guante de seda
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Las tiranías siempre se forjan en nombre de la salud y de la seguridad ciudadana y tienen como base un cambio del modelo económico y social hacia el intervencionismo del Estado, la nacionalización de la prensa en sentido amplio, la ausencia de derechos fundamentales y la anulación de las libertades individuales y colectivas.

Pongamos por caso que el gobierno quisiese instrumentalizar la crisis provocada por el COVID para abordar un cambio de modelo económico pasando de la economía de mercado, regulada, pero de mercado, a la estatalización y a una economía colectivizada propias de un proyecto real y alcanzable: la dictadura comunista que siempre conduce a un punto muerto: condiciones de extrema pobreza e indigencia, mientras intenta ignorar el sonido de los estómagos vacíos. Tengamos en cuenta que el COVID ha provocado una emergencia social causada por la naturaleza y ahí lo dejo; pero el manejo de la situación es responsabilidad especialmente de quien se ha atribuido todos los resortes de poder, mando en plaza: el gobierno.

Llegados al punto en que nos encontramos, para  conseguir ese cambio de modelo económico una de las estrategias podría ser, por qué no, destruir el tejido empresarial, impedir el turismo, tomar medidas basadas en la ideología y no en el interés económico de los españoles, obstaculizar la apertura de negocios y no buscar equilibrios entre la protección de la salud y la salvación de la economía, tarea en la que otros países llevan ya un tiempo de ventaja. Se trataría de abandonar a su suerte a las empresas, destruir el tejido productivo para reconstruir después; maldito término que al gobierno se le ha colado en el subconsciente hablando de reconstrucción cuando lo que tiene que abordar es la reactivación de la economía de un país que está construido desde hace siglos.

La consecución de este propósito es mucho más fácil confinando a la población a la que no es que no se le permite salir de casa con excepciones, sino que se le prohíbe salir de casa salvo excepciones, por cierto, muy pocas –trabajar e ir a la compra y ahora alguna más-. Aplicando ese neolenguaje que todo lo hace más agradable; llamando confinamiento a lo que en realidad es un arresto domiciliario en toda regla, propio de los Estados de Excepción, y límites horarios a lo que en realidad son toques de queda que nos obligan a permanecer en nuestros domicilios bajo la amenaza de la observancia y el control de la autoridad delegada. El camino está trazado y es más fácil andarlo en medio de una neurastenia global y de esa especie de anestesia balsámica ante el temor de los ciudadanos al contagio o a la propia muerte.

Puestos a confinar, confinamos también al Parlamento y minimizamos el control al gobierno, a la prensa y echamos el cerrojo informativo limitando las libertades de información, de expresión y de prensa, inconfinables si se me permite el término -gracias- en un Estado de Derecho y utilizamos a la Guardia Civil para monitorizar las críticas al gobierno. Además generamos una red social de bajo nivel contaminando la información, desinformando deliberadamente y muy alejada del Dashboard de Obama en defensa de las propuestas y el ideario demócratas.

Tengo una incómoda sensación intuitiva de que todo esto está pasando como una película de ficción mientras un comité anónimo elabora informes apócrifos, susceptibles de mejora, para abordar la desescalada y decirnos cuándo podemos salir, a qué hora, dónde y con quién.

Pero el tema se le ha ido de las manos y el gobierno ha pasado del guante de seda a la lija del 8 y en este momento ya a nadie se le escapa que el desatado interés del gobierno por prorrogar el Estado de Alarma tiene mucho que más qué ver con restringir libertades y con aprobar medidas sin debates ni consensos que con medidas de carácter sanitario vinculados con la pandemia ni con desescaladas de ningún tipo.

La cara de víctima del presidente Sánchez en las comparecencias del NODO ya no resultan efectivas para esconder sus peores intenciones y el relato socialcomunista de salón de la izquierda más radical del ala Oeste tampoco. Ambos, Pedro y Pablo, se preparan para solicitar al Congreso una quinta prórroga del  Estado de Alarma, más propio de una broma de mal gusto que de una propuesta coherente de quien se pasa por el forro, y perdón por el escaso rigor semántico, la Carta Magna. El último cabo suelto: la quinta prórroga para la desescalada institucional, con un recelo nada disimulado, y por un mes. Ante un gobierno de diletantes de pan mojado en aceite, no hay nada ya que nos sorprenda en estos minutos agónicos del confinamiento.

Afortunadamente, al otro lado está la España  que no ha crecido en un mundo de muñecas; que valora sus derechos y libertades; la España de curas que se casan y mujeres que piensan con la cabeza; de hombres que escuchan y mujeres que entienden de mapas. La España que ha detectado que el gobierno ha sacado la lija del 8 para limar cualquier aspereza que tenga que ver con una crítica a su gestión. La del trabajador que sabe que la izquierda radical reivindica el derecho a una vivienda digna desde el barrio de Salamanca de Madrid –qué caro resulta mantener la pobreza-. La España del ciudadano que sabe que tiene derecho a una información veraz, contrastada y plural, nada qué ver con el discurso adormecedor de los mediodías a que nos tienen acostumbrados siempre en menoscabo de la calidad democrática en la gestión gubernamental de un presidente que afronta la inminencia de su muerte política más certera.

Quienes analizan los derechos y libertades públicas con más talento que yo no tienen duda que habrá un antes y un después del coronavirus, que el COVID supondrá una brecha insalvable en  la limitación de derechos y libertades en la que constituye una de esas Historias con mayúscula que uno espera que nunca sucedan.

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2 Comentarios

  1. Yo en este señor solo veo un inútil,un imbécil,un Judas Iscariote, que vendió a España por treinta monedas,el peor presidente que puede tener una nación y el más sinvergüenza.

  2. George Soros y Bill Gates,dos sinvergüenzas que quieren cambiar el mundo,disminuir la población mundial y para ello utilizan personajes como Pedo Sánchez,uno de estos sinvergüenzas,es el que financia a los independentistas catalanes,porque su intención es destruir España,ahora ya tenemos traficantes en el gobierno.

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