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Todos los días recordamos los aniversarios de los asesinatos cometidos por ETA en recuerdo de sus víctimas, como homenaje y para que siempre tengamos presente la tragedia que suponían esos atentados en nuestras vidas y, sobre todo, en la de sus familias.

Hoy queremos recordar a uno de esos héroes que lucharon en silencio contra la banda de asesinos y cuyos éxitos no se les pudieron reconocer en vida por motivos de seguridad. Se trata del inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía Samuel Cachero Álvarez, quien falleció el 25 de enero de 2010 a los 55 años de edad víctima de un cáncer.

Samuel era uno de esos héroes que tenían que mantener sus hazañas en secreto para que su vida no corriera más peligro del que corría y no ser localizado por la banda. Cachero, asturiano de nacimiento, fue uno de los policías más determinantes en la lucha contra ETA. Desmanteló cuarenta comandos etarras y recibió por su gran labor dos cruces al mérito policial con distintivo rojo (pensionadas), tres blancas y la cruz de San Raimundo de Peñafort, que concede el estamento judicial.

Como decimos, Cachero salvó muchas vidas de gente anónima pero también salvo muchas vidas de responsables políticos y judiciales como la de Pachi López, mientras fue lehendakari y la del entonces juez de la Audiencia de Vizcaya, Fernando Grande Marlaska,

Los terroristas habían realizado seguimientos a López: sabían que un día por semana acudía a una charcutería del mercado de La Ribera, en Bilbao, a comprar embutido, lo que le colocaba en la diana de ETA. Cachero fue el encargado de informar a López de la circunstancia y de detener a esos terroristas.

Los detenidos disponían también de información del domicilio del juez Grande Marlaska, y de sus horarios. ETA apuntaba ya hacia la Judicatura. Al año siguiente, fue asesinado a tiros el magistrado José María Lidón delante de su mujer y su hijo, cuando salía del garaje de su casa en Getxo. El inspector Cachero tuvo que comunicar al juez bilbaíno que se había convertido en objetivo de la banda. «Era la primera vez que aparecía, y aunque todos podíamos ser víctimas de ETA, yo aún no era consciente», reconocía Grande-Marlaska por aquel entonces.

Nuestro recuerdo para un hombre valiente al que nunca se le pudieron reconocer honores en vida. Nuestro recuerdo para un auténtico héroe. Descanse en Paz.

 

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