escraches
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Empezaré por decir que scracher es un anglicanismo que tiene diversos significados, como “arañar”, “rasguños, “raspadura”, etc., que, como podemos ver, nada significativo y prácticamente tienen que ver con el hecho de que se trata en España. El español es un idioma riquísimo y para cada acción, hecho, o circunstancia tiene su denominación adecuada. En este caso concreto podíamos denominarlo acoso, acorralamiento, hostigamiento, importunar severamente, incordiar gravemente, etc. Nos estamos acostumbrando a términos, muchas veces ayudados por el periodismo, que no ha mucho no se empleaban; léase empoderar, geometría variable, acuerdos transversales, implementar, lenguaje inclusivo, nueva normalidad, desescalada, cogobernanza, etc.

Escrache es un vocablo que conoce muy bien los líderes de Podemos por haberlo importado de Argentina y otros países latinoamericanos, aunque su origen fue en el primero de ellos

Dicho esto, que no es el objeto de este artículo, si no las reacciones de la izquierda y ultra cuando son sus miembros los sujetos pasivos de esos mal llamados escraches, muy distintas a cuando eran ellos los sujetos activos, y muy activos, de los mismos contra cargos de la derecha.

El actual vicepresidente segundo del gobierno socialcomunista, fue el autor de los primeros, si no el primero, de los acosos en España. Fue él quien alentó e incitó a los universitarios de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, para que irrumpieran y boicotearan una conferencia de Rosa Díaz, cuando era presidenta de la formación política UPyD. Era el día 21 de octubre de 2.010 y Pablo Iglesias e Iñigo Errejón formaban parte del grupo que mostraron tarjetas rojas a la diputada, con la consigna “Fuera fascistas de la Universidad”. Para la izquierda y ultra, todos los que no piensan como ellos, son fascistas. Es su principal argumento.

La casualidad, o el destino, hizo que el día 4 de marzo del corriente año, casi diez años después, el propio líder comunista es abucheado en el mismo salón de la misma Universidad, por universitarios de la misma, llamándole “Vendeobreros”. Si Pablo Iglesias, antes de actuar contra Rosa Díez, hubiera pensado si a él le gustaría que le hicieran lo mismo, posiblemente no hubiera hecho lo que hizo tiempo atrás. Como dice el refrán, “Quien a hierro mata, a hierro muere”

Repartiendo hemeroteca para todos; Ada Colau, actual alcaldesa de Barcelona, no del Partido de Iglesias, pero afín, por no decir afinísimo, por aquel entonces de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, alentó a los manifestantes para que acudiesen a los domicilios de los políticos que señalaba. Así comenzaron los hostigamientos contra los Bancos y sus ejecutivos; en la práctica hostigaron a políticos del PP.

El día 20 marzo de 2.003, González Pons fue objeto de acoso, aporreándole la puerta de su vivienda en Valencia durante treinta minutos y luego colgaron carteles en el portal del inmueble.

Ante este criticable hecho, la portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid, Lorena Ruiz-Huerta, no tuvo por menos que considerar que “los escraches son una forma de protestar la libertad de expresión y un ejercicio de participación”.

No tubo mejor suerte la por entonces vicepresidenta del gobierno del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, ya que el día 5 de abril de ese mismo año, más de 200 personas se concentraron en su vivienda. Entre los manifestantes se encontraba Jorge Verstringe, el que fue secretario general de la extinta AP; luego se pasó al PS y ahora, cuando menos, es simpatizante de Podemos y mañana lo será de otro Partido. El susodicho, entre otras, manifestó: “la política está para servir al pueblo, cuando no sirve tiene que atenerse a las consecuencias”.

Otro sonado y feroz escrache, fue el que sufrió el día 14 de julio de 2.012, entonces Delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que, ante la intensidad, grosero del mismo y número de energúmenos, tuvo que refugiarse en un restaurante. Todos fuimos testigos de las imágenes

que nos mostró la televisión, en la que pudimos ver como los acosadores aproximaban sus rostros encendidos de odio contra el de la acosada.

Pablo Iglesias, ante dicho acto, no tuvo reparo alguno en declarar: “La violencia no es que la gente proteste, sino que haya familias que tienen que buscar comida en la basura”. La demagogia, como siempre, que no falte. Ahora como vicepresidente del gobierno de España, es de suponer, gracias a su gestión, que aquellas familias a las que aludía, sean las que tiren la comida a la basura ahora y no las que la recojan.

El 24 de febrero de 2.012, en Valencia, un grupo de jóvenes se aposentaron frente a la vivienda de la fallecida Rita Barberá, entonces alcaldesa de la mencionada ciudad. En aquella ocasión, el hoy vicepresidente segundo del gobierno, afirmó que “los escraches son el jarabe democrático de los de abajo”. El mentado, ahora, en lo alto de la pomarada, no quiere ni oler dicho jarabe.

Tampoco se libró de ser “escrachado” el que fue presidente de la Comunidad valenciana, Francisco Camps, el cual fue hostigado en varias ocasiones tras dimitir como presidente de dicha Administración a mediados de 2.011.

La que fue consejera de infraestructuras del gobierno valenciano del PP, Isabel Bonig, tuvo que soportar acosos en el año 2.013.

El otrora, y actual, alcalde popular de Badalona, Javier García Albiol, sufrió el 19 de octubre de 2.017, acoso con gritos y amenazas por parte de un buen número de independentistas cuando inauguraba la sede del PP en Sant Cugát del Vallés. Albiol puso en esa fecha el siguiente tuit: “Los independentistas me enseñan lo que pasaría en la República catalana”.

Alberto Fabra, presidente de la Generalidad valenciana, fue víctima de continuos acosos por decidir cerrar, – por mi cerraría todas las autonómicas – la televisión regional. Al finalizar una reunión en Ibi (Alicante) con sus consejeros, tuvo que salir escoltado por la policía en diciembre de 2.013.

El día 3 del mismo mes, a la llegada a un acto, fue increpado, como en el caso anterior, por trabajadores de RTV, entre los que se encontraban los presentadores de informativos y de tertulias. A la salida del acto volvieron a repetirse los gritos e improperios, teniendo que intervenir la policía autonómica. Al día siguiente volvieron a repetirse los atosigamientos.

Posiblemente se hayan producidos más acosos a miembros del PP, pero no tengo constancia de ellos, unos por irrelevantes y otros por ser objeto de ellos cargos de poca entidad.

Ante todos estos hechos, la izquierda y ultra izquierda, no es que se hayan callado, si no, por el contrario, o los vio bien, lógicos, o los disculpó. Así, Pablo Iglesias, en 2.013, además de lo señalado anteriormente, aseguró que los escraches conseguían “democratizar los debates políticos”, o que “los escraches son una herramienta del pueblo para exigir explicaciones a las élites. Interpelan a las élites”. Otra de sus frases, y que llevaba en su programa, decía “Hacía falta ya que se viera a la gente pidiendo cuentas a las élites”.

En abril de 2.013, para Izquierda Socialista, las movilizaciones ciudadanas ante los domicilios de diputados de derecha, “están resultando decisivas a la hora de sensibilizar sobre la sangrante problemática de los desahucios y para urgir a los poderes públicos a tomar medidas efectivas para afrontarla atendiendo a exigencias de justicia y dignidad”.

El año 2.013 fue el más propicio para que Pablo Iglesias se despachara a gusto en su amor por los escraches; además de las frases ya enumeradas, se dejó decir que “Los escraches son un mecanismo democrático para que los responsables de la crisis sientan una mínima parte de las consecuencias”. Frase que viene al pelo ante la situación actual de España y de lo que queda por venir. Ante los primeros síntomas de acoso, Iglesias se ha puesto a llorar para que Marlaska le mande a la Guardia Civil a su vivienda con el objeto de que no le hagan lo que él hizo cuando aún no era casta ni élite.

La pareja de Pablo Iglesias, Irene Montero, en ese mismo año, y por aquello de que “Los que duermen en el mismo colchón son de la misma opinión”, resaltó una diferencia para ilustrarnos entre lo que es un escrache y lo que es un acoso: “Escrache no es acoso, es interpelar a los diputados para que hablen con nosotros y no nos den la espalda”. Entiendo que su pareja habla muy poco con los ciudadanos, dándoles la espalda, por eso le hacen escraches.

Parecida distinción hizo Mónica Oltra, de Compromis, vicepresidenta de la Generalidad valenciana, después de sufrir un escrache frente a su domicilio: “Lo mío no fue un escrache, fue una intimidación en toda regla”. Sin embargo, lo que le hicieron a González Pons no se parecía a lo que tuvo que sufrir ella y sus hijos. Tanto sufrimiento le causaron que la Magistrada que vio el caso, dejó libre sin cargos a los encausados. Varios cargos públicos de Compromis y del Partido Socialista dieron su apoyo a la sufriente y condenaron su acoso, pero no hicieron lo mismo con González Pons.

Transcurrido el tiempo y Pablo Iglesias habiendo alcanzado el cielo, ya no le gustan los escraches, por lo que pide auxilio a Marlaska para que le envíe a la Guardia Civil, a la que tanto adora y respeta, con el fin de que se aposten a la puerta de su humilde propiedad y le defiendan de tanta cacerola y bandera nacional. Nunca hubo para cargo alguno del PP despliegue de tal valía.

Tuvo la poca vergüenza, el tal señor, de decir: “Es normal que apliquen un poquito de dolor”, tras el hostigamiento contra Soraya Sáenz de Santamaría. Hoy, acosador acosado, no es capaz de soportar un poco de ruido de cacerolas de aquellos a quien insultaba y sigue insultando, a más de 30 metros de su vivienda; cuando a González Pons llegaron a aporrearle la puerta de su casa. Ahora sufre lo que antaño aplaudió y jaleó, quedándole por sufrir personalmente lo que sufrieron los cargos del PP anteriormente citados.

Pablo Iglesias, y la izquierda en general, nunca ha tenido en cuenta la regla moral de Confucio: “No hagas a otro lo que no quieras para ti”; regla basada no en el dogma, si no en el sentido común y el principio de no agredir para que no te agredan. Tal regla constituye uno de los principios de los derechos humanos.

Solo me resta decir, que el líder podemita no debe quejarse de lo que ahora le hacen, por ser merecedor de ello; él fue el que parió los escraches en España y el que los amamantó cual madre; por consiguiente “Cuídate de las personas que sus acciones no coincidan con sus palabras”.

Termino con la frase del escritor y guionista Henry Graham Greeme: “La mayoría de las personas prefieren confesar los pecados de los demás”.