OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ

No es porque estemos en las antípodas de su ideología política, si fuera al contrario lo reconoceríamos pero creemos no equivocarnos si decimos que el señor vicepresidente del gobierno, a pesar de lo macho alfa que sea, es bastante feo y cochambroso tanto física como mentalmente. Y repetimos, no es por cuestiones políticas, es que, sinceramente, nos parece feo de coletas.

Y suponemos que con esa “belleza” que tiene le habrá resultado un poco difícil el ya de por sí difícil arte del ligoteo, pero también hemos de reconocer algo: es de palabra fácil, y eso gusta a algunas herederas de la pasionaria y, sobre todo, tiene eso que algunos han venido a llamar la “erótica del poder” y que en el caso del vicepresidente podríamos llamar “la erótica del poder… colocarme”.

Por lo tanto, no tenemos ninguna duda de que Iglesias ha pasado por distintas fases en el asunto de “comerse una rosca” a lo largo de su vida. Cuando no le conocía nadie era tan solo un “pagafantas”, “pagafantas” comunista, pero “pagafantas” al fin y al cabo. Poco después, cuando empezó a aparecer en Intereconomía en plan “profe guay comunista”, suponemos que encandilaría a alguna que otra alumna por aquello de ser de izquierdas, ser “alternativo” y salir por la tele, con lo que estamos seguros que fue una época de auténtico “desengrase”, muy necesario si tenemos en cuenta que es un hombre, feo, pero un hombre al fin y al cabo.

Pero lo bueno, la auténtica explosión de “latin lover” se produciría cuando fundó Podemos, se hizo líder del partido y empezó a ser conocido y con serias opciones a hacer carrera política. Esa época tuvo que ser la bomba para él e irremediablemente le debía costar bastante decir no ante el “irresistible” atractivo que un hombre de su posición debía tener para algunas.

Todo ello ha provocado que el vicepresidente haya sido tan conocido por las barbaridades que ha hecho en la política, como por sus escarceos físicos. Y con todo esto nos encontramos que de repente hay un lío judicial con una tarjeta SIM que desaparece, que posteriormente aparece destrozada y en la que, según publican varios medios, aparecen algunas intimidades, por llamarlo de alguna forma.

Parece que esas cosas le pierden y parece no recordar aquello de que “donde tenga la olla no meta la tarjeta SIM”, le va la tranquilidad sentimental, política y personal en ello aunque, ya encontrarán a alguien a quien echar las culpas.

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