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Dedico hoy mi espacio de análisis a reproducir un artículo que recibí el viernes, escrito por un buen amigo, BERNARDO RABASSA ASENJO, publicado en”65YMÁS.COM”. El autor, desde una dilatada experiencia profesional y personal que ahora aporta -entre otros- en puestos tales como Secretario de Relaciones Institucionales y Comunicación del partido 3ª Edad en Acción; Presidente de FIECS (Fundación del Instituto Europeo para la Comunicación Social) o Presidente del Club Nuevo Liberalismo S.XXI, nos deja una interesante reflexión que, con su permiso expreso, reproduzco en cursiva, y sobre el que me he permitido añadir, indicadas con superíndices que subrayo, unas pequeñas notas al final para mayor precisión de algunas de las importantes cosas que recoge:

«Fernando Ónega escribía hace unos días en este mismo periódico, que murieron muchos mayores en las residencias y que merecían algo así como un libro Blanco y como quiera que en los años 60 patenté la marca “libro Blanco”, como sociólogo que soy, ya en esos años edité dos sobre la Tercera Edad, uno en Cádiz y otro en Guipúzcoa.

Según demuestran datos oficiales de Sanidad, la muerte por Covid-19 de los residentes es un drama  que se hubiera podido prevenir pues ya se conocía desde diciembre el comienzo de la pandemia, se había visto lo ocurrido en Italia y, desde el 24 de enero¹, se dieron instrucciones desde el Ministerio del Interior y el 5 de marzo² desde Sanidad.

Existía, además, desde 2005 (Gobierno Zapatero) un Documento en Sanidad que en su anexo XII recogía un Plan Nacional de preparación y respuesta ante una pandemia de gripe³, que no se ejecutó. Resultado: 557 muertes por cada millón de habitantes, una cifra que a 8 de mayo no alcanzaba ningún otro país.

El Covid-19, en cambio, se abatió sobre las residencias de forma brutal. No solo no fueron avisadas a tiempo para evitar visitas que pudieran contagiar a los internos, sino que carecían de medios para la prevención (mascarillas, trajes aislantes, etc.). Es más, se las instruyó para que no llevaran los enfermos a los hospitales.

El informe elaborado por Sanidad, fue el día 5 de marzo, titulado “Documento Técnico. Recomendaciones a residencias de mayores y centros sociosanitarios para el Covid-19”. En nueve páginas explicaba que “al tratarse de una enfermedad transmisible, se deben extremar las medidas de precaución”. En la página 5 del citado informe, se detallan textualmente las medidas de “reclusión” de los ancianos en las residencias: “Como norma general, todos aquellos residentes que presenten sintomatología respiratoria aguda, deberán restringir sus movimientos lo máximo posible, y quedarse en una habitación con buena ventilación (preferiblemente al exterior) e idealmente con un baño propio. Las salidas a las zonas comunes deberán restringirse al máximo posible y si éstas fueran necesarias, deberán llevar una mascarilla quirúrgica”.  Así que los contagiados se confinaron aislados, en sus habitaciones, y por tanto no fueron a los hospitales.

Lo que ocurrió fue terrible, ya que los mayores que perdieron la vida en las 5.457 residencias de ancianos, entre públicas, concertadas o privadas, a causa del Covid-19 o con una sintomatología similar, era al día 23 de mayo en principio de 19.008 muertos, un 66% del total nacional, según datos oficiales ofrecidos por las CCAA. Los datos oficiales confirmados al 23 de mayo eran 28.752 fallecidos en total.

Ya que, según Sanidad, cerca del 95% de los muertos por el virus tenía más de 65 años, otros mayores muertos fuera de las residencias eran 8.300 más y según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo), han muerto un 65,1% más de lo esperado entre el 17 de marzo y el 13 de abril de 2020, elaborado por el Instituto de Salud Carlos III, es decir, que los mayores de 65 años fallecidos son al menos 27.300 en toda España y las cifras reales, ocultadas cuidadosamente, unos 5.000 más, comparándolas con los fallecidos desde 2008 a 2019, que suponen unos 35.000 muertos atribuibles al Covid 19, lo que da 33.250 mayores de 65 años. Aunque hay publicaciones que lo elevan a 42.750, siendo 45.000 el total de muertos. Una catástrofe en cualquier caso.

Es por tanto, el tema, merecedor de un Libro Blanco, que resuelva la prospectiva de cómo dar en el futuro prevención y tratamiento médico, en caso de nueva pandemia, a sus residentes».

  1. Hubo un Informe interno de la Policía Nacional de fecha 24 de Enero de 2020, firmado por el Jefe del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales, José Antonio Nieto González, en el que se proponían medidas tales como 1.- Utilización de guantes de nitrilo de un solo uso en cacheos o inspección de equipajes y documentación y 2.- Utilización de mascarillas FFPP 2 en el control de la documentación a todos los pasajeros procedentes de cualquier ciudad de China u otras zonas afectadas, independientemente de su nacionalidad. No se tuvo en cuenta y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, a petición del ministro de Sanidad, cesó al firmante.
  2. En el que, cuando menos, ya se recomendaban medidas de aislamiento. Claro que qué se podía esperar si la responsabilidad de las residencias de ancianos quedaba bajo la responsabilidad del vicepresidente de asuntos sociales, PabLenin Iglesias, que después de la muerte de Julio Anguita dijo algo así: “Hay gente que va a morir de viejo porque tienen una edad que con setenta y pico durará lo que dure. Habiendo gente de veintipico o treinta y pico, creo que hay gente mayor que tiene que tomar ejemplo de Ratzinger y coger el helicóptero e ir a Castellgandolfo, a la mierda o donde quiera”, que demuestra su respeto y cariño -y el de su gente- por la tercera y cuarta edad.
  3. Efectivamente, existía un Plan Nacional de Preparación y Respuesta ante una pandemia de gripe, de Mayo de 2005, durante el primer gobierno del bolivariano José Luis Rodríguez Zapatero, en cuyo Anexo XII, Septiembre de 2006, se establece un Protocolo de Coordinación para “la clasificación de los pacientes que demandan asistencia, “triage”, entendido el término como el proceso de evaluación clínica preliminar que clasifica a los pacientes antes de la valoración diagnóstica y terapéutica completa, en una situación de saturación de los servicios sanitarios y disminución de los recursos”. Algo que, al parecer, no se ha tenido en cuenta en esta pandemia.
  4. A 28 de Mayo, sólo Bélgica -804- superaba este índice de mortalidad que España -577 a esa fecha, pese al maquillaje de 1.918 fallecidos “desaparecidos” en el recuento del pasado día 24 y que las cifras reales (cercanas a 45.000 se dice) pueden elevarlo a casi 1.000 muertos/millón- lideró durante mucho tiempo, todavía -en cifras oficiales- por encima de la “Pérfida Albión” -569- y muy lejos de los malvados USA -310- o del Brasil de Bolsonaro-123-, tres países de la odiosa derecha.

No quiero terminar sin transmitir mi sincera felicitación a las Fuerzas Armadas, privadas ayer, Día de San Fernando, de la exaltación popular de cada año, por causa de esta reclusión forzosa por fases, que no digo yo que hayan sido alargadas para no ver a nuestro Ejército y Banderas en la calle, pero que le ha venido de perlas al desgobierno socialcomuinista de “compatriotas” -como ahora les encanta repetir y llamarse-, a los que ya sabemos que no le gustan mucho los desfiles ni las manifestaciones reales de patriotismo y, mucho menos, ver y tener que saludar al Rey de España.

1 Comentario

  1. Casi toda la ciudadanía es consciente de que esos datos mostrados en el artículo son más reales que los ofrecidos por el gobierno que, entre otras cosas, carece de credibilidad alguna.
    En cuanto a Pablito Iglesias, todos sabemos que no le gustamos los mayores; sabe bien que no le votamos a él, por lo que no le importa que desaparezcamos; por eso pide el voto para las mentes sin formar y fácil de manipular, mayores de 16 años. El solicitó, seguramente, liderar los asuntos sociales, pero de ese departamento lo que más le interesa es repartir el dinero de los demás, como buen comunista, y guardarse el suyo, también como buen comunista; eso es lo que da votos. Ahora le echa la culpa a las CC.AA y al Ministerio de Sanidad, como autoridad única. No lo pasará nada bien, al igual que la pandilla de cobradores que tenemos en el gobierno, cuando nos podamos manifestar libremente y mostrar nuestro desacuerdo con la Venezuela que pretenden hacer de España. No lo lograrán.

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