España
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“Los tres días restantes nos entrará por el país grandes lluvias” “las inundaciones en el país han sido grandes” “Este país va a la deriva” tenemos un país de ensueño. O esta otra, tenemos un país de tontos”. Frases parecidas como estas las tenemos todos los días, metidas, bien sean en los telediarios, en el tiempo o cuando se habla de cualquier tipo de deportes. Todos nombramos país por España. Cuando decimos país de países, esto lo expresa con insistencia y a granel el matasiete de Podemos en todas las tertulias. Hay muy pocos, algo menos que pocos, políticos que cuando describen a España, la nombran siempre diciendo país. Incluso periodistas de renombre y directores de periódicos, no digo nombres, no vayan enfadarse, ya estamos bastantes jodidos con lo que tenemos encima para molestar.

Bueno, lo dicen todos los políticos,  los parroquianos, sean del pelaje que sean, bien en los cotilleos y saraos  televisivos, la palabra España se les atraganta o se les hace un nudo en las tragaderas  a la mayoría de los sujetos , bien sean periodistas, políticos o críticos de cualquier colectivo o incluso en las conversaciones de la calle, el término España se les cierra, se les hace un nudo en sus  cuellos   a muchos  de los paisanos de declamar a mandíbula abierta el nombre de nuestra nación.

Es como si el término España fuese proscrita en todos ellos, creo, que esta hermosa palabra de España que define a nuestra patria proporciona miedo y cobardía a aquel que la pronuncia. De esto tiene la izquierda mucho que ver, se ha entretenido de dar sermones llenos de filosofías baratas impregnadas de un marketing de saldo llenas de epidemias patrióticas, con falsos atraimientos a gentes distraídas, lo quien realimente se le llama, que están en babia.

La oratoria de pronunciar España la estamos mutilando, la estamos castrando entre todos. Si fuese sociólogo o antropólogo diría palabras adecuadas a personas adecuadas, entendidas en la práctica sociológica, posiblemente las entenderían y las razonarían, esto es lo que pasaría, pero son estos y otros tantos, y, como siempre sus silencios, están fraguados de falsa demagogia, amparadas con palabras inimaginables, atiborradas de un miedo muy grande, incluso, versados en la sociología nos dejaría en cueros al pronunciarse. Para mi son los falsos locos embaucadores donde ensamblan este marketing antediluviano.

A lo que vamos. Quitémosle la rejilla, la mordaza a la boca y demos salida al amor y sentimiento a la palabra España que todo español debe tener en su corazón, no basta decir España, España y España cuando hay fútbol. Cuando pronunciamos esta palabra hay algo en el interior de mis compatriotas que le confunde y enreda, un miedo aterrador nos hace silenciarla. Cuando viajo, por el extranjero y me dicen de donde soy, veo el cielo abierto de par en par, mi sístole y diástole, me hace que se agrande henchido de amor mi corazón cuando pronuncio, que soy de España. España, no es un país de países, ni los tres restantes días nos entra en el país grande lluvias. Dejémonos de monsergas y de descaros baratos, cuando yo miro al cielo que nos cubre el infinito, lo miro y digo con voz alta y sonora como lo pronuncio ahora: ¡Que buen día hace hoy en mi España, ¡qué Dios os bendiga a to y a toas!