Gobierno de mínimos
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He mantenido encuentros con responsables de Cáritas en Cantabria durante estos días, donde desde el silencio están ayudando a miles de familias, para conocer cómo afrontan el aumento de la pobreza en esta tierra. Y sí, considero que es bueno que haya un Ingreso Mínimo Vital, de forma extraordinaria, para determinadas personas. Es una medida que no viene a salvar al mundo. Ya existía en las CCAA como Renta Mínima de Inserción. Es un punto de partida que resuelve, a corto plazo, la situación de muchas personas.

Lo mínimo que se pide a un Gobierno es que cubra las necesidades básicas de sus ciudadanos, que no deje a nadie tirado. Es un punto de partida que resuelve, a corto plazo, las crisis. Pero no soluciona nada a largo plazo, ya que ni aporta riqueza al conjunto, ni dignidad a quienes lo reciben.

Por eso, lo que me preocupa es la falta de visión de los gobiernos nacional y regional para promocionar el empleo, la auténtica fuente de riqueza y dignidad para las personas. En nuestra sociedad, la mayoría de las personas tienen interés por trabajar, por ser útiles a la sociedad, no aspiran a ser dependientes de otros.

Si no ponemos el foco en la creación de empleo, en facilitar la actividad de los autónomos, de los comerciantes, de los pequeños y grandes empresarios, el problema llegará a medio plazo. Sobre ellos recae, tarde o temprano, el pago de los impuestos con los que se pagan los subsidios a otros. La ayuda a los emprendedores tiene dos efectos directos:

– Reduces el número de subsidios, porque contribuyes a generar más empleo, y aumentas la cotización.

– Aportas dignidad y autoestima a más personas, que cobran por lo que trabajan, no reciben una limosna.

En mi pueblo, como en cientos de pueblos de Cantabria, hay personas que trabajan de sol a sol a quienes les queda un salario de entorno a 1.000 euros. De sus impuestos también sale el dinero que se aporta al Ingreso Mínimo Vital. Muchos son pequeños empresarios, autónomos, para quienes el producir leche y alimentos no solo les sirve para vivir, también les aporta la satisfacción de aportar valor en la sociedad.

En el sector del turismo también hay cientos de pequeñas empresas en Cantabria que saben dar valor al territorio, que gestionan la riqueza de esta tierra. Si no les damos apoyo en estos momentos, sus pequeños negocios se hundirán, aumentando el número de personas dependientes de subsidios.

El riesgo de los gobiernos populistas es siempre el mismo. Son capaces de repartir dinero, pero incapaces de generar valor, incapaces de respaldar a quienes aportarán riqueza en el futuro, que son las empresas competitivas.

Con un gobierno de mínimos nos vamos a ver en septiembre con más desempleo que nunca. Y cuando lleguen las vacas flacas, como siempre, dirán que nadie lo esperaba, que no estábamos preparados, que nadie nos avisó. Ya se lo aviso hoy: si no respaldan a los autónomos y emprendedores, el paro va a ser histórico en septiembre. Y sí, sí están avisados.

 

*Un artículo de Javier Puente Redondo, Senador por el PP de Cantabria