guipuzcoana. El atentado fue perpetrado por miembros del grupo Gamboa de ETA, el mismo que en el mes de marzo había asesinado al sargento retirado José María Acedo Panizo, supuestamente en venganza por la muerte de Txabi Etxebarrieta, primer muerto de la banda terrorista y autor del asesinato del guardia civil José Pardines Arcay.

La víctima, desarmada y vestida de civil, se dirigía a su domicilio. Tres etarras le estaban esperando y, cuando lo vieron aparecer, lo acribillaron a balazos. Dispararon contra él más de catorce tiros, nueve de los cuales le alcanzaron causándole la muerte en el acto. A continuación, los terroristas se dieron a la fuga en un coche Seat 850 robado la tarde anterior por dos personas en Orio, dejando a su propietario, Joaquín María Aizpurúa, amordazado y maniatado en Usurbil. El vehículo fue localizado horas después en Andoain. En el lugar del ametrallamiento se recogieron catorce casquillos de 9 milímetros parabellum, y varios más en el vehículo utilizado por los terroristas.

Antonio había sido amenazado de muerte varias veces. Unos días antes del asesinato, el 17 de junio, varios jóvenes habían intentado quemar su coche, rociándolo con gasolina, pero los gritos de algunas personas que se percataron del hecho hicieron que se dieran a la fuga, aunque el coche quedó bastante dañado. Un compañero de trabajo manifestó, que “Antonio nunca se había metido en asuntos políticos, y ni siquiera hablaba de ellos”. Asimismo, señaló que el guardia municipal asesinado iba desarmado, ya que la Policía Municipal de Tolosa no utilizaba armas de fuego.

A las nueve de la mañana del día siguiente, jueves 22 de junio, se reunió con carácter de urgencia el pleno de la gestora municipal de Tolosa que, tras un largo debate, hizo llegar a la prensa su condena por el asesinato del agente municipal. El sindicato Comisiones Obreras, central a la que estaba afiliado Antonio desde noviembre de 1977, hizo público otro comunicado en el que condenaba el atentado y llamaba a los trabajadores a “pronunciarse manifestando su repulsa por el asesinato, ya que sólo la acción decidida de los trabajadores podrá poner fin a este tipo de actos”.

Asimismo, la Policía Municipal de Tolosa, reunida en asamblea esa misma tarde, decidió hacer un llamamiento a todos los policías municipales de España para que secundasen una huelga al día siguiente, viernes 23 de junio, en señal de repulsa por el asesinato. El comunicado de la Policía Municipal añadía que Antonio García no estaba vinculado a ninguna ideología, ni de extrema derecha ni de extrema izquierda. El 23 de junio se registraron paros de los policías municipales en todo el País Vasco. Uno de los mayores paros tuvo lugar en San Sebastián. La población donostiarra se vio desasistida de los habituales servicios que prestaba en la ciudad este cuerpo, al permanecer los ciento cuarenta miembros con que contaba la plantilla encerrados en sus dependencias, con un retén para cubrir los imprevistos urgentes. Mientras que en distintos puntos de San Sebastián fuerzas de la Policía Armada cubrían los servicios normalmente prestados por la Policía Municipal, en la capital vizcaína la Policía del Ayuntamiento de Bilbao realizó un paro simbólico de media hora y el resto del día sus miembros realizaron su trabajo con brazaletes negros en solidaridad con sus compañeros de Guipúzcoa. También la Policía Municipal de Madrid acordó realizar el día 30 de junio paros en cada uno de los turnos como protesta por el asesinato de Antonio García.

Dos días después del asesinato, a las diez de la mañana del viernes 23 de junio, se celebró en la Iglesia de Santa María de Tolosa el funeral de cuerpo presente por el alma de Antonio García Caballero. El funeral fue organizado por la gestora municipal de Tolosa y más de trescientas personas entre familiares, compañeros de profesión y del sindicato Comisiones Obreras, asistieron al oficio.

Ese mismo día, la banda terrorista difundía un comunicado para reivindicar el atentado contra el agente, al que acusó de ser “confidente de las fuerzas represivas”.

En 1983 la Audiencia Nacional condenó a José Ignacio Goicoechea Arandia, José Luis Elustondo Oyarzábal y Joaquín Zubillaga Artola, todos miembros del grupo Gamboa de ETA, a sendas penas de 24 años de reclusión mayor por el asesinato del policía municipal.

Antonio García Caballero tenía 26 años, estaba casado y era padre de dos hijos. Natural de Rueca (Badajoz), donde residía su familia, Antonio llevaba diez años ejerciendo su profesión en Tolosa. El agente vivía en una casa de huéspedes de Tolosa, donde trabajaba como conductor de la grúa municipal.

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