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Hace años conocí a un “asesino” que en una confrontación con un filoetarra, de Herri batasuna, le disparó varias veces con su arma reglamentaria, pues era policía nacional, causándole la muerte.

Previamente el filoetarra, titular de una panadería, sita en los bajos de la casa donde vivían, había insultado gravemente a su esposa, y deseado la muerte de su marido, pues sabía que era policía, aunque tendían la ropa dentro del piso, salía de casa vestido de paisano, etc., pero ya sabemos cómo funciona el entorno etarra en una ciudad del Norte de España.

Existe, y está reconocido por los psiquiatras, el trastorno mental denominado Síndrome del Norte, que es una grave afección que sufren las personas que han estado varios años destinados en esas zonas “de guerra”, todo el día ojo avizor, vigilando debajo del coche a todas horas, abriendo con miedo cualquier paquete, mirando siempre hacía atrás, sentándose en los locales con la pared a la espalda, y la mano cerca de la pistola, etc.

Mi “amigo”, que es una buena persona, nada más disparar al filoetarra, llamó rápidamente a sus compañeros explicando lo sucedido, para que enviarán una ambulancia, etc., pero ni siquiera esto se consideró como una circunstancia atenuante, pues dijeron que la central de llamadas había registrado una llamada anterior a la suya, de un vecino que había oído los disparos… ¡Acojonante!

Fue duramente sentenciado y condenado, a quince años de cárcel, nada menos, expulsado de la policía, y dejado en la puta calle, literalmente, sin derecho a jubilación, invalidez, desempleo, subsidio o prestación alguna.

Dada su edad cuando sucedieron los hechos, cincuenta y tantos años, imaginen ustedes el negro futuro que le esperaba.

Pues bien, tras permanecer más de diez años en prisión, totalmente domesticado, y acostumbrado a la vida carcelaria, en su caso en un módulo especial, para ex policías, funcionarios de prisiones, etc., y tras negarle un indulto, total o parcial de la condena, ¡consiguió un permiso carcelario ¡de cuatro días!, fuera de la jaula penitencia.

Vino a la ciudad donde residía su esposa e hijos, pues habían tenido que huir del “paraíso del norte”, dónde eran objeto de insultos, habían puesto cárteles en las calles con sus fotos, obtenidas en el juicio, señalándoles como dianas para los etarras y simpatizantes, etc., y se encontró como un pato en un garaje…

No conocía a nadie.

No se atrevía a hablar con la gente, pues obviamente no iba a contar su historia, pues provocaría un gran rechazo social, además del temor de que pudiera “pasarle” algo, a él o a su familia.

Encima, los cafés eran carísimos, pues en prisión los tomaba en el economato y le costaban 10 o 15 céntimos, y en la calle no bajaban de un euro, 1,10, 1,20, etc.

En definitiva, que con gran disgusto de su esposa e hijos, se negó a pedir más permisos, y dijo que no saldría de allí más que en tercer grado, o con los pies por delante…

Fue duro convencerle para que siguiera saliendo, y tuve que hacer de amigo, cicerone, etc., del pobre hombre, a quien el mundo se le había desplomado, y no sabía cómo hacer para volver a la normalidad.

Excuso decirles que nunca le cobré nada, pues las injusticias cometidas con él me parecieron, y me siguen pareciendo, sangrantes.

Ante el desconfinamiento de hoy, 2 de mayo de 2020, ¿no nos estará pasando a los españoles lo mismo que a este hombre…?

3 Comentarios

  1. Muy cierto.
    Mi esposa, por ejemplo, tiene mido miedo a salir a la calle…
    Está todo el día viendo la Cinco, la Secta (no es un error), etc., y con todas las barbaridades que cuentan, y el miedo que infunden a la gente, pues ha cogido miedo.

  2. Es un síndrome que inhabilitará a muchas personas.
    La siniestra siempre usó el arma de guerra del miedo, del enemigo imaginario. Es la más letal. porque paraliza.
    Surte el mismo efecto que el plumero que emplea el brujo en las tribus salvajes, la masa de sus convecinos de tribu, lo ve agitar y sufre el llamado estrés de anticipación. No puede separar que ese plumero es eso, un plumero y quien lo agita un salvaje igual de cateto que él.
    Ese efecto, el del plumero del brujo es lo que usó siempre la siniestra. Y como su colchón de votantes se nutre de lo más tarado de una nación, logra cotas elevadísimas de éxito.
    En vez de preguntarse ¿quien es el genocida? ¿Quien es quien nos está robando y haciéndose millonario con EPIs y TESTS falsos que puede comprar en España validos y de enorme calidad por muchísímo menor precio?
    ¿Por qué se niega a que los fabriquen aquí y haya para toda la población?
    Nada de eso se cuestiona porque el plumero del brujo se lo impide: lo paraliza.

  3. Nos tratan como a las ovejas que están acostumbradas a estar estabuladas, en el corral.
    El día que les abren la puerta, para que puedan salir al monte a pasar, “y ganarse la vida”, no salen, pues prefieren estar enjauladas, y que les echen la comida en ls comederos, el agua, etc.
    ES DECIR, SON TOTALMENTE SUMISAS, Y PASAN POR EL ARO.
    ¡Ese gran “experimento” social se ha hecho con el pueblo español, y tengo que decir, con mucha pena, QUE HAN GANADO!
    LA GENTE ESTÁ DISPUESTA A PASAR POR EL ARO, Y A COMULGAR CON RUEDAS DE MOLINO.
    Pues vayan preparándose para lo que nos espera…

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