Pedro Insua
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Desde tiempos de la revolución francesa, empezamos a habituarnos a dividir el panorama político, entre izquierdas y derechas. Sin embargo, ¿qué definen a cada posición? ¿Sigue vigente hoy esa misma división?

Estas y otras preguntas las contestaremos con la ayuda de Pedro Insua.

Pedro Insua (Vigo, 1973) es profesor de filosofía y autor de libros como 1492, España contra sus fantasmas (2018) o más recientemente El orbe a sus pies: Magallanes y Elcano: cuando la cosmografía española midió el mundo (2019). Colabora también en El español y en diversas tertulias de análisis político.

En primer lugar, de forma breve, ¿cómo definiría a la izquierda política? ¿Y a la derecha? 

Políticamente esta distinción apenas tiene hoy significado. En cuanto a la organización del estado, un partido político que se dice de izquierdas se distingue en muy poco de uno que se dice de derechas. La distinción tiene carácter sociológico, sí (corbata/coleta), y, en ese sentido, es una distinción puramente propagandística que utilizan unos y otros para promocionarse electoralmente. En España, además, con la que está cayendo, se ha convertido en una distinción cainita y que contribuye a la división guerra civilista de la sociedad española.

Históricamente hablando, las izquierdas han tendido a buscar la disolución de todo privilegio a la hora de organizar el Estado, y para ello se formó, frente a la sociedad estamental, el concepto de nación en sentido político, es decir, de la nación como sujeto soberano. Ello significa que cualquiera participa de la nación, y por tanto de la soberanía, directamente, al margen la condición social en la que se encuentre. La sociedad nacional, como un logro suyo, representa el arranque de la acción política de la izquierda (jacobinismo, liberalismo) frente a la sociedad del privilegio estamental del antiguo régimen. La derecha lo que busca, de algún modo, como respuesta a la izquierda, es restaurar dicho antiguo régimen.

Pero esto es históricamente; actualmente la indefinición de las izquierdas, y el no alineamiento de las derechas, vuelve la situación muy confusa, hasta el punto de que no hay distinción apenas.

¿Surgen igual en todos los países? ¿Tienen las mismas implicaciones estas divisiones políticas? 

No, por supuesto que no. El siglo XIX es el gran siglo en el que se va imponiendo la nación en sentido político, y su expansión posterior. Tanto, que si el siglo XVIII finalizaba con en torno a veinte sociedades políticas actuando geopolíticamente (los grandes imperios tradicionales), en apenas doscientos años, a finales del siglo XX, tenemos doscientas naciones actuando políticamente al nivel global (es verdad que siguen siendo muy pocas las que marcan la hegemonía geopolítica). El siglo XIX la nación se convierte en el sujeto político protagonista, por decirlo de algún modo, y aquí sigue hasta ahora.

¿Por qué cree que hay países con tanta diferencia entre sus diferentes sectores políticos, por ejemplo, entre un Estados Unidos fundacionalmente cristiano y democrático frente a una Francia contemporánea masónica y anticlerical?

Por razones históricas, siempre. La materia social es algo que la política no se puede inventar, sino que tiene que contar con lo que hay. Y lo que hay socialmente no lo determina la política, sino muchas otras cosas, por ejemplo, la religión, las artes o la filosofía (por hablar de los contenidos del espíritu absoluto hegeliano).

¿Cree que cada vez más las diferencias entre izquierda y derecha son imperceptibles y que la política realmente se divide actualmente entre patriotas frente a globalistas?

Sí, pero creo que, en buena medida, por lo menos desde que existe la Iglesia católica, siempre fue así. La Iglesia, así lo denunciaba Celso contra Orígenes, fue una institución que aspiró al globalismo (“ya no hay judío, ni griego”, decía San Pablo, todos unidos en Cristo, todos descendientes de Adán), erosionando el papel del poder civil -del poder del estado- que, al fin y al cabo, divide a los hombres. El humanitarismo imagine (que imagina lennonianamente que no hay fronteras) es una doctrina fundamentalmente cristiana, que tiene un componente anarquizante muy fuerte (“mi reino no es de este mundo”).

¿Por qué la izquierda española ha sido históricamente (aunque con excepciones) aliada de los separatismos? A su juicio, ¿cómo una izquierda nacional debería resolver el golpe de estado catalán? 

Pues ha sido por la coyuntura (del final) del antifranquismo. La lucha contra el que, se suponía, tirano los unió. Y las izquierdas siguen en esa unión, completamente demoledora para la izquierda, por convertirla en traidora a la nación. La nación es la esencia de la izquierda, en buena medida; el separatismo es su traición y muerte. El separatismo es la tumba de la izquierda.

¿Usted consideraría a la izquierda dinástica de la restauración de Cánovas, una verdadera izquierda? 

Bueno, en el siglo XIX las doctrinas en torno al alineamiento entre izquierda y derecha son muy distintos de los actuales. 1917 marcó un punto de inflexión muy importante que hace casi inteligibles los posicionamientos de las corrientes ideológicas del XIX medidas desde el XX. Cuando uno lee los discursos parlamentarios de los hombres de la restauración con los arquetipos ideológicos del XX, no hay dios que entienda casi nada.

En los años 60, en especial a partir de mayo del 68, la izquierda parece sufrir una mutación fruto del éxito del llamado estado burgués y se lanza a la búsqueda de otros sujetos a los que reivindicar en política. ¿Está de acuerdo? 

Sí. Me remito aquí al libro de Adriano Erriguel, Pensar lo que más les duele (ed. Homo Legens), un libro que da detalle explicación, con pelos y señales, de este proceso, y que marca totalmente la política actual. Es un libro importantísimo, iluminador (algunos barruntábamos algo de esto, pero aquí Erriguel arroja muchísima luz).

¿A qué se debe que en España nunca se haya desarrollado, como sucedió en naciones como Inglaterra, países nórdicos o Estados Unidos un sistema verdaderamente liberal de ciudadanos libres e iguales ante la ley?

Bueno, niego la mayor. Aquí tenemos desde el XIX, constituciones jurídicas, una moneda, un sistema de pesos y medidas, unos códigos comunes (penal, civil, de comercio, etc…), una educación nacional (aunque muy influida por la Iglesia, con sus logros también, pero ha perturbado mucho el orden político), etc… Todo eso ha contribuido mucho a la cohesión nacional y ese ideal isonómico.

Miguel de Unamuno, mencionó que la Iglesia Católica Romana, siempre había sido enemiga de grandes imperios y nacionalidades. ¿Por qué dijo eso? 

El imperio es un desafío, por su carácter también global, para la Iglesia, que quiere el monopolio en ese sentido. Y la Iglesia para el imperio, claro. Poder civil y poder eclesiástico han estado en lucha permanentemente, desde la investiduras, güelfos y gibelinos, etc… Esto también ha tenido sus ventajas porque ha evitado que en Occidente ambos poderes se confundieran (cesaropapismo, agustinismo político), que es lo más común en oriente, dando lugar a formas de gobierno, en el Oriente, mucho más despóticas que en el Occidente.

¿Le gustaría añadir algo más? 

Pues dar las gracias, y espero que las respuestas hayan sido de interés.

(El entrevistador no tiene por qué asumir ninguna de las respuestas que den los entrevistados)

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