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Cuando emigras se sabe que se va, pero no se vuelve; se pierde a la familia. Es triste, ser emigrante y no poder volver. Nosotros los más inquietos y los que menos conformes estábamos con tolerar el amargo presente en España desahucio tras desahucio, Precariedad, paro de larga duración que nos atenazaba. A pesar de nuestro bajo nivel de instrucción convencional, muchos acabábamos por defendernos con las lenguas de su lugar de destino y también aprendíamos las técnicas de manejo de máquinas más o menos complejas. Nos adaptamos a medios sociales más bien hostiles y en ciertos casos claramente racistas y xenófobos.

Desde que tuve uso de razón me interesó siempre la emigración. Yo veía que en España no había porvenir, que estaba uno trabajando para nada y pensaba en un sitio donde se viviera mejor. También hubiera podido irme a Barcelona o a Bilbao, pero aunque parezca raro, nunca me dio por ahí, decidí Alemania.

Las dos grandes preocupaciones iniciales que tenía como emigrante son el trabajo y la vivienda, o la vivienda y el trabajo, y también lo serán en este caso. Para defenderme aprender algo de alemán a través del método alemán y con un tono crítico y teñido de un humor negro envidiable comienza a
ser uno consciente de que el camino emprendido no es precisamente de rosas.

En la despededida nuestra mejor amiga lloraba, mi mujer también, y mi hijita tenía doce años me decía – “Papá vámonos de Zamora, los indigentes viven mejor que nosotros. Mi hijo en alquel entonces tenía ocho años, vendimos nuestro coche por mil doscientos euros; todo el capital que llevaba para irme a un país extranjero. Pero el mayor capital que llevaba era el optimismo, mi fe en mi mismo, y mi confianza en Dios mi vida se desarrolla lo mismo que la de los animales: comer, dormir y trabajar, diversiones no hay.

Acostumbrado a los guisos de mi tierra la comida alemana nunca me ha gustado. Nos damos cuenta de lo que vale nuestra terriña y de la barbaridad que hicimos al salir de ella, pero por no pasar vergüenza, sufrimos y aguantamos, si no tan pronto llegamos a ésta nos volveríamos la mayoría.

Yo en la Emigración he ido cambiando mucho, llegue a cacostumbrado a la vida de España, a la tertulia con los amigos y a paseos con mi mujer y mis hijos por la calle Santa Clara de Zamora. Aquí, en cambio, debido a que la sociedad alemana no te admite” me veo obligado a hacerme mucho más hogareño. Comienzo a leer libros y ensayos con ordenador, cosa que no formaba parte de mis hábitos en mi Zamora natal.

Los emigrantes muchas veces mostramos una imagen de triunfadores, a la que nos une un trabajo seguro en Europa: lo importante es exhibir ante nuestros paisanos los signos externos de nuestra nueva posición social.

A lo que el emigrante nunca hace referencia es a lo mal que lo pasamos y lo estamos pasando, a las marginaciones que sufrimos, a la dureza del trabajo que realizamos.

Nuestra capacidad de adaptación a un medio hostil o al menos poco comprensivo resulta admirable. Medio en el que tenemos que enfrentarnos además con prejuicios culturales y racismos, que obstaculizaban el alquiler de viviendas, su trato con los nativos o que simplemente nos relegan a la condición de ciudadanos de última clase.

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1 Comentario

  1. Pero después, los españoles somos los racistas, los xenófobos, etc. Cuando somos el país que más y mejor recibe a todo el mundo, la prueba que tenemos hasta politicos extranjeros, cosa algo dificililla en otros paises, salvo que valgas bastante.

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