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¿Por qué escoger esta novela? Dejando a un lado su título que parece resumir la situación que vivimos/sufrimos la mayoría de españoles, estoy convencido de que puede ofrecernos algunas enseñanzas muy útiles para afrontar la deriva que en este momento padece España, para superar esta zozobra que nos envuelve. Y no quiero desviar la atención de ningún lector que se interese en estas líneas. Esta obra es, lisa y llanamente, emocionante. Y mi sensibilidad en el momento en que la leí por primera vez, no estaba ni de lejos tan deteriorada como tras 70 días de malhadado confinamiento.

Con su permiso, me gustaría compartir con ustedes una inquietud surgida del desencanto: como afrontar la reconstrucción de una “sociedad” cada vez más carente de principios y valores, devastada por el individualismo, azuzada hacia el enfrentamiento y la fractura, donde quizás el término “sociedad” ni siquiera es pertinente.

Para sobrevivir como sociedad libre e igual, como sociedad resiliente, resultará imprescindible mantener y reforzar aquellos lazos más intensos: la familia en primer lugar, como unidad social básica, fundamental, imprescindible (de ahí la permanente obsesión de determinados poderes en su destrucción); a continuación, nuestros vecinos, nuestro pueblo o barrio. Una actuación de abajo arriba en contraposición a la ingeniería social. De lo particular a lo general.

Y es que esta magnífica novela desarrolla en sus páginas la resistencia de una sociedad frente a la adversidad gracias a la firmeza de sus creencias y a la persistencia de sus valores. Un argumento universal que resulta clave en el progreso de aquellas naciones que lideran nuestro planeta y que desgraciadamente en España no sólo no hemos fomentado, sino que, por el contrario, nos hemos esforzado en aniquilar.

Aclarado este punto, mencionar que aunque la acción transcurre en una pequeña comunidad del interior de los Estados Unidos, el ambiente, los problemas sociales y económicos que refleja, no difieren tanto de los de algunas poblaciones de lo que ahora se ha dado en llamar “La España Vaciada”. Sociedades envejecidas, donde los jóvenes no encuentran oportunidades, los comercios se mueren y sólo permanecen algunas actividades agrícolas: en la obra, la pomarada no sólo funciona como escenario; su presencia es esencial al determinar los actos de los protagonistas, del mismo modo que nuestros pueblos marcan el carácter de sus paisanos. En este contexto, la irrupción de un niño (y más si se trata de un niño tan especial como es el caso) se convierte en el centro de atención de la anciana comunidad. No seguiré con el argumento, dejemos al suspense desplegar su magia.

Aún más tratándose de un relato de estas características porque, tratando de mantener las emociones sometidas durante toda la narración, en tres momentos muy señalados de la misma he sentido que la contención volaba por los aires y me invadía la melancolía.

Emoción primera:

Para nuestra desdicha, engendramos hijos para no verlos crecer. Y en algún momento del camino, por propia voluntad o empujados por las circunstancias, nos volvemos a encontrar con la oportunidad. Y como se disfruta.

De este modo lo presenta Butler: “Por su parte, Lyle se sentía cada vez más a gusto estando en silencio y cerca de aquellos a los que amaba, sin intentar resolver ningún problemani responder ninguna pregunta, sino, sencillamente, aprendiendo a vivir de manera más liviana, a amar más intensamente, a comer mejor”

Emoción segunda:

Apenas nos hayamos recuperado, el autor vuelve a sacudirnos: “Lyle, ser cristiano consiste en parte….qué digo, ser una buena persona en general consiste en cuidar a los demás, en velar por toda la vida humana. Yo te quiero, amigo mío, créeme, pero a veces me da la impresión de que piensas que una persona traiciona su religión si no está haciendo lo correcto en cada puñetero momento. El Dios en el que creo tiene sentido del humor.”

La crisis de fe. Cuando los valores sociales se desmoronan, la fe (una fe primitiva, intemporal, verdadera) sigue siendo el refugio al que el hombre vuelve, a pesar de la perversión mercantilista del mensaje cristiano. Mensaje conservado en su esencia por hombres pragmáticos, que se nutren de la espiritualidad acendrada en su comunidad, en seres simples y puros, reflexivos y heroicos, alumnos de la vida, la mejor maestra.

Y unas pocas páginas más adelante remata: “La única razón por la que estamos vivos es porque Él tiene un plan para nosotros. Y espero que ambos sepáis verlo, sepáis reconocer que lo que nos ha sucedido es un milagro”

Emoción tercera:

“Lyle pensaba con frecuencia que si el mundo, gobernado por hombres de manera tan violenta y estruendosa, aún seguía en pie, era gracias a mujeres como Peg. Mujeres que sufrían en silencio, amaban inmensamente y, al final de cada jornada, volvían a juntar todas las piezas después de asearlos a todos, de llenar sus estómagos y de aplacar sus miedos. Y luego, por la mañana, lo hacían todo de nuevo otra vez, sin darse la más mínima importancia”

Como síntesis de todo lo anterior, si la fe es el refugio individual frente al caos, la familia representa la fortaleza del grupo. Y en ese grupo la mujer, la madre, la esposa, desempeña el papel de piedra angular. Frente a la visión del feminismo actual, Butler recupera la esencia de esa mujer que yo defiendo. Este pasaje me evoca a mi abuela, a mi madre por supuesto. Y, refuerza a mis ojos el valor de mi esposa. A veces la cercanía distorsiona nuestras apreciaciones. Y, como en la pintura, el alejamiento mejora la perspectiva.

Enorme escritor este Nickolas Butler. Al que no entraré a valorar por sus circunstancias personales o biográficas, sino por lo sentimientos que ha despertado en mi durante unas horas. Unas horas irrepetibles a las que, cuando me note flaquear, acudiré siempre.

*Un artículo de José Manuel García Verdes